Congreso en escena: el verdadero drama no está en la renuncia, sino en lo que nunca legislan

Costa Rica enfrenta problemas reales y urgentes: una inseguridad creciente que pone en riesgo la vida y la propiedad, un mercado laboral asfixiado por regulaciones obsoletas, una economía lenta por exceso de impuestos y trámites y un sistema de servicios que desalienta la inversión productiva. Son temas que sí le corresponde atender a la Asamblea Legislativa, porque el Congreso es el encargado de dar el marco legal para que el país funcione.

Pero en lugar de enfocarse en temas como los citados, los diputados —con Liberación Nacional llevando el guión— decidieron gastar horas de Plenario en un show político alrededor de la renuncia del vicepresidente Stephan Brunner. No se trató de fiscalización seria ni de control político útil; fue un espectáculo para la gradería de sol, una distracción más mientras la agenda importante sigue esperando.

Lo que se debería estar discutiendo hoy es:

  1. Seguridad y crimen digital
    El Congreso tiene el poder de aprobar reformas que permitan a la fuerza pública y al sistema judicial actuar con rapidez y eficacia. No se trata de gastar más, sino de legislar para eliminar duplicidades, simplificar procesos y priorizar recursos donde realmente protejan al ciudadano: en su barrio, en su casa y ahora también en su banca en línea.
  2. Empleo y economía
    El trabajo digno y la inversión no nacen de discursos, sino de un entorno libre de trabas. Urge reducir cargas impositivas excesivas, eliminar regulaciones obsoletas y aprobar marcos laborales flexibles que permitan acuerdos voluntarios como la jornada 4×3. Un Congreso serio estaría desmontando barreras, no levantando cortinas de humo.
  3. Infraestructura y modernización sin agrandar el Estado
    La infraestructura puede y debe avanzar sin que el Estado se convierta en constructor e inversionista monopólico. La Asamblea debería estar aprobando leyes que faciliten concesiones, alianzas público-privadas y participación de capital privado para que los proyectos se concreten en tiempo y forma, beneficiando al usuario sin inflar la planilla estatal.
  4. Control político real
    El Congreso está para vigilar que el Ejecutivo cumpla su función y que no se abuse del poder ni de los recursos. Eso implica investigar contratos dudosos, frenar legislación que cree privilegios injustos y exigir cuentas claras a cualquier jerarca, sin convertir el control político en circo político.

Este episodio no es nuevo, es parte de un patrón donde los grandes problemas se dejan para mañana, pero los espectáculos se atienden hoy. Se reacciona con velocidad para fabricar titulares, pero no para eliminar impuestos absurdos, simplificar permisos o abrir el mercado energético.

El resultado es predecible: el ciudadano pierde tiempo, oportunidades y dinero, mientras la clase política gana visibilidad y cada minuto dedicado a este teatro es un minuto robado a la agenda de seguridad, empleo y libertad económica.

No se trata de ideologías vacías, sino de sentido común: un Congreso útil crea condiciones para que la gente viva segura, pueda trabajar sin obstáculos y prospere sin pedir favores a un burócrata. El Poder legislativo no está para inflar el Estado, sino para devolver poder al ciudadano.

Mientras ellos siguen midiendo micrófonos para el show, el ciudadano ya no le alcanza su paciencia, porque el poder no está en una curul, está en el voto del soberano, en el control político hecho por los mismos ciudadano, en la exigencia y en la decisión de no premiar más a quienes viven del arte de la distracción.

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