EL COMPLOT DE LOS COBARDES: los intelectuales y los estudiantes

Imagen generada por IA.

Así titula la periodista y escritora mexicana-española Elena Garro un extenso artículo de los años 70. Claro eran otros tiempos y otro contexto, geopolítico. Dichosamente, hoy, estamos frente a un nuevo impulso del despertar. Del: abrir los ojos.

Caen los velos. Emergen nuevos paradigmas o paradigma (Thomas Kuhn). Mas allá de las falsas dicotomías: izquierda – derecha.

Se ha empezado a hablar sobre el adoctrinamiento, —cual pócimas y hechizos—, ejercido por las universidades públicas, quienes ademas se atribuyen el derecho a sobrados presupuestos — cual vaquita lechera.  Desproporcionados, a todas luces.

Cortinas de humo, para desviar la atención de un “movimiento estudiantil” mas bien adormecido. Adormilados. Manipulados, por partidos políticos mezquinos enquistados en las universidades y totalmente desviados, en contubernio con una intelectualidad, millonaria, acallada. Por esos sueldos excesivos —si los comparamos con lo que gana cualquier otro compatriota asalariado. Inclusive comparados con los sueldos de sus homólogos en universidades destacadas en los países mucho mas desarrollados.

La coartada es perfecta: cambiar la “lucha de clases” en el país mas desigual, por el relato “woke”: mujeres, género, xenofobias, ecologista, perritos, caballos. Digo la lucha de clases por decir algo, en lo que no creo. Pero, que podría ser una veta por donde se asome el tema de fondo: corrupción.

La infección.

Todo se lo mangan. Es decir, las riquezas que genera el país, la patria, el pueblo laborioso, sobresaliente como el que mas. Y ya sabemos lo que pasa cuando no roban. Simplemente: alcanza y empezamos a ver obra pública. Ahora sí, finalmente, políticas públicas.

Bueno y además sólo un loco roba. Eso está claro.

En los medios hemos visto cómo se interpela al rector de la ucr, de la utn, del tec —y según parece falta— todos por casos de corrupción. PUTREFACCIÓN.

Inaceptable, obviamente e igualmente: insólito.

Sin precedente alguno hemos pasado de Isaac Felipe Azofeifa a señores panzones y señoras con cara de malas cual Dimiurgo enfurecido por las preguntas. Una mirada de ni se atrevan a interpelarme a mí que soy el non plus ultra. Con 6 doctorados y no se cuantos postdoctorados —al contrario: eso tiene que dar pie para mas humildad, a mayor nivel educativo.

Esos son los servidores públicos de mi patria hoy: aquí y ahora. Académicos que son los que devienen en intelectuales: los que escriben, los que publican, los que analizan. Desvinculados. Disociados. Hacen gala de una psicopatía mas bien vergonzosa, vergonzante.

Lo importante es tener jefe.

Ninguno descuella, ninguno se desmarca. Académicos ajenos igual pasó con la pandemia. No hubo ni uno que dijera así no es. No aportan ideas de valor, como lo ha subrayado el Dr. Guillermo Carvajal. Miedosos.

Vean, exactamente así fue como me dijeron que no hiciera. Que así no era.

Todo lo opuesto: a un intelectual se le reconoce cual salmón. Sobresale por su empeño, por su ejemplo. Denuncia, ejerce la crítica ácida, curativa, aunque duela, aunque caiga mal. Porque reconoce la necesidad imperiosa de supurar las infecciones. Se destaca, porque piensa, se esfuerza en la observación y la reflexión profundas, para proponer lo novedoso. La idea innovadora: el eureka.

Señala nuevos nortes. Derroteros del bienestar, para todos. Los costarricenses que somos los que les pagamos sus jugosos sueldos.

La así llamada “ciudad de la investigación” en la ucr es un monumento a la desigualdad más abyecta. Amurallada. Esas tomas aéreas presentadas por los medios son ominosas en una patria donde los chiquitos se nos queman en cuatrerías.

La glotonería es un pecado capital.

La cantidad de parqueos en ese lugar obviamente no esperan a estudiantes pobres. Es decir: de colegios públicos. No hay plazas, ni plazoletas, ni árboles, ni nada que uno que pudiera decir ese va a ser el lugar de reunión de los estudiantes. La última: autobuses eléctricos obvio particulares entre campus y campus y un puente elevado. Sobra la plata claramente. Ni parecido al campus “Rodrigo Facio”.

¿Y el ágora?

Las universidades públicas hoy poseen: tierras. Bancos. Fideicomisos. Fundaciones. Tienen mas policías de transito que todo el país. Mientras los intelectuales hacen gala de un cientificismo. Nihilismo. Materialismo extremo polarizante. Y un aparente ceteris paribus soporífero.

Un día unos jóvenes me invitaron a un coloquio virtual a conversar sobre el cómo se genera el adoctrinamiento en las universidades públicas. Así directo sin ambages. De tal forma, tuve que hacer un esfuerzo memorístico. Recordé varios el de la FAO y que nos íbamos a quedar sin comida muy pronto fue la picota de la distopia —organismos supranacionales —por los que nunca hemos votado—.

La verdadera alfabetización no es aprender a leer y escribir, sino aprender a discernir entre verdad y propaganda.

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