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Costa Rica ante sus propias vulnerabilidades

» Por Luis Fernando Allen Forbes - Director ejecutivo Asociación Salvemos El Río Pacuare

Costa Rica suele mirarse a sí misma como una excepción. Una democracia estable en una región convulsa, un país sin ejército, con instituciones históricas, educación pública, vocación ambiental y una economía cada vez más integrada a los mercados internacionales.

Hoy Costa Rica enfrenta una paradoja incómoda: hay razones objetivas para reconocer avances económicos y, al mismo tiempo, razones igualmente objetivas para preocuparse por la seguridad, la cohesión social, la calidad de la democracia y la capacidad del Estado para responder a los nuevos desafíos.

El Informe Estado de la Nación 2025 resume parte de esa contradicción: el país crece y la pobreza ha disminuido, pero persisten problemas de empleo, violencia, debilitamiento de la inversión social y erosión de la cultura cívica. El problema, entonces, no es simplemente que Costa Rica tenga enemigos externos. Es que algunas de sus vulnerabilidades más serias se están construyendo desde adentro:

1.El narcotráfico dejó hace tiempo de ser un fenómeno ajeno a la realidad costarricense. La violencia asociada al crimen organizado ha penetrado territorios, comunidades y generaciones.

Costa Rica cerró 2025 con 873 homicidios, apenas tres menos que en 2024 y por debajo únicamente de los registros de 2023 y 2024. La tasa fue de 16,7 homicidios por cada 100.000 habitantes. La mayoría de los casos estuvo asociada a ajustes de cuentas o venganzas. Estos números no son simplemente estadísticas policiales, representan una transformación de la vida cotidiana y se convierten en un problema de soberanía.

2. La segunda amenaza es menos visible porque no siempre deja víctimas inmediatas. Se trata de la erosión de las reglas democráticas.

El populismo puede presentarse desde distintas ideologías y no pertenece exclusivamente a una corriente política. Su característica común aparece cuando la política comienza a reducir problemas complejos a una confrontación entre un supuesto “pueblo verdadero” y quienes son presentados como enemigos, obstáculos o representantes de un sistema corrupto.

El riesgo aumenta cuando el liderazgo político comienza a presentar los controles institucionales, la prensa, los tribunales, la Contraloría, la Asamblea Legislativa, las autoridades electorales o cualquier otra institución independiente, como enemigos naturales de la voluntad popular.

3.El tercer problema y más antiguo de resolver, es que Costa Rica construyó uno de los Estados sociales más importantes de América Latina.

La Caja Costarricense de Seguro Social, las universidades públicas, el sistema educativo, las instituciones autónomas y una amplia red de servicios públicos que forman parte de una arquitectura que ha contribuido significativamente al desarrollo nacional y que actualmente atraviesan una etapa de estancamiento de la inversión social y cambios en las prioridades del gasto.

Defender esos logros no significa negar sus problemas. Por el contrario, un Estado que educa bien, garantiza la seguridad, administra justicia, protege a las personas más vulnerables y regula los mercados, fortaleciendo la confianza de la ciudadanía en sus instituciones y en su propia capacidad para enfrentar los desafíos.

Finalmente, la democracia necesita mantenimiento. La seguridad necesita inversión. El Estado necesita reformas. La economía necesita productividad. La soberanía necesita capacidades y la sociedad hacerse responsable de su propio destino.

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