A 160 días de que se abran las mesas de votación para elegir a las próximas personas que vayan a dirigir nuestro país, emprendo la la tarea de hacer una reflexión desde mi perspectiva como adulta joven, frente a una Costa Rica que urge de liderazgos asertivos y capaces, pero sobre todo, con un objetivo claro para enrumbar al país.
Más de 20 perfiles se postulan y se presentan como la salida conveniente para presidir en Casa Presidencial, hace falta de ahora en adelante que todas esas caras demuestran con argumentos sólidos y concretos, las razones de peso por las cuales ellos y sus equipos de trabajo deberían portar la banda presidencial.
Espero entusiasmada que este proceso electoral no caiga en juegos absurdos y dicotomías dañinas que poco aportan a la construcción de un país íntegro y estable, en el que todas las personas costarricenses merecemos vivir. Errores y manipulaciones del pasado han convertido a la contienda electoral en un juego de demagogias y estrategias dañinas, impulsadas por la sed de poder. Nada más alejado de una sana democracia.
Con un enfoque especial, esperaría que las candidaturas prioricen la erradicación de la pobreza, no con soluciones superficiales, sino transformando y enriqueciendo el sistema educativo; formal y no formal. Que busquen generar políticas, duraderas, sólidas y que puedan perdurar en el tiempo y que no solo contengan el hambre por un par de días.
Asimismo, me gustaría ver propuestas que fomenten la innovación, las comunidades sostenibles y las energías asequibles y no contaminantes, colocando la paz y la justicia social como pilar de toda política.
A 160 días de las elecciones, espero que el proceso democrático, sea eso, una decisión libre y sin coerciones, con debates serios, velando por la construcción de una Costa Rica más igualitaria, con más trabajo y con mayores oportunidades. Que quienes lleguen a Zapote y Cuesta de Moras sean personas capacitadas, que tengan como objetivo servir y no servirse, y con los conocimientos técnicos necesarios para continuar construyendo un país cada día más próspero.
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