La tesis central debería ser que el problema de seguridad de Costa Rica ya no puede analizarse únicamente como delincuencia común. Los datos muestran una transformación hacia una violencia más vinculada con crimen organizado, narcotráfico y disputas territoriales.
- La evolución de los homicidios.
El punto de partida debe ser 2023. Ese año Costa Rica alcanzó una tasa de 17,6 homicidios por cada 100.000 habitantes, uno de los niveles más altos de su historia. El Estado de la Nación identifica 2022 como un quiebre estructural y señala que 2023-2024 alcanzaron máximos históricos. En 2024 se registraron 878 víctimas de homicidio intencional, con una tasa de 17,12 por cada 100.000 habitantes. El 91 % de las víctimas fueron hombres.
El 2025 cerró con 873 homicidios dolosos, según los datos del Observatorio de la Violencia. El 78 % de las víctimas fueron asesinadas con armas de fuego: 681 personas.
Para 2026, el OIJ reportaba 559 homicidios acumulados al 12 de septiembre, incluyendo 87 durante agosto, el mes con mayor cantidad registrada hasta ese momento.
- Lo más preocupante no es solamente la cantidad.
Existe un cambio cualitativo en la violencia.
El Estado de la Nación señala que los ajustes de cuentas llegaron a representar cerca del 70 % de los homicidios en 2024-2025, frente a menos de la mitad una década atrás. Esto apunta a una transformación de la naturaleza de la violencia hacia dinámicas relacionadas con crimen organizado y narcotráfico.
Además, cerca de 8 de cada 10 homicidios de 2020-2025 fueron cometidos con armas de fuego.
- La dimensión internacional.
Aquí debemos incorporar una perspectiva especialmente importante: cómo observa el problema la comunidad internacional.
Estados Unidos mantiene a Costa Rica en nivel 2 de precaución, debido al crimen, y advierte específicamente sobre delitos violentos que incluyen homicidio, asalto armado y agresiones sexuales.
El propio Departamento de Estado estadounidense ha señalado que Costa Rica se convirtió en una ruta importante para el tránsito de cocaína hacia mercados internacionales y que el narcotráfico puede generar efectos corrosivos sobre las instituciones.
La Evaluación Nacional de Riesgos 2026 agrega un dato particularmente relevante: identifica vínculos de organizaciones criminales costarricenses con estructuras como el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Clan del Golfo, además de riesgos de utilización de actividades económicas legítimas para lavado de dinero.
- El verdadero desafío.
Por eso, la discusión debería trascender la pregunta de “¿hay más delincuencia?”
La pregunta estratégica es:
¿Está Costa Rica enfrentando adecuadamente la transformación de un fenómeno de delincuencia convencional hacia una amenaza de crimen organizado transnacional?
Eso obliga a analizar policía, inteligencia, fronteras, puertos, aeropuertos, lavado de dinero, armas, sistema penitenciario, investigación criminal, Ministerio Público, Poder Judicial y cooperación internacional.
Y existe otra dimensión que no podemos ignorar: la institucionalidad. Una política de seguridad sostenible necesita eficacia policial, pero también investigación, acusación, juzgamiento y condenas dentro del Estado de derecho. Reuters reportó en julio de 2026 que el Gobierno y el Poder Judicial mantenían fuertes diferencias sobre cómo enfrentar la violencia asociada al narcotráfico.
La pregunta que debe cerrar el artículo.
Costa Rica enfrenta una realidad que ya no permite complacencia, pero tampoco permite respuestas improvisadas por el Ministerio de Seguridad Publica, DIS Y OIJ
El país no está solamente luchando contra delincuentes; está enfrentando redes criminales con dinero, armas, logística y conexiones internacionales.
Por eso, la seguridad debe convertirse en una política de Estado, sostenida más allá de los gobiernos de turno y de sus diferencias.
La gran pregunta para Costa Rica no es solamente cuántos homicidios tendremos al finalizar 2026.
Es mucho más profunda:
¿Qué país queremos ser cuando el crimen organizado tenga más capacidad de adaptación que nuestras instituciones?
Ese debería ser el punto de partida para una conversación nacional mucho más seria.