El amor en los tiempos del sida (y del papiloma, y de la gonorrea, y de la sífilis…)

» Por Ana Luisa Monge Naranjo - Psicóloga y traductora

I PARTE

Casi mil nuevos casos de VIH en Costa Rica en el año 2016; la sífilis y la gonorrea atacan con fuerza a la población entre 20 y 34 años, y el papiloma humano causa estragos. Más de 1 millón de personas POR DÍA contraen una infección de transmisión sexual (ITS) en el mundo. Y esto, a pesar de más de 50 años de políticas públicas basadas en promover el uso del condón y otros anticonceptivos como medios de prevención. Políticas que, por cierto, no brindan la información exacta: el nivel de efectividad real de los métodos anticonceptivos es mucho más bajo de lo indicado por la propaganda, tanto para la prevención de embarazos como de ITS.

Medio siglo en que cada vez menos se habla de fidelidad, castidad, monogamia o abstinencia. El Ministerio de Educación Pública de Costa Rica dio un paso aún más atrevido: omite del todo hablar de dichos temas en el Programa de afectividad y sexualidad integral de la Educación Diversificada (descargado el 5-10-2018). Al hacerlo, borra la posibilidad de que sea un programa integral, pues elimina de plano la enseñanza de cómo construir relaciones duraderas, fieles y comprometidas. Las responsabilidades asociadas al placer no contemplan, en el programa, la responsabilidad de la paternidad y la maternidad dentro del seno del matrimonio.

Veamos dos ideas que el enfoque oficial de la sexualidad inculca a nuestros niños y adolescentes:

  1. Que pueden construir su identidad con base en elementos subjetivos, con desmérito de la realidad corpórea. Les venden la idea de que es normal que existan niños con vagina y niñas con pene, pues ser hombre o mujer es una mera construcción social. Es una idea que confunde a los más vulnerables en su proceso de construcción de la identidad personal y vocacional. Suena más bien a un panfleto propagandístico, copiado de algún lugar de la Madre Patria, y financiado por algún oscuro organismo internacional, cuyo objetivo es hacer más ricos a los que ya son muy ricos: “jóvenes confundidos, ganancia de pescadores”.
  2. Que pueden hacer lo que quieran, siempre y cuando no se lastimen y no lastimen a otros. Es una idea muy atractiva, que en la práctica resulta muy peligrosa, pues la inmadurez del lóbulo frontal les hace más vulnerables a fallos en el proceso cognitivo de planificación y formulación de estrategias, lo cual requiere de una memoria de trabajo que no está completamente desarrollada en la adolescencia.

En pocas palabras, antes de los 18 años aún no tienen la madurez neurológica suficiente para medir las consecuencias de sus acciones a mediano y largo plazo. Si a menudo se sienten confundidos con respecto a qué ropa ponerse, ¿por qué les otorgan la terrible responsabilidad de escoger tratamientos destructores de órganos sanos, que los convertirán en farmacodependientes por el resto de sus vidas?  Aumentan las posibilidades de que los adolescentes se vean envueltos en nebulosas multicolores y confusas, y en conductas erráticas con consecuencias muy dolorosas a largo plazo.

Las políticas actuales de sexualidad hacen una combinación del panteísmo de la Nueva Era con la lucha de clases de la izquierda, de los resabios de la teología de la liberación con un culto aberrante al consumismo, de la búsqueda compulsiva del placer con la idealización del amor, del rechazo de unos tipos de violencia con la legitimación de la violencia políticamente correcta, de la negación de la evidencia científica con la invención de nuevos dialectos… En fin, pareciera que se fundamentan en los siguientes mantras: “la divinidad está dentro de mí, yo soy divinidad, yo me construyo a mí mismo, yo consumo lo que quiero, yo soy mi verdad, la verdad no existe fuera de mí”. Es la “ontología del yoyo”: yo, yo, yo y nadie más que yo.

Cuando la “ontología del yoyo” se combina con promesas de libertad sexual, el egocentrismo sexualizado se dispara y se disminuyen drásticamente las posibilidades de una relación sana de pareja a largo plazo. Pero, me dirán, ¿qué tiene que ver todo esto con sida, gonorrea, sífilis, etc.? Con el egocentrismo, la soledad íntima se vuelve más acuciante y perturbadora, y crece la posibilidad de conductas sexuales riesgosas para huir del hambre emocional que carcome las entrañas. Al no lograrlo, se dispara un círculo vicioso en el que cada encuentro sexual brinda la promesa de esa ansiada satisfacción íntima. Como la promesa no se cumple y el placer es pasajero, la persona alimenta la fantasía de que en la próxima “sí lo logrará”, cayendo en un ciclo de desesperación, compulsión, adicción, vacío y muerte. Y, no, el condón no protege a nadie de las enfermedades del cuerpo y del alma.

En una próxima entrega, hablaremos de una propuesta ontológica que podría ayudar a mitigar efectivamente la epidemia de las ITS, de las adicciones y de otros males modernos. ¡Hasta pronto!

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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