San José, 11 jun (elmundo.cr) – La exitosa transformación urbana de Medellín, que logró reducir su tasa de homicidios de 389 a 12 por cada 100 mil habitantes en dos décadas, se presenta como una hoja de ruta para que las municipalidades costarricenses enfrenten desafíos de inseguridad, exclusión social y movilidad.
Gustavo Restrepo Lalinde, arquitecto clave en la metamorfosis de la ciudad colombiana, compartió su experiencia durante el evento “Movámonos en Comunidad”, organizado por la Fundación CRUSA.
El experto subrayó que Medellín y Costa Rica comparten retos comunes como el crecimiento urbano desordenado, la vulnerabilidad en zonas montañosas y la falta de planificación territorial.
“Cada proyecto urbano debe ser la manifestación visible de un acuerdo social construido con la ciudadanía. Es vital trabajar con las comunidades de manera franca y sincera para generar confianza”, afirmó Restrepo.
Según el urbanista, el éxito de este modelo —que redujo tiempos de desplazamiento en un 50% y recuperó espacios públicos para la convivencia— se basa en tres pilares fundamentales: construir diagnósticos junto a los vecinos, recopilar datos confiables para la toma de decisiones y establecer mecanismos permanentes de participación ciudadana.
Restrepo enfatizó que la clave de la sostenibilidad fue mantener una visión de desarrollo que trascendió los ciclos electorales, acompañada de altos estándares en la obra pública y transparencia.
“La verdadera pregunta no es cuánto cuesta transformar los territorios, sino cuánto cuesta no hacerlo. Una ciudad que no funciona adecuadamente genera conflictos económicos y sociales”, añadió.
Por su parte, Byron Salas, director ejecutivo de la Fundación CRUSA, destacó que el desarrollo territorial requiere una articulación efectiva entre gobiernos locales, sector privado y la ciudadanía.
“Una planificación urbana exitosa tiene su sustento en las personas que habitan los territorios”, señaló Salas, cuya organización impulsa programas como *Comunidades Inteligentes* para fomentar la resiliencia climática y la movilidad inclusiva.
Representantes de gobiernos locales, como Michelle Rodríguez, promotora social de la Municipalidad de Heredia, coincidieron en que la experiencia demuestra que el punto de partida para las grandes transformaciones no es la disponibilidad inmediata de recursos, sino el compromiso y el involucramiento ciudadano en la construcción conjunta de soluciones.
El modelo presentado busca inspirar a las autoridades costarricenses a transitar hacia un urbanismo centrado en las personas, donde la infraestructura social y la inversión pública actúen como motores para la recuperación de la seguridad y el bienestar comunitario.