
“Llegará el día en que termine esta horrible guerra y volveremos a ser personas como los demás, y no solamente judíos” Anna Frank.
ONU, 27 de enero, Día Internacional: Conmemoración del Holocausto.
Al conmemorar el Día de las Víctimas del Holocausto, establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es deber la solidaridad activa, manifestarse en pro de la vida, la libertad y la dignidad: No se debe ser pasivo.
Al respecto, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas António Guterrez, expresó “Hoy honramos la memoria de los seis millones de miembros de la comunidad judía que perecieron en el Holocausto, y de las otras muchas víctimas del horror y la crueldad”.
Y, nosotros también debemos honrar la memoria de seres humanos víctimas del “horror y la crueldad”. En aquella terrible catástrofe: la maldad imperó contra la dignidad humana. La maldad, cruel… sangrienta, gobernó con desprecio, por ejemplo, en el campo de concentración y exterminio Auschwitz – Birkenau.
En esa degradante catástrofe, millones de seres humanos fueron ultrajados, torturados, asesinados, y con ellos… también a padres, hermanos e hijos.
El odio atacó al ser humano, imperó locura de gobernantes con alma mala. Y, esa alma mala, con voz populista engañó y sembró terror, pasividad y desesperanza.
Refiriéndose a esa triste época, es importante hacer síntesis de frases del alemán, Martin Niemöller, que expresó… cuando los nazis vinieron a buscar a (otras personas), guardé silencio, cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncie palabra; cuando vinieron a buscarme a mí, no había quien me defendiera.
Triste época; y por ello la solidaridad debe ser activa. Dios quiera y nosotros nunca guardemos silencio. Nunca nos humille la maldad del populista, ni del dictador.
Lamentablemente la maldad sembró terror, disfrutaba la sangre humana, gozaba del dolor humano.
Había temor, tristeza e impotencia. Impotencia que jamás debe existir más. Hoy y siempre debe imperar la ética de la solidaridad activa. Debemos hacer nuestros los sentimientos de Nelson Mandela, que nos guía; “la mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse”.
Y, para permanecer levantados, para estar firmes; es nuestro deber -moral y espiritual- educar a las nuevas generaciones, sobre los despreciables resultados de ese odio que existió sobre la vida de millones de almas exterminadas, de forma sanguinaria por el destructivo gobierno nazi.
Educar: compromiso que debemos asumir desde todos los ámbitos, iniciando desde la familia, para que eternamente se defienda que todos los seres humanos tenemos derecho a la vida, la libertad y la dignidad sin discriminación alguna.
Aquella degradante época fruto del mal debe ser recordada sin pasividad; con respeto pleno por lo seres humanos que sufrieron esos crueles acontecimientos. En relación a ello, cito al ex secretario general de la ONU, Ban Ki-moon: “Los sobrevivientes del holocausto no estarán con nosotros para siempre, pero el legado de su supervivencia debe subsistir. Debemos preservar sus historias mediante monumentos o mediante la educación, pero fundamentalmente, obrando con decisión para prevenir el genocidio y otros crímenes graves. Prometamos juntos cumplir el cometido de recordar el holocausto y defender la dignidad humana de todos”.
Sí, prometamos desde lo profundo de nuestras almas: todos debemos tener la ética del compromiso fraternal. Del compromiso activo en pro de la vida y dignidad de la humanidad toda.
El más noble honor, que podemos otorgar a las víctimas del Holocausto, es clamar… nunca más la pasividad humana. La injusticia para ser destruida, requiere nuestra actitud positiva.
Y, no olvidemos el pensar de Albert Einstein “El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad”
No la permitamos. Con actitud noble evitemos las injusticias. Combatámoslas con hechos positivos.
Dios bendiga a los seres humanos de buena voluntad.
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