Contra el Virus

En contra de lo que opina Iraj Harirchi, debo decir que el virus no es democrático, pues dicha condición solamente recae en los ciudadanos, en el “demos” pensado como pueblo. El virus ha sido arrebatado de su condición natural hacia un ámbito político producto de las fibras económicas que ha movilizado de manera aleatoria. Justo ahí, es donde el virus ha ingresado en el laberinto del lenguaje político. La politización del virus es la fase más peligrosa, precisamente es ahí donde nos encontramos. El miedo nunca ha sido el mejor compañero del que se prepara para la gran batalla, parafraseando a decía Sófocles “para quien tiene miedo, todo son ruidos”, ya que el miedo turba las emociones y estas obstruyen las ideas claras y sencillas. Es importante, meditar cuál es la recepción que, como ciudadanos, realizamos frente al lenguaje político del virus, y si este está alimentando el ruido necesario para ejercer acciones que desde la esfera económica resultan apropiadas para grupos específicos.

El virus ya es parte de nuestro lenguaje, y se ha apropiado más fácil de este que de nuestros organismos, y una vez tomado el lenguaje su infiltración cultural es ineludible, por lo que debemos ser prudentes con la construcción cultural que se entreteje entorno al COVID-19, en una sociedad líquida nuestros océanos de sentido se pueden ver contaminados con corrientes de hiper-información. Este virus, en lo cultural, se multi-dimensiona y moviliza las masas acéfalas alrededor de iconos, así como de personajes que aprovechan sus séquitos para movilizar su imagen como gesto que auto-estimula sus egos. Estos personajes se distinguen en diversas gamas y estratos sociales, desde lo global a lo local, lo que se evidencia en pluralidad de manifestaciones: debates a la carta de intelectuales eurocéntricos, campañas políticas encubiertas, movilización económica en mercados cautivos, secularización de lo religioso, manoseo de estructuras legales, pan y circo a diestra y siniestra.

En el ámbito costarricense, el virus no es la excepción: con aullidos de lobos, replicar de campanas, eructos de pericos, mantas de izquierdas trasnochadas y rechinar de dientes de jinetes neoliberales, caldo de cultivo para la polarización necesaria para hacer cumplir la máxima latina “divide ut imperes”. El confinamiento como estrategia de contención, ha estimulado múltiples discursos del “influencer” tico, mientras los sin voz continúan su marcha cotidiana, el #quedarseencasa animó la mueca aérea por medio de la secularización de lo religioso, mientras que las fibras de lo legal se mueven siguiendo los movimientos de manos invisibles, causando temor y temblor en las clases sociales más vulnerables.

El virus como realidad sanitaria sigue un curso natural, el virus como realidad cultural se extenderá hasta que otra nebulosa cultural la desplace, según las necesidades de los grupos en el poder, aquellos que manejan las reglas de lo económico. En algunos momentos ambas realidades se trastocan y en otros se repelan, y en el medio el ser humano es el punto de inflexión. ¿qué nos queda en medio del confinamiento?, quizás Octavio Paz nos invite a re-pensar con el siguiente momento de El Laberinto de la Soledad: “Nos aguardan una desnudez y un desamparo. Allí, en la soledad abierta, nos espera también la trascendencia: las manos de otros solitarios”. Transformar el confinamiento de la soledad al encuentro democrático con animado por una filosofía de la práxis, que permita por medio de núcleos de trabajo preparar la refundación nacional y posteriormente regional, como decía Manuel Mora La Revolución se desarrolla en cada medio de acuerdo con sus características, y son los respectivos pueblos los llamados a realizarla”, por lo tanto,  apropiarnos de diversas áreas de la sociedad, propiciando una lenta transformación de la conciencia, desde la base popular, aquella que no puede decir #quedarseencasa, porque sus realidades son invisibles para los ojos del ídolo del capital, esa debe ser la tarea permanente, frente a la retórica neoliberal del desmantelamiento del Estado que se agita, y frente a la critica recalcitrante pero estéril de las izquierdas trasnochadas.

La transformación de la base ideológica posibilitará la transformación de la estructura institucional, superar el virus como ídolo que clama por víctimas y ofrendas para la salvación de elegidos, implica salir fuera de las redes de la retórica eurocéntrica, que en esencia es neoliberal, y responder con propiedad al cinismo de esta agenda política internacional que procura, como caracteriza Hugo Assmann, “anteponer otros derechos y otras necesidades, donde ni siquiera las necesidades básicas son atendidas para la mayoría”.

El virus como crisis sanitaria pasará, eso es cierto, pero el virus como herramienta de lenguaje político, que potencia la violencia estructural continuará hasta ser suplantado por una nueva tendencia del lenguaje, contra lo que indiquen algunos (influecer) académicos, el capitalismo no morirá con el Covid-19, el virus es solamente una escena más de la trágica historia económica.

El sueño idílico del nuevo ciudadano con conciencia ética planetaria, animado por la justicia social, que aspire a la transformación local-regional de las instituciones para el resguardo de las condiciones de vida digna no será resultado de una pandemia, la tarea en la construcción de una nueva humanidad no se logrará de manera instantánea ni siquiera con la llegada de un Mesías. Esto no implica una desesperanza en la humanidad, ni un pesimismo radical, sino un llamado a un trabajo permanente, en el que solamente unos descubrirán su llamado histórico para tomar el arado y separar la calamidad del trigo, ahí está la verdadera democracia.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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