El reciente anuncio de Estados Unidos de imponer un arancel del 15% a productos costarricenses ha encendido una legítima alarma en el ya vulnerable sector agropecuario nacional. La reacción de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA) no sorprende: tenemos un agro golpeado por la inercia institucional, la dependencia de mercados externos y la falta de una transformación profunda que apueste por el valor agregado, la tecnología y los nuevos modelos productivos.
Sin embargo, más allá del enojo —comprensible y necesario— este episodio debe marcar un antes y un después. Ya no podemos seguir esperando que los tratados comerciales o las buenas intenciones diplomáticas resuelvan las debilidades estructurales del agro costarricense. Si algo ha quedado claro, es que el mundo cambia con rapidez, y quien no invierte en innovación queda a merced de las decisiones externas.
El error de seguir apostando al modelo tradicional
Costa Rica ha vivido durante décadas del prestigio de su marca país, de su acceso privilegiado a mercados y de tratados que prometían estabilidad. Pero mientras otras naciones han apostado por fortalecer la productividad con ciencia, datos, automatización y biotecnología, nuestro campo ha sido víctima del rezago tecnológico, la fragmentación institucional y una visión romántica que no se traduce en competitividad real.
Hoy no basta con sembrar y cosechar: el mundo exige trazabilidad, eficiencia hídrica, inteligencia artificial en las cadenas productivas, comercio electrónico y agricultura de precisión. ¿Estamos listos para eso? La respuesta incómoda es no. Pero estamos a tiempo.
El momento de abrazar el modelo agrotech
Desde hace años vengo insistiendo en que el futuro del agro pasa por la fusión entre conocimiento, tecnología y sostenibilidad. Las startups agrotech, los centros de innovación agrícola y los modelos de formación dual pueden ser la salida real a este callejón que hoy nos evidencia el nuevo arancel. Países como Israel, Colombia, Chile y Países Bajos lo han entendido. ¿Por qué Costa Rica no puede hacerlo?
Contamos con talento humano, universidades regionales, centros de investigación como el INTA y una red de cooperativas agrícolas que podrían ser líderes en transformación digital del agro. Pero falta decisión política, inversión pública focalizada y una verdadera alianza entre Estado, empresa y academia.
¿Qué hacer?
- Impulsar un Plan Nacional Agrotech 2030, con enfoque territorial, empezando por zonas como la Región Brunca, Huetar Norte y Chorotega, que tienen el mayor potencial pero también las mayores brechas.
- Crear un Fondo de Innovación Agropecuaria, financiado con alianzas público-privadas y cooperación internacional, destinado a startups, cooperativas y pymes rurales.
- Reformar el INA, el MAG y el SBD, para convertirlos en verdaderos aliados de la tecnificación del agro, más allá de la lógica burocrática.
- Apostar por mercados inteligentes, donde nuestros productos se exporten con valor agregado, identidad de origen y certificaciones que abran puertas incluso con nuevos aranceles.
El verdadero problema no es el arancel: es nuestra falta de visión de futuro
Hoy el agro llora un nuevo golpe, pero mañana podría levantar cabeza si decidimos dar el paso hacia una economía rural del conocimiento. Este arancel no es el problema, es apenas el síntoma. El verdadero problema es un agro atrapado en el pasado, que necesita con urgencia ser parte de la cuarta revolución industrial.
Costa Rica no puede seguir siendo espectadora del cambio. Es tiempo de pasar del discurso a la acción. Y esa acción se llama agrotech, desarrollo con inteligencia y territorio con oportunidades reales para las nuevas generaciones rurales.