De las pensiones mágicas a la magia del fondo de pensiones

» Por Jorge Danilo García, Microbiólogo, Jubilado UCR y Alvaro Vega, Sociólogo, Jubilado UNA - Miembros de Jubilados en Acción

El superintendente de pensiones, don Álvaro Ramos, en recientes declaraciones al periódico La Nación (La Nación, domingo 07 de julio del 2019) aduce que la gente cree que las pensiones son mágicas porque la persona al pensionarse aspira a que se le devuelva un monto que no guarda proporción con lo que ha cotizado, apelando cínicamente a que “Papá Estado le resuelva todo”.

Sin embargo, se olvida don Álvaro que el Estado, en el caso de las pensiones del Magisterio Nacional, nunca creó un fondo de capitalización. Desvió a gasto ordinario los dineros de todos los cotizantes desde el año 1958. Este fondo sí resultó mágico: hizo un acto de desaparición y se esfumó, se desvaneció… Ello es del conocimiento de la Sala IV en su voto 3447-98 donde, refiriéndose a las pensiones con cargo al Presupuesto Nacional, señala la “grave omisión en crear un fondo autosuficiente”; y destaca que “ahora se pretende que esos yerros históricos, sean asumidos por los beneficiarios de los sistemas…”. Beneficiarios que continúan contribuyendo solidariamente para garantizar una pensión digna a los futuros pensionados.

Por tanto, no se puede responsabilizar del endeudamiento del Estado a los regímenes por ser insostenibles ni a los pensionados por el “cinismo” de aspirar a las “pensiones mágicas”. El responsable es el Estado que ahora busca lavarse las manos como Pilatos después de haber usufructuado de esos dineros ajenos y haberlos mal administrado. Se calcula que, de haberse creado y capitalizado adecuadamente un fondo de Pensiones del Magisterio Nacional, y de no haberse particionado en el de Transitorio de Reparto, por un lado, y el de Capitalización Colectiva, por otro (al entrar en vigencia la Ley 7531), el mismo cubriría a los pensionados actuales y contaría con una reserva de 5 billones de colones (5 millones de millones). Aun así, la reserva solo para el Régimen Transitorio de Reparto sería en la actualidad de 1.4 billones (1.4 millones de millones de colones).

Si de cinismo se trata, ¿acaso no es cinismo eximirse de no haber creado, resguardado y capitalizado un fondo de pensiones desde 1958 y pretender ridiculizar, atribuyendo “pensamiento mágico” a los pensionados costarricenses? ¿Acaso no es cinismo seguir encubriendo a los evasores y elusores, principales disparadores del déficit fiscal, culpando a los pensionados del endeudamiento del Estado?

Por otra parte, y consecuente con su apología del Estado neoliberal y privatizante, el señor Ramos, con la frialdad propia de los economistas que Paul Krugman llama “vendedores de políticas económicas”, aduce que “hay una gran resistencia a ver la pensión, básicamente, como una cuenta bancaria glorificada…”. No alcanza a explicarse lo que es de sentido común para un costarricense medianamente informado, de que habitamos un país que hace más de medio siglo optó por un pacto social que ha hecho la diferencia entre un Estado oligárquico, regido por el simple interés rentista particular, y un Estado Social de derecho que apuesta por la solidaridad para la equidad y el bienestar colectivo. Adjudica al sistema financiero el poder “mágico” de glorificar los ahorros –convertir el agua en vino– y ser el único garante de una pensión justa y sostenible. Y esto sí es “pensamiento mágico” por cuanto, como bien lo ha constado la OIT en un reciente Informe (2018) los regímenes de pensiones privados, es decir supeditados a los ahorros en el sistema financiero, han mostrado ser un fracaso en América Latina y en el mundo.

Al parecer, el señor Ramos quiere vendernos un modelo de pensiones sui generis e inédito: público pero que se rija por una lógica de mercado privado, basado únicamente en cuentas individuales. Por ello, no se sonroja al decir que para un trabajador de la Caja que cotiza 10.16%, lo lógico es que al pensionarse reciba entre un 30% y un 35% de su salario actual y jamás el 55% que se otorga hoy en el IVM. Don Álvaro pretende clausurar la solidaridad del Estado Social de Derecho costarricense, uno de nuestros principales logros como nación.

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