No solo la prensa internacional habla de esto. Es una preocupación real y latente en la agenda internacional de 2026. La ONU y el Programa Mundial de Alimentos han advertido que la combinación de conflictos geopolíticos, eventos climáticos extremos y el encarecimiento de los insumos ha puesto a más de 260 millones de personas en riesgo de inseguridad alimentaria aguda, con un foco crítico en África. Para un país como Costa Rica, que ha consolidado un modelo de desarrollo muy integrado al comercio global, una hambruna o crisis de suministros mundial presenta un escenario de vulnerabilidad paradójica: somos un exportador neto de alimentos de alto valor (piña, banano, café), pero dependemos profundamente de la importación para el consumo diario. Aquí detallo cómo quedaría el país ante este eventual escenario:
1. EL “TALÓN DE AQUILES”: LA DEPENDENCIA DE GRANOS BÁSICOS Y LA SOYA
Costa Rica importa la gran mayoría de los granos que consume la población y que alimentan al ganado.
- Maíz y Soya: Son la base de la alimentación para la producción de carne (pollo, cerdo, res) y Si el precio global sube por escasez en África o Europa, el costo de producir proteína animal en el país se dispara de inmediato.
- Arroz y Frijoles: Aunque hay producción local, no es autosuficiente. Una crisis global obligaría al país a competir en precios con potencias compradoras para asegurar los embarques, lo que afectaría directamente el bolsillo del consumidor costarricense.
2. EL COSTO DE PRODUCIR: FERTILIZANTES E INSUMOS
Uno de los mayores riesgos para el sector agropecuario nacional es el precio de la urea y otros fertilizantes.
- No produce estos insumos. Si la crisis global restringe la oferta, los agricultores locales (especialmente en zonas como Cartago (hortalizas), Guanacaste (ganado de carne y doble propósito) o la Zona Norte (piña, ganado de leche) enfrentarán costos de producción que podrían hacer inviables sus cosechas, reduciendo la oferta interna de hortalizas y frutas.
3. FORTALEZA RELATIVA: CAPACIDAD LOGÍSTICA Y CONTRATOS
A diferencia de los países más afectados en África, Costa Rica cuenta con ciertas ventajas:
- Inventarios y Contratos: Actualmente, los importadores mantienen contratos vigentes que permiten amortiguar los golpes de precios en el corto plazo (aproximadamente 3 a 6 meses).
- Poder de Compra: Al ser un país de renta media-alta, tiene mayor capacidad fiscal para subsidiar o facilitar la importación de emergencia en comparación con naciones de economías colapsadas.
Todo siempre y cuando la economía de servicios, zonas francas y bienes de alto valor agregado no colapse. Ahí si somos muy vulnerables con un sector agropecuario con un PIB debajo de 2,5 %
4. IMPACTO SOCIAL: LA BRECHA DE ACCESO
El problema en Costa Rica no sería necesariamente la falta física de comida en los estantes (desabastecimiento total), sino el acceso económico.
- Se estima que cerca del 18% de los hogares en el país ya viven en inseguridad alimentaria. Una crisis global empujaría a las familias de menores ingresos a sacrificar la calidad nutricional, aumentando los índices de malnutrición y pobreza extrema. Lo que se verá reflejado en las provincias olvidadas por los gobiernos (Guanacaste, Puntarenas)
¿QUÉ SE ESTÁ HACIENDO?
Los organismos internacionales están impulsando la Hoja de Ruta 2023-2026
para sistemas alimentarios sostenibles, que busca:
- Fomentar mercados locales para acortar la cadena de intermediarios.
- Promover el uso de bio insumos (fertilizantes orgánicos) para reducir la dependencia de la urea importada.
- Fortalecer el Banco de Alimentos para atender a las poblaciones más vulnerables.
El nuevo Gobierno de Doña Laura y el futuro ministro de agricultura deben poner especial atención en eso. Si el continuismo es seguir con la misma política del gobierno saliente el país si se verá muy afectado ente una hambruna mundial.
CONCLUSIÓN:
Costa Rica ante la crisis alimentaria global: El reto no es el desabasto, es el costo de producir y comer.
Mientras los titulares internacionales advierten sobre una inminente crisis alimentaria en diversas regiones de África con posibles repercusiones globales, en Costa Rica surge una interrogante obligatoria: ¿Estamos preparados para enfrentar una sacudida de tal magnitud? La respuesta corta es que Costa Rica no se encamina hacia una “hambruna” en el sentido tradicional de estantes vacíos o ausencia total de suministros. Sin embargo, el país se asoma a un precipicio de vulnerabilidad económica y carestía que podría ser igualmente devastador para la estabilidad social y la rentabilidad del sector agropecuario
LA VERDAD DE LA DEPENDENCIA
Aunque somos una potencia exportadora de productos de alto valor, nuestra seguridad alimentaria descansa sobre cimientos frágiles: la importación de granos básicos e insumos. El maíz, la soya y los fertilizantes —motores de nuestra producción de carne, lácteos y vegetales— dependen de un mercado global volátil.
Si la oferta mundial se contrae, el productor costarricense queda atrapado entre la espada y la pared: producir con costos de insumos asfixiantes o reducir sus áreas de siembra y hatos. En cualquiera de los dos escenarios, el resultado es el mismo para el ciudadano: comida más cara.
VULNERABILIDAD EN EL PLATO, TENSIÓN EN LA CALLE
El verdadero riesgo país no es el hambre física generalizada, sino la exclusión económica. Una crisis de precios severa obligaría a las familias con menos recursos a sacrificar la calidad de su nutrición, lo que ensancharía la ya preocupante brecha social. La “paz social” de la que Costa Rica se enorgullece está íntimamente ligada a la accesibilidad de la canasta básica.
RESILIENCIA COMO ÚNICA RUTA
Para mitigar este impacto, es imperativo que la política pública y el sector privado converjan en tres ejes de acción inmediata:
Reducción de la dependencia de insumos externos: Fomentar el uso de alternativas locales y bio insumos que amortigüen el precio del fertilizante importado.
Protección al productor nacional: Fortalecer la eficiencia del sector agropecuario para que pueda resistir los embates de los precios internacionales sin abandonar la actividad.
Circuitos cortos de comercialización: Eliminar intermediarios para que el valor se quede en el campo y el ahorro llegue a la mesa.
Costa Rica tiene los técnicos y logística para navegar esta tormenta, pero no debe confiarse. La crisis que viene no se medirá en toneladas de comida faltante, sino en el poder adquisitivo de quienes la producen y quienes la consumen. Es momento de pasar de la preocupación a la planificación estratégica.