
Los ciudadanos estamos cansados de que las instituciones que deben perseguir y condenar a los delincuentes están podridas por la corrupción rampante, de modo que sería vano pretender que se dispongan con seriedad a sanear los diferentes poderes e instituciones del Estado.
Si los poderes Legislativo, Ejecutivo, Poder Judicial, y T.S.E, están inficionados en sus más altos niveles, sería ilusorio esperar que pongan algún empeño en denunciar, investigar y menos sancionar algún bandido de cuello blanco.
Son numerosos los casos de corrupción que han aflorado en Costa Rica en los últimos años, causando una abrumadora percepción de inmoralidad en todo el país. En ellos están involucrados políticos de diversos partidos, pero también empresarios y profesionales.
El fenómeno de la corrupción (ya sea en forma de tráfico de influencias, o en forma de obtención de favores ilícitos a cambio de dinero u otros favores) constituye una vulneración de los derechos humanos por cuanto que generalmente entraña una violación del derecho a la igualdad ante la ley, y en ocasiones, llega a suponer una vulneración de los principios democráticos.
Es evidente que la corrupción hace mucho daño: crea desconfianza, incentiva nuevas conductas abusivas, detrae dinero de finalidades sociales, desanima el esfuerzo y rompe el principio de legalidad.
Está claro, que la putrefacción alcanza algunos ”representantes del pueblo” quienes son sospechosos según la prensa nacional, de haberse reunido en meses pasados en las oficinas de la Asamblea Legislativa con líderes de organizaciones criminales.
La lista de peces gordos debería de iniciar por la señora fiscal Emilia Navas por incumplimiento de sus funciones, a pesar de los abrumadores indicios la señora en mención nunca fue determinante en defender el patrimonio público y social.
La sociedad debe ocupar una posición central en la estrategia para combatir la corrupción porque estamos ante un problema sistémico, que se construye sobre la base de situaciones y acciones cotidianas.
La corrupción no es un problema exclusivo del gobierno y el Estado, es una bomba de tiempo que se incuba en diversos espacios públicos y privados, pero que cobra mayor relevancia social cuando afecta lo público.
La corrupción se siembra en la familia cuando en su seno toleran la mentira, la traición, la doble moral, y las pequeñas pillerías aplaudidas como astucia. En la escuela cuando los maestros no son ejemplos para sus alumnos y tienen comportamientos inadecuados y cuando los niños copian las tareas o pagan por ellas. En los medios cuando las noticias son sesgadas, distorsionadas o se miente de acuerdo a los intereses particulares de los dueños
Por último, se sigue engañando al pueblo llevándolo a elecciones, con altas tasas de abstencionismo. Si queremos rescatar el país de la corrupción y preservar la democracia es mediante protesta pública para una reforma total de los 4 poderes de la República.
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