Educación más allá del COVID-19

» Por Esteban J. Beltrán Ulate - Profesor

Una de las dimensiones sociales que ha estado sobre la mira a partir de los daños colaterales del Covid19 es la educación, principalmente a partir de la interrupción de clases presenciales, lo cual ha derivado es una serie de consecuencias, UNESCO menciona la interrupción de aprendizaje, dificultades para la alimentación, falta de preparación para educación a distancia, diferencia en el acceso a plataformas de aprendizaje, aprietos para el cuidado de menores de edad, incremento en costos familiares, entre otros. La educación como sistema se encuentra en crisis, pero la crisis no es de la educación en sí, sino que es consecuencia del sistema, dicho de otra manera: la pandemia no es el origen de la crisis del sistema educativo, es solamente el factor que ha consolidado una crisis estructural inherente al sistema.

Si bien, algunas entidades internacionales brindan análisis y estrategias frente a la educación, en contexto de pandemia, resulta necesario ahondar en las causas que originan las crisis, mismas que cuentan con múltiples dimensiones de estudio, quisiera detenerme en lo nacional. El Covid19 ha venido mostrar las debilidades que tenemos como sociedad, en el caso de la educación, ha puesto a prueba dimensiones que ni siquiera una prueba estandarizada a nivel nacional pudo revelarnos. Ante tal escenario, no podemos permitirnos que estas circunstancias que nos afectan no dejen impávidos, debemos reaccionar y promover cambios; sencillo será desarrollar modificaciones de forma, el desafío será promover cambios de fondo, y éstos solo pueden llevarse a cabo a partir de un reconocimiento del desafío desde la base magisterial misma, -no se puede ni debe aguardar por un gurú demagogo, ni mucho menos por un plan elaborado por “especialistas a sueldo”, la verdadera reforma social seguirá siendo una tarea que debe ser constituida de manera comunitaria.

Frente a la pandemia comprendida desde múltiples dimensiones, la educación pública, se descubre frágil ante las políticas públicas que desde el amanecer del neoliberalismo en Costa Rica han promovido un debilitamiento enmascarado tras un discurso cargado de humanismo desencarnado. Ya que, desde finales del siglo XX se viene postulando en el entramado discursivo de la política educativa costarricense una tendencia humanista que se mantiene en la estratosfera de lo ideal, sin que encuentre adecuación con el mundo real de las instituciones educativas en sus respectivas comunidades, tendencias discursivas que se crean y recrean cuatrienalmente bajo la bandera política de un partido, con una caterva de palabras que intentan domar el vuelo de las aves con el simple mover de los dedos, bajo la pretensión de transformación, obvian el necesario paso de la interpretación, del fenómeno educativo.

Mientras la clase política, y los medios de comunicación al servicio de corporaciones económicas, mastican un discurso sobre la calidad docente que enmascara un resentimiento ante la voz popular que es capaz de enarbolarse por conducto de la protesta social docente, se sigue normalizando un discurso desacreditador del docente y se propician acciones que impactan en el salario como medio de subsistencia.

La transformación educativa será ética o no será. No es posible un replanteamiento de la educación que tenga en el papel al ser humano como eje de la política, si de manera previa o inmediata, no se evidencia (con firmeza) una acción política que permita enfocar “el quién de la educación”. Mientras esto no sea así, la demagogia será la que gobierne la política educativa, sin embargo, en medio de esa noche oscura, la ética que habita en la Costa Rica profunda elevará el vuelo, para animar a la base magisterial que preparará el camino para una verdadera refundación nacional, que será educativa o no será, la conciencia no se despierta, la conciencia se cultiva en comunidad, y esa será la tarea de los educadores, incluso en medio de la noche neoliberal más oscura; porque incluso en la estadística pandémica más severa, nunca debemos abandonar la vocación por constituir una sociedad más justa.

Somos contemporáneos de un desafío multidimensional: el Covid19 nos enfrenta a la posibilidad de la muerte, en un contexto donde el neoliberalismo y su esquema procura una sociedad marcada por la desigualdad y limitación de oportunidades. La respuesta a este desafío debe ser ética y desde la vocación por la educación se debe continuar sobre la marcha.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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