De familias y valores

» Por Marianella Núñez Gamboa - Psicóloga y comerciante

¡Mi familia es una familia tradicional! Una familia típica, más o menos como las de los anuncios de la tele… Un papá, una mamá, un adolescente de 14 años, un perro salchicha, y un gato que llegó casi en el hueso pidiendo comida, ¡y al que no tuvimos corazón para espantar!

No somos una familia perfecta, pero sí puedo decir que somos una familia comprometida. Asumimos el compromiso de amarnos todos los días, no tenemos reparos en pedirnos una disculpa desde el fondo del corazón cuando sentimos que fuimos injustos con alguno de nosotros y, desde que nuestro hijo era un bebé, mi esposo y yo decidimos que en nuestra casa “la chota”, la burla y los apodos nunca iban a estar presentes, ¡y lo hemos cumplido!

Nos equivocamos seguido, pero rectificamos, y así, por ensayo y error, pero poniendo siempre al amor por delante, tratamos de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, como individuos independientes y como familia. Para una familia tradicional como la mía, lo más fácil es disfrutar de nuestro cómodo lugar en la sociedad, rechazar lo diferente, y escudarnos en esa palabra con la que muchos se llenan la boca: valores, para sentirnos parte del resto, y creernos y convencernos, de que gracias a eso “Dios nos ve con buenos ojos”.

Una pareja heterosexual, con un adolescente buena gente y excelente estudiante, amigos que nos quieren, admiran y respetan (y nosotros a ellos), trabajos que nos gustan y han sido bastante estables a lo largo de los años; en fin, más que suficiente para vivir felices y tranquilos sin necesidad de ver alrededor, de “escarbar” o de denunciar lo que está mal.

Pero hay un detalle, o varios: la familia de los anuncios no es la única que existe en Costa Rica. Existe una hermosa y diversa cantidad de familias en este país, conformadas por personas de varias etnias, géneros y edades. Algunas ni siquiera comparten lazos sanguíneos, pero entienden de lo básico, entienden de valores…

Los valores no son inherentes a las familias tradicionales, gran parte de los femicidios, abusos sexuales y maltratos en general que nos anuncian las noticias día a día, provienen de ellas, lo que no significa tampoco que las familias tradicionales necesariamente estén mal. El caso es que los valores se desarrollan en las personas con consciencia, independientemente de cómo estén conformadas sus familias.

Los valores más importantes son el amor, el respeto, la libertad, la justicia, la tolerancia, la equidad, la paz y la honestidad, y hay un montón de familias viviendo bajo este cielo que, independientemente de cómo estén conformadas, los practican día a día. No serán perfectas, son humanas, pero asumen el compromiso de practicar esos valores y de transmitírselos a sus hijos, en el caso de que los tengan. ¡Todas esas familias, todas, tienen mi admiración y mi respeto!

Amo la vida en todas sus formas, no apoyo el aborto, y tener que poner a dormir a un perrito de la familia, ha sido de las decisiones más difíciles de mi vida, porque sentía que atentaba contra las leyes del Universo. Soy fiel creyente en un Dios todopoderoso y eterno, y admiro profundamente  al maestro Jesús con su infinita sabiduría, y procuro apegarme a todas sus enseñanzas, que sin hilar muy fino, encierran los valores que hablaba más arriba. No disfruto ni comparto chistes de homosexuales, nicaragüenses, personas afro descendientes, ni los que ridiculizan hombres, mujeres, personas con discapacidades, ni nada que se le parezca.

Me falta muchísimo por crecer, pero siento que de mi adolescencia (en la que gritábamos improperios a los travestis desde  un carro y nos regocijábamos con eso), a la de mi hijo, criado desde una visión más inclusiva, el salto ha sido cuántico, y eso me hace sentir más coherente con los principios cristianos y conmigo misma.

Por todo lo anterior me gustan mi vida y mi familia,  y todas esas otras familias que se aman, se respetan y buscan dejar un mundo mejor del que encontraron. ¡¡¡Todas, todas ellas tienen mi admiración y mi respeto!!!

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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