Respecto al reciente plantón, el resultado final deja una reflexión que no debería pasar desapercibida. La oposición, hoy desgastada, terminó aportando transporte y alimentos para movilizar a grupos sindicales, estudiantes universitarios del sector público y a personas afines, con el propósito de proyectar una imagen de organización y concurrencia.
Más allá de las cifras o de la percepción que se haya querido generar, lo verdaderamente preocupante es que la oposición continúe concentrando esfuerzos en la confrontación política y en una especie de campaña permanente, en lugar de enfocarse en trabajar por Costa Rica.
La oposición tiene una función indispensable en una democracia. Debe fiscalizar al Gobierno, cuestionar sus decisiones y denunciar aquello que considere incorrecto. Nadie debería cuestionar ese derecho. Lo que sí debemos exigir es que esa oposición también presente soluciones, construya acuerdos y demuestre resultados.
No es de buen recibo que quienes reciben salarios elevados con recursos públicos no estén aportando, a criterio de muchos ciudadanos, el trabajo y los resultados que se esperan de ellos. Mientras tanto, es el pueblo quien continúa enfrentando las consecuencias de la falta de acuerdos y de los constantes obstáculos para avanzar.
La presentación reiterada de mociones y las disputas políticas pueden ser parte del ejercicio democrático, pero cuando estas prácticas se convierten en una estrategia permanente que impide avanzar en temas de interés nacional, la ciudadanía termina pagando el precio.
La oposición tiene todo el derecho de cuestionar y fiscalizar. Esa es una función esencial en una democracia. Pero fiscalizar no significa vivir de la crítica, ni hacer oposición significa convertir cada iniciativa en un campo de batalla político.
Quizás sea momento de cambiar de estrategia. Porque si después de tanto debate, confrontación y bloqueo el resultado sigue siendo que Costa Rica permanece prácticamente en el mismo lugar, entonces algo no está funcionando.
No podemos seguir viendo únicamente la paja en el ojo ajeno mientras ignoramos la tuca que tenemos en el propio. Costa Rica necesita una clase política que deje de pensar únicamente en la próxima elección y empiece a pensar seriamente en la próxima generación.
El país necesita menos espectáculo político y más resultados. Necesita menos confrontación y más propuestas. Y, sobre todo, necesita que quienes fueron elegidos para representar al pueblo estén a la altura de la responsabilidad que asumieron.
Finalmente, si para aparentar fuerza y organización fue necesario movilizar personas mediante transporte y alimentación, entonces vale la pena preguntarse: ¿estamos frente a una verdadera manifestación ciudadana o ante una estrategia política para demostrar una fuerza que en las urnas y en la opinión pública parece cada vez más debilitada?