De la geopolítica del caos a la geoteología contra-progresista

» Por Mauricio Ramírez Núñez - Profesor de Relaciones Internacionales

El nuevo escenario de Guerra Fría en el que nos encontramos plantea un ajedrez geopolítico global, donde no hay pieza que quede por fuera de los cálculos del juego de las grandes potencias protagonistas, que nuevamente son Rusia y los Estados Unidos, con una China de perfil bajo pero presencia fuerte en lo económico. La doctrina geopolítica del caos controlado implica el desarrollo de formas de lucha híbridas violentas y no violentas, incluidas psicológicas y culturales en las regiones donde existen intereses concretos. El objetivo es llevar a la desestabilización política interna y a cambios abruptos de gobiernos, procesos también llamados “primaveras”, en especial contra aquellos gobiernos considerados “hostiles” o como los mismos Estados Unidos los han llamado, “Rogue State” o Estados Canallas, para referirse a esas naciones no alineadas a su línea de política exterior. Este modelo de instaurar el caos ha sido la tónica después del año 2001 y los atentados contra las torres gemelas.

Especialistas en el tema plantean que el método de llevar desorden y mantenerlo en el tiempo es un mecanismo de administración y control geoestratégico, implica el auge de conflictos étnicos y religiosos así como disputas antiguas que producto del revisionismo histórico, vuelven a reactivarse, siguiendo la estrategia al mejor estilo de la Roma Antigua y su frase famosa “divide y vencerás”. Una vez sumidas las poblaciones en la falta de claridad, dirección, en una profunda crisis política y con gran rechazo hacia las élites gobernantes, lo que se necesita es crear nuevos fenómenos ideológicos que empiecen a recoger todo el descontento popular y malestar ante la falta de respuestas del sistema a temas como la injusticia social, la falta de oportunidades o la corrupción, que valga la acotación es el tema de moda en todo el continente.

Hoy, las ideologías clásicas y las organizaciones políticas tradicionales como partidos o sindicatos están desgastadas y sin capacidad de movilización real de las masas. Ya lo que mueve a la ciudadanía no es necesariamente un color, menos a las personas más jóvenes y con pensamiento crítico. La historia ha demostrado que el auge de movimientos alternativos, la lucha por ideas concretas y en algunas ocasiones mezclados con religión, han dado buenos frutos en la dirección de movilizar grandes grupos sin más dirección estratégica que su disgusto contra el orden imperante. La teología de la liberación fue precisamente un movimiento muy fuerte en América Latina que jugaba al lado de la izquierda en aquella época y que era una lectura ética y política del cristianismo basada más en la justicia social, económica, reconociendo la dignidad de los pueblos y las clases sociales que luchaban por ello. Los Estados Unidos por su parte, en 1961 bajo el mandato del presidente Kennedy, desarrolló programas de cooperación como la famosa Alianza Para El Progreso, con el fin de contener al comunismo y ejercer influencia ideológica. Parte del objetivo era eliminar toda causa de disidencia o insurgencia, ganando los “corazones y las mentes” de la población con una imagen de nación colaboradora a los procesos de desarrollo económico de sus socios.

Hoy, esas experiencias se han visto reflejadas en algunos movimientos estratégicos en lo que a nuevos fenómenos políticos se refiere en el caso de América Latina, mismos que se detallarán más adelante. Ante el conocido y poco exitoso Socialismo del Siglo XXI y el viraje geopolítico hacia la derecha que se inició en el sur del continente con la llegada de Mauricio Macri en Argentina, la destitución de Dilma en Brasil y el triunfo de Sebastián Piñera otra vez en Chile, la confusión vuelve a tomar a la región, pero con el agravante de que ya ni la izquierda ni la derecha son suficientes para satisfacer los grandes problemas que afectan a los países latinos y la pérdida de credibilidad por parte de la ciudadanía pone en jaque el orden político tradicional en cuanto a la forma de organizarse la sociedad y verse representada. Esto no quiere decir que los intereses económicos, las luchas por el poder, las causas sociales, ambientales y las oligarquías hayan desaparecido, por el contrario, nos encontramos ante un reacomodo de fuerzas e ideológico que no es fácil de entender ni está aún consolidado.

Lo que sí se puede vislumbrar es que aquellas fuerzas llamadas progresistas y/o de izquierdas, siguen buscando un espacio o trinchera para reagruparse y seguir con sus luchas, mientras que aquellas fuerzas conservadoras o defensoras del status quo, de una manera muy inteligente han visto en los movimientos pentecostales y protestantes un caballo de Troya perfecto para llegarle a las masas y promover desde ahí sus intereses en lo económico, social y político, ya que la ética protestante es afín a la ideología económica global dominante, circunstancias que han generado roses importantes con el catolicismo. Basta recordar el caso de Costa Rica y la polémica sobre la Virgen de los Ángeles que ocasionaron los protestantes durante la segunda ronda electoral, lo cual según analistas fue lo que hizo perder a su candidato. No obstante, en todo el continente están surgiendo con fuerza dichos movimientos religiosos y cuentan con gran apoyo popular, especialmente de las mayorías con escasos recursos y menos favorecidos por el desarrollo en los últimos años.

Analizando esta coyuntura, podríamos afirmar que nos enocontramos ante una especie de geoteología contra-progresista, un tipo de fenómeno geopolítico conservador tomado de la experiencia de la teología de la liberación, en cuanto a la fuerza política que puede brindar el utilizar la fe de los pueblos como herramienta de lucha socio-política. Esta vez se invirtió la situación, ya que son los grupos conservadores quienes dirigen, no necesariamente buscan la superación de las grandes contradiciones sociales o económicas en el fondo, sino consolidar sus intereses y que no lleguen gobiernos que quieran hacer cambios estructurales que pongan en riesgo sus inversiones. De paso, curiosamente son movimientos afines a la política exterior de una potencia en concreto, como dicen, en río revuelto, ganancia de pescadores.

Para alcanzar esos niveles de apoyo tan altos, su agenda social esta basada en el fundamentalismo religioso, disfrazado de equilibrio moderado, respeto a la familia, a la decisión de las mayorías y el rescate de valores que la sociedad ha perdido, planteando una oposición absoluta contra temas como fertilización in vitro, aborto, legalización de drogas, matrimonio gay, entre otros. De esta forma se cimentan las bases de nuevos conflictos a lo interno de los estados, en el tanto, se divide a las poblaciones por temas de este tipo y separan fuerzas políticas que puedan eventualmente unirse y representar una amenaza según su perspectiva, a la agenda económica que deseen implementar, lo que vuelve más inestable la región. Realidad que concuerda muy bien con la línea del gran juego geopolítico de mantener caos u opciones potenciales del mismo en zonas de interés concretas por parte de las potencias en disputa.

La tendencia a bajar la temperatura por un lado a unos conflictos y subírsela a otros en otras partes, con el fin de desviar la atención mundial es parte del acontecer diario de esta nueva Guerra Fría. En medio de la crisis en Siria, América Latina pasa a ser una región de profunda inestabilidad, su importancia radica no sólo por su posición geográfica, sino por la cantidad de recursos naturales considerados como estratégicos que posee. La desestabilización inicia por Centroamérica desde Honduras y las pasadas elecciones que han tenido al pueblo en la calle por el tema de lo que la OEA llamó “irregularidades” en el proceso electoral, ahora es Nicaragua y al parecer la situación tiende a empeorar, con casi treinta muertos y sumando, algo que tiene riesgos muy altos para Costa Rica. En América del Sur, el bloque regional UNASUR se empieza a desmembrar con la salida de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Paraguay del mismo.

Los constantes atentados en la frontera entre Ecuador y Colombia, de la mano de los secuestros y asesinatos de civiles al parecer por parte de la guerrilla tensa mucho la situación interna al presidente Lenin Moreno que se encuentra implementando nuevas medidas económicas en el país. Brasil por su parte muy dividido por el tema del encarcelamiento del expresidente Lula y por el surgimientos de fuerzas políticas protestantes. Además, el colapso venezolano está acarreando grandes desplazamientos de personas hacia Colombia, Chile, Ecuador y Argentina, lo que detona una desestabilización regional que puede agudizarse si las grandes potencias deciden que el Siria latino sea Venezuela, al cual le podrían aplicar la misma receta de Afganistán, Irak, Libia o Siria. En el mundo de hoy no podemos excluir lamentablemente ninguna opción. La posible firma de paz en la península de Corea y el cese de las pruebas nucleares por parte de Corea del Norte, hace que otros focos de conflicto se activen en otras latitudes, así como fue la dinámica en aquella segunda mitad del siglo pasado. ¿Se convertirá nuestro continente en un segundo Medio Oriente? Sólo el tiempo nos puede decir.

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