
Señor Presidente, éste Siglo XXI es el momento histórico-social que nos tocó vivir a cinco millones de costarricenses de la mano de un (Gobierno de Unidad Nacional), amparados por una Constitución Política que respetamos y defendemos, la cual no nos es ajena, debido a que acoge a toda la ciudadanía a partir de lo multiétnico y pluricultural desde su Artículo Primero. Donde las diferencias es lo que caracteriza a nuestra idiosincrasia, más allá de separarnos como Nación, consolidándonos como un único pueblo.
Sin embargo, entendemos que al percibirnos diferentes de toda Centroamérica a la vez también somos iguales. Y expreso esto desde una visión critico-filosófica de nuestra democracia, porque ya es muy poco lo que nos separa en éste momento coyuntural de otros pueblos vecinos, en relación con la xenofobia, violencia generalizada, crimen organizado, narcotráfico, corrupción dentro de la función pública y disparidad económico-social que crece día a día.
Por ello dentro de éste contexto, no es posible pensar y pensarse dentro de una República realmente democrática, libre e independiente, esa del Bicentenario, mientras cientos de niñas, adolescentes, esposas, madres y abuelas son agredidas, física, psicológica, económica y sexualmente, siendo nuestros derechos pisoteados una y otra vez a vista y paciencia de las autoridades y, frente a quienes se creen exentos de respetarnos en cualquier espacio o lugar, debido a que existen costarricenses con más derechos que otros, considerados de primera y segunda, donde en ésta última categoría nos sitúan a las mujeres.
Expreso lo anterior de ésta forma, porque la realidad que me circunda, esa que nos acontece cada día a todas y todos, no me es ajena y menos, desde ningún flaco político-social, ni tampoco económico, más allá del imaginario colectivo que pueda permear a algunos que miran al país con ojos de antaño de una Costa Rica pacífica, donde somos y nos comportamos como igualiticos y hermaniticos, solucionando las cosas a través del diálogo y la paz. Cuando la verdad es que la globalización, hizo que nada sea igual, porque el Mundo es otro.
Así que el amor, ese al que Usted hace referencia cuando habla sobre Costa Rica y el que lo hace sentirse orgulloso de ser costarricense, no le impide a otros evidenciar los gravísimos problemas en los que se encuentra sumido éste país, debido a una culturalización de la violencia y disparidad social que muchas veces, se justifica como resultado de las olas de migrantes que azotan la zona y que excluye al discurso patriarcal y autóctono que nos caracteriza, transmitido generación tras generación.
Ante todo Señor Presidente, no se le piden peras al olmo, pero sí que por favor sumemos esfuerzos con la misma pasión y entrega que se ha hecho en otros ámbitos sociales a la lucha por la protección de los derechos, deberes y garantías de millones de mujeres, desde diferentes espectros del quehacer político. Ya que muchas nos vemos expuestas a un sin número de violaciones a nuestra integridad personal, no solo en la calle, centros de trabajo o en nuestros propios hogares sino también, dentro de los ámbitos de la “Academia”.
La base ético-moral de toda sociedad, se fundamenta en su Constitución Política y luego se debería de difundir a través de los centros de enseñanza superior que en éste país, le han dado la espalda al sol, en lugar de liberar la mente de las estudiantes y no subyugar su espíritu al abuso y acoso que no debería percibirse ajeno para nadie.
Así que el sentido de ésta carta se orienta en que si éste es un Gobierno de todas y todos, en donde los “Derechos Humanos”, son pilares fundamentales de una democracia representativa, como sustento de un Estado Social de Derecho, los espacios universitarios, donde Usted también se forjó, deberían de volver a ser ambientes libres de violencia.
Porque una sociedad permisiva de la agresión, genera ciudadanos transgresores, gente con miedo hacia el diferente al que cuestiona de frente y eso, sí que es típico de éste país, se llama choteo en una nueva versión más agresiva pero muy acorde con nuestra educación; como lo evidenció la violencia de la que ayer fuimos testigos en el Parque de la Merced, la Plaza de la cultura y el Parque Central y que no va a desaparecer, porque Costa Rica ya no es igual y por ello, el abordaje y tratamiento frente a éstos hechos tampoco debe serlo y es a eso, a lo que se refiere el llamado de atención de la Defensoría de los Habitantes.
Grupos de simpatizantes nazis, barras deportivas y anarquistas, todos de acuerdo en una sola voz xenófoba, comprueban que en el país la cultura de la violencia siempre ha estado presente, basta con hacer memoria sobre la Guerra del 48 y las familias enteras enfrentadas por diferencias ideológicas, donde padres e hijos se mataron sin problema.
Entonces Señor Presidente, los hijos y nietos de excombatientes sabemos que la idiosincrasia de ésta Nación, no es la misma que se vende al exterior, sino la que debemos asumir y enfrentar, si queremos sacar adelante a Costa Rica de la profunda crisis en la que se encuentra sumida y que hoy más que nunca, tiene a ésta Nación dividida…
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