Los derechos humanos son un tema nacional en la actual campaña política. Probablemente los que levantan más pasiones son el matrimonio civil igualitario y el aborto, en sus diferentes causales.
El matrimonio civil igualitario es otorgar a las parejas del mismo sexo el derecho humano a la no discriminación y la igualdad de derechos. Se trata del reconocimiento jurídico del amor entre dos personas adultas, de la protección de la familia y sus distintas formas, del interés superior de la niñez y su derecho a contar con una familia que le brinde protección y amor.
Por otro lado, el aborto se trata del derecho de las mujeres a decidir sobre sus vidas y sus cuerpos. Hay que entender que, por ejemplo, obligar a una mujer que sufrió una violación a continuar con un embarazo no deseado es un trato cruel e inhumano que podría poner en grave peligro su salud.
No se puede perder de vista que los derechos humanos se tratan del bienestar de las personas, de luchar porque todos y todas puedan aspirar a una vida digna. Sin embargo, la cruzada conservadora y fundamentalista ha ido posicionando un nuevo concepto que ataca la lucha por los derechos humanos. Es un concepto peyorativo para atacar la noble idea de que todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derechos. Es un concepto que pretende socavar la lucha por la igualdad de derechos y la no discriminación.
Los partidos políticos no están para decir lo que se quiere oír, mucho menos cuando se trata de odio y discriminación. No están tampoco para mezclar, peligrosamente, la política y la religión. Escupir odio desde los espacios públicos y políticos, valiéndose de creencias personales es peligroso para una democracia. Porque la democracia se trata de la construcción de un país donde quepamos todas las personas.
Los partidos políticos están para dirigir las sociedades hacia mejores lugares, no para sucumbir a la apología del odio y poner sus propios principios y los derechos de las personas en alquiler en razón de un cálculo político electoral. Los derechos humanos se tratan de las vidas de las personas; colocar a grupos sociales como moneda de cambio en un ajedrez electoral y cambiar de posición a conveniencia no solo es lamentable e hipócrita, resulta asqueroso.
Si los principios políticos incluyen guardar silencio cuando un candidato presidencial o legislativo ataca los derechos humanos, no alzar la voz por la igualdad de derechos o jugar con las vidas de las personas, probablemente hay algo mal en los principios. Tengamos presente, en esta campaña, que no hacer nada ante el odio es posicionarse del lado del opresor.
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