
La estabilidad de los macroprecios a largo plazo en Costa Rica es fundamental para el accionar eficiente de nuestra economía e influye positivamente en el crecimiento económico del país. La volatilidad de variables como la inflación, el tipo de cambio y las tasas de interés, en el pasado reciente de Costa Rica ha sido alta en comparación con economías de similar desarrollo y más aun con las economías desarrolladas. Por lo tanto, es necesario afianzar la estabilidad registrada por estas variables en los últimos años para obtener de ellas todos los beneficios sociales posibles.
Cada país presenta particularidades que requieren acciones de política pública a la medida y que la ortodoxia económica no trata por ser muy específicas o porque muchas veces pueden ir contra la corriente ideológica que impera. Es por lo anterior, que quiero plantear algunas acciones particulares sobre la política de administración de las Reservas Monetarias Internacionales (RMI) que, a mi parecer, debemos poner bajo análisis y que podrían ayudar a cimentar la estabilidad económica.
El Banco Central de Costa Rica (BCCR), casi desde toda perspectiva, tiene RMI en exceso: 6,0 meses de importaciones y 1,7 veces la base monetaria restringida, cuando la norma tradicional equivale a 3 meses de importaciones y un monto equivalente a ese agregado monetario. Así también, la regla de Guidotti-Greenspan sobre el nivel de las reservas internacionales postula “que los países deben mantener reservas líquidas iguales a sus pasivos externos que vencen dentro de un año” (Rodrik, 2006). Actualmente, el BCCR mantiene un 60% de las RIN a plazos menores a un año, en tanto que los pasivos públicos externos con vencimiento a menos de un año son ínfimos.
Las reservas netas en custodia del BCCR alcanzan un nivel de EUA$7.200 millones, al 27 de diciembre de 2017, depositadas en bancos internacionales de primer orden, ganando tasas de interés promedio cercanas al 0,75% anuales; mientras que los pasivos públicos (deudas) externos ascienden a EUA$5.200 millones (43% de los pasivos totales) a tasas de interés promedio anual de 7,80%. Lo anterior implica, que el país tiene un costo de oportunidad de alrededor de EUA$350 millones de dólares al año por la brecha de tasas de interés de sus activos y pasivos públicos externos. Es claro que esa diferencia de tasas de interés se explica, en parte, por las diferencias entre plazos de los depósitos y las captaciones en moneda extranjera y por los deferenciales de riesgo soberano.
Altos niveles de RMI obliga al BCCR a esterilizarlas con costos elevados para el país, en términos de diferenciales en tasa de interés, presión sobre el mercado cambiario (sobrevalorando el colón), en distorsión del mercado de crédito interno abaratando artificialmente el financiamiento en dólares y por lo tanto incrementando los riesgos financieros ante la posible reversión de los flujos de capitales.
El incremento en el saldo de RMI en poder del BCCR es consecuencia, entre otros factores, de las políticas monetarias expansivas que han aplicado los países desarrollados con el objetivo de impulsar sus economías y abaratar sus monedas para ganar competitividad cambiaria. Esta situación puede perjudicar los esfuerzos de nuestro país por proteger el dinamismo de nuestro crecimiento económico. Es por esto que el Fondo Monetario Internacional aceptó, tiempo atrás, que los países tienen el derecho de implementar políticas y acciones para moderar los movimientos de capitales.
El conflicto real que deriva del alto nivel de RMI es que implica mantener un extraordinariamente alto costo sin que sean evidentes sus beneficios, por ejemplo: una más eficiente intermediación financiera, mayor inversión local y un crecimiento importante en la cartera crediticia bancaria. La acumulación de RIN señalada, no obedece a una política deliberada de nuestro país, acorde con la estrategia de crecimiento, sino que es consecuencia de las políticas de otras economías y que afectan a nuestro desenvolvimiento económico.
El resultado financiero neto de conservar reservas en excesos representa una pérdida para el país. Dani Rodrik, calculó en el periodo 1995 – 2004 el costo de esta acumulación de reservas pasa de 0.002 por ciento a casi 1% del PIB de los países en desarrollo de acuerdo a la cita anterior. Este autor presenta la conclusión que “Las naciones en desarrollo están pagando un precio muy alto para respetar las reglas de la globalización financiera”.
Cálculos preliminares para Costa Rica revelan que el costo anual de mantener el nivel de RMI de diciembre del 2015 es cercano a 0,74% del PIB, calculado este como el costo de esterilizar esos recursos menos los rendimientos obtenidos por el depósito de los dólares en bancos internacionales, más el costo de oportunidad de no utilizarlos para amortizar deuda pública; este monto es equivalente a más de 30 mil bonos de vivienda por año.
Deberíamos repensar de manera integral el uso que le debe ser dado a las RMI en exceso, máxime si hemos optado por un régimen cambiario muy flexible (aun dentro de ciertos parámetros). Es una discusión que siento no hemos dado a profundidad. Creo que podemos encontrar maneras de evitar esos costos excesivos, reducir presiones que se están acumulando en el ámbito financiero ante un eventual ajuste, y corregir las fallas del mercado que nos están llevando a pagar costos altos por el crédito.
El objetivo no es polemizar sobre este tema sino realizar un debate que beneficie al país. Hay opciones que pueden ser exploradas como líneas crediticias con organismos multilaterales: FLAR, BCIE, BID, Banco Mundial, entre otros, que podrían sustituir la necesidad de tanto “efectivo” caro. Es un debate que bien lo vale y que urge por el bien del país.
Es nuestro deber encontrar soluciones permanentes a las fallas del mercado que distorsionan la asignación eficiente de los recursos y este es uno de esos temas que es demasiado grande e importante para no tener un debate profundo en el país.
Sé que este tema hará saltar a los proponentes de la dolarización, pero los costos de esa opción aun serían mayores financieramente y en términos de crecimiento económico.
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1. Rodrik, Dani, (2006), “The Social Cost of Foreign Exchange Reserves”, NBER WP 11952, January. International Economic Journal, September 2006, vol. 20, No. 3, p. 253-266.
El autor del artículo es economista, fue ministro de Economía de la Administración Solís Rivera y es candidato a diputado del PAC para las elecciones del 2018.
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