Análisis pedagógico: La racionalidad en el programa de educación sexual

» Por Mariano O. Murillo Cedeño - Docente

Una educación sexual de calidad es aquella que le permite al joven estudiante analizar la sexualidad humana, no desde parámetros simplemente emotivos o impulsivos, sino a través de un juicio racional honesto y contextualizado. No hay nada que empobrezca más la sexualidad que vivirla como si se tratase de un amor de telenovela, o reducirla a un apetito sexual, que vive de placeres momentáneos y es incapaz de fundar encuentros personales. Una sexualidad auténticamente humana no es la que actúa sin límites, sino aquella que sabe expresarse de forma inteligente.

El MEP ya tenía una comprensión así de amplia e integral de la sexualidad humana, desde 1970, cuando el entonces ministro de Educación, Víctor Brenes Jiménez, dijo en el V Seminario Nacional de Demografía: “Asistimos en nuestros días –y grande fortuna es que sea así– a la superación de la concepción ‘biologista’ de la sexualidad humana vigente durante siglos, para ser sustituida, no sin dificultades, por una visión ‘personalista’ […]. La ‘personalización’ de la sexualidad humana en el fondo no es otra cosa más que su racionalización, vale decir, su sometimiento al imperio de la razón humana y, por ende, su humanización” (Brenes, 1970, p. 423). Y es que

Los jóvenes tienen toda la capacidad de tomar decisiones sabias en la vivencia de su sexualidad, siempre que se les brinde las herramientas necesarias. Por eso la educación formal juega un papel primordial, más no único, en el alcance de este objetivo. Los centros educativos son el apoyo que necesitan los padres para dar datos científicamente válidos. Ellos esperan que en Ciencias les expliquen el cuidado y el funcionamiento del cuerpo, que en Psicología se fomente la madurez afectiva y las sanas relaciones de pareja, y que en otras asignaturas como Cívica, Hogar y Filosofía, se alienten valores cívicos, normas de convivencia y principios éticos. También puede encontrar valores cristianos en las clases de Educación Religiosa, o en su iglesia particular.

Para poder tomar decisiones acertadas es necesario fomentar el juicio crítico del estudiante y aunque el programa repite una y otra vez que sí lo hace, no se sugiere crear espacios de debate e investigación, no se ofrecen diversas alternativas ante una misma situación y todo queda reducido a una mal llamada ciudadanía global con identidad nacional. Esta uniformidad atenta contra el verdadero juicio crítico y paraliza el progreso. Según el MEP en su programa de sexualidad para décimo año, ciertas actividades “reducen la racionalización y facilitan la expresión de sentimientos y emociones” y esto se hace con la finalidad de “disminuir las resistencias que pueden tener las personas ante determinada temática” (MEP, 2017, 17).

Todo docente sabe que toda actividad por muy lúdica que sea, en el fondo siempre es útil para generar un aprendizaje, incluso si es un aprendizaje afectivo, no puede desconectarse de la razón, más si sobre sexualidad se trata. Las estrategias didácticas tienen que buscar un fin más noble que la emotividad. Pedagógicamente hablando, es lamentable que aun entandamos lo lúdico como mera diversión sin propósito.

Si hay algo que la moderna educación sexual tiene claro, es que el órgano sexual más importante es el cerebro. No solo por la función biológica que desarrolla la glándula pituitaria, sino por el control que da a nuestros afectos y deseos. Precisamente ésta sobrevaloración de lo afectivo sobre lo racional, está provocado que la adolescencia se extienda más allá de los 20 años en occidental. Por ejemplo, en Reino Unido desde el 2013, oficialmente se considera que la adolescencia podría finalizar hasta los 25 años.

Nadie en su sano juicio se opondría a la educación sexual, pero parece que en 1970 estábamos mucho más adelantados. El MEP tiene que revalorar muy bien la forma en como está presentado este tema, porque Costa Rica está despierta y exige no una educación sexual emotiva, sino una racional, científica y mucho mejor elaborada.

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