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Costa Rica ante el tablero global: Cautela diplomática y el “Efecto Grynspan” hacia la ONU

» Por Ernesto E. Jiménez Morales - Economista y Analista Internacional.

Fotografía tomada del Facebook de Rebeca Grynspan Mayufis.

El resultado de la votación de este 18 de septiembre marca un paso firme y sumamente favorable para Costa Rica en el complejo escenario geopolítico internacional. Nuestra compatriota Rebeca Grynspan, actual Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y exvicepresidenta de la República, se afianza en las primeras posiciones de respaldo para asumir la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este avance nos aproxima a un hito histórico de alcance planetario: posicionar por primera vez en más de 80 años de historia del organismo a una mujer y a una representante de la región de América Latina y el Caribe en la cúspide de la diplomacia mundial.

No obstante, la lectura geoeconómica y diplomática exige que el entusiasmo nacional sea calibrado con extrema cautela. El mecanismo de elección de la Secretaría General, regido por el Artículo 97 de la Carta de la ONU, establece que la Asamblea General nombra al Secretario General únicamente tras la recomendación formal del Consejo de Seguridad. En este proceso, el Consejo realiza una serie de votaciones informales secretas (Straw Polls o votaciones de tanteo) que eventualmente derivan en las decisivas “votaciones de color”. Es ahí donde se visibiliza el poder de veto que ostentan de manera individual los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia.

En la rígida arquitectura de poder multilateral, un solo voto en contra o veto de cualquiera de estas cinco potencias basta para descalificar de inmediato la candidatura más sólida. Un tropiezo de esta magnitud frustraría la aspiración nacional y ahogaría lo que he denominado el “Efecto Grynspan”: un catalizador socioeconómico de alto impacto para la economía y el prestigio internacional de Costa Rica. La llegada de una costarricense a la jefatura de las Naciones Unidas elevaría el posicionamiento de la marca país a niveles inéditos, actuando como un imán para la Inversión Extranjera Directa (IED), estimulando el turismo internacional y generando un impulso dinámico sobre el crecimiento de nuestro PIB en los próximos cinco años.

Para evitar que las fricciones geopolíticas de las grandes potencias desarticulen esta oportunidad histórica, nuestra Cancillería debe actuar con máxima prudencia y precisión táctica. Las mejores herramientas de negociación con las que cuenta el servicio exterior costarricense no son de carácter militar ni financiero, sino ético y doctrinal: la neutralidad activa, el principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados, nuestra centenaria tradición de paz como un país sin ejército, y el compromiso irrestricto con los derechos humanos consagrados en la Carta de la ONU.

En un orden global crecientemente convulso y multipolar, Costa Rica debe enviar señales inequívocas a Moscú, Washington, Pekín, Londres y París: nuestro país no actúa como una ficha de alineamiento ideológico, sino como un puente de diálogo neutral y un articulador de consensos. Solo mediante una diplomacia rigurosa, profesional y fiel a nuestra tradición civilista se podrá blindar esta candidatura frente a eventuales vetos y convertir este avance del 18 de septiembre en una victoria definitiva para el multilateralismo y el futuro socioeconómico de Costa Rica.

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