Cuando el progresismo reina, la moral padece

El Presidente de la República, Luis Guillermo Solís durante en la Corte Suprema de Justicia, por la reunión periódica entre los presidentes de los supremos poderes. Foto: Luis Madrigal / El Mundo CR
El Presidente de la República, Luis Guillermo Solís. Foto: Luis Madrigal / El Mundo CR

Ya está llegando a su final un gobierno de tinte progresista, y luego de casi 4 años de gobernar, ya conviene hacerse la pregunta: ¿realmente ha sido progreso lo que hemos visto?

El actual gobierno lamentablemente nos ha dado muestras de ir hacia atrás cuando se suponía que debería ir hacia adelante, después de todo, de eso se trata el progreso, de avanzar.

Pero el problema es que el progreso no es lo mismo que el progresismo, ya que la mente progresista asume que cualquier novedad es ya un avance deseable y conveniente, es decir que solo por el hecho de ser algo novedoso se acepta y se aplaude cualquier cosa.

Y la manera en la que pueden aceptar cualquier cosa como buena, es porque se dicen progresistas en el ámbito político, pero son relativistas en el ámbito filosófico.

El relativismo presente en la mente progresista es capaz de descartar cualquier verdad absoluta u objetiva para mover todo al ámbito meramente subjetivo. Por eso es que ahora los sentimientos y el deseo parecen determinar lo que está bien o está mal, asesinando así a la Moral, la Religión y la Ciencia.

Un ejemplo del retroceso que nos quiere heredar el actual gobierno progresista de Costa Rica es definitivamente la ideología de género y el aborto terapéutico.

Por un lado, el gobierno ha incluido a la ideología de género como parte de la educación sexual y afectiva que recibirán los adolescentes, no importa que trate de una ideología subjetiva, ahora el gobierno obligará a que se tome como una verdad.

Por otro lado, siguiendo el mismo subjetivismo relativista, el actual gobierno pretende agregar un nuevo capítulo referente a los derechos en salud sexual y salud reproductiva a la Ley General de Salud, promulgada en 1973, en el que sobresale de manera preocupante el “derecho a decidir” de las mujeres sobre la interrupción terapéutica de su embarazo (artículo 51). En otras palabras, los demagogos progresistas pretenden heredarnos la legalización del aborto.

La negación de verdades objetivas a los adolescentes y la negación al derecho de nacer son parte de las consecuencias de un pensamiento pragmático que defiende solamente al sentimiento y no a la razón, y representan hoy un retroceso en materia de derechos humanos.

Por otro lado, el típico progresista, como los muchos que hay en el gobierno el día de hoy, mira a las ideas que defiende como “avanzadas”, y todo lo que no está de acuerdo con sus ideas es “retrógrado”. El problema es que les es muy fácil reclutar (normalmente en las universidades) nuevos adeptos, pues nadie quiere que le llamen “retrógrada” o “mente cerrada”.

Por más que el actual gobierno intente mantener su imagen de “buenazo”, es muy grave lo que está haciendo, pues actualmente ya utiliza la máquina del Estado para adoctrinar y llevar a cabo sus ideas progresistas y esto a punta de ley, el siguiente paso como en otros países progresistas será castigar a quien se oponga a su manera de pensar.

La mejor forma de parar el avance del progresismo es informarse, formarse y opinar. Tiene que quedar cada día más claro que lo que la mayoría piensa no es lo mismo que una minoría siente.

Hay que defender la Libertad, la Moral, la Religión y la Ciencia, por supuesto que una de las mejores formas de hacerlo es en las urnas, hay que informarse bien de lo que piensan los actuales partidos políticos porque ya se anuncian mayores dosis de progresismo por parte de algunos candidatos presidenciales, pero ya sabemos a qué atenernos cuando nos intenten vender su propuesta, no será progreso, será la idea que se encuentre de moda.

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