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205 años de vida independiente: ¿dónde quedó el RESPETO?

» Por Dr. Kirk Salazar Cruz - Investigador y especialista en innovación.

Hoy Costa Rica celebra 205 años de vida independiente. Y mientras veo nuestra bandera ondear y recuerdo todo lo que representa este pequeño gran país, no puedo evitar hacerme una pregunta que desde hace algún tiempo me preocupa profundamente:

¿Dónde quedó el respeto?

Celebramos la independencia porque un día nuestros antepasados tuvieron la oportunidad de comenzar a construir su propio destino. Pero la independencia no puede ser solamente una fecha en el calendario, un desfile, un farol encendido o una bandera colocada frente a nuestras casas.

La independencia también es libertad.

Libertad para pensar.
Libertad para cuestionar.
Libertad para opinar.
Y, sobre todo, libertad para decir aquello que creemos correcto, aunque no siempre resulte cómodo escucharlo.

Pero esa libertad necesita algo indispensable para sobrevivir: respeto.

Y ahí nace mi preocupación cuando observo la Costa Rica de hoy.

¿Hasta dónde seguiremos haciéndonos de la vista gorda? ¿Hasta cuándo seguiremos viendo banderas políticas antes que personas? ¿En qué momento permitimos que pensar diferente se convirtiera en motivo para señalar, atacar o despreciar al otro?

Hace algún tiempo tomé una de las mejores decisiones de mi vida: alejarme de la política.

No porque dejara de importarme Costa Rica. Todo lo contrario.

Decidí que quería ser simplemente un ciudadano con vocación de servir, ayudar cuando pudiera y dejar una huella positiva en mi país. Quise dejar atrás las diferencias, los enfrentamientos y esas discusiones que muchas veces terminan separándonos más de lo que nos unen.

Con el tiempo, sin embargo, comprendí algo.

Uno puede alejarse de la política, pero nunca debe alejarse de su ciudadanía.

Hoy algunas personas todavía me recuerdan como aquel que escribía cuando algo no le parecía bien, como quien levantaba la voz y decía lo que pensaba. Y sí, cuando miro hacia atrás, seguramente existen palabras fuertes de las que puedo arrepentirme. Los años también nos enseñan que podemos defender nuestras ideas sin lastimar y que tener razón nunca nos da derecho a irrespetar.

Pero hay algo de lo que no me arrepiento: de haber ejercido mi libertad de opinar.

No me arrepiento de preguntar.
No me arrepiento de cuestionar.
No me arrepiento de señalar aquello que consideraba incorrecto.
Y jamás podría arrepentirme de defender mi derecho a decir lo que pienso y lo que considero verdad.

Porque callar para evitar incomodar tampoco puede convertirse en la Costa Rica que queremos.

Somos un país que históricamente no se ha dejado intimidar. Somos un pueblo que trabaja, que lucha, que pregunta y que no come cuento. Pero debemos tener cuidado: ser firmes no significa ser irrespetuosos. Cuestionar no significa odiar. Pensar diferente no convierte al otro en enemigo.

Podemos tener distintas banderas políticas, distintas opiniones y distintas maneras de imaginar el futuro. Al final, cuando guardamos esas banderas, todos seguimos bajo una sola: la bandera de Costa Rica.

Quizás esa sea una de las reflexiones que necesitamos hacer en estos 205 años de independencia.

Preguntarnos qué país estamos construyendo.

Preguntarnos qué ejemplo estamos dejando.

Preguntarnos si queremos una Costa Rica dividida entre unos y otros, o una Costa Rica donde todavía podamos sentarnos, mirarnos a los ojos, disentir y después estrecharnos la mano.

Nuestros antepasados hicieron su parte. A nosotros nos corresponde hacer la nuestra.

Yo seguiré creyendo en el servicio. Seguiré creyendo que se puede dejar huella sin ocupar un puesto político. Seguiré creyendo en la libertad de expresión y en el derecho de cada costarricense a levantar la voz cuando considere que algo no está bien.

Pero también quiero seguir aprendiendo algo que quizás sea todavía más importante: que nuestras palabras pueden ser firmes sin perder el respeto.

Porque Costa Rica necesita menos indiferencia y más participación; menos banderas que nos dividan y más causas que nos unan; menos ataques personales y más discusión de ideas.

A 205 años de vida independiente, quiero una Costa Rica donde podamos volver a encontrarnos.

Una Costa Rica que no tenga miedo de decir la verdad.

Una Costa Rica que no se deje intimidar.

Una Costa Rica que luche por aquello en lo que cree, como lo hicieron quienes estuvieron antes que nosotros.

Pero, sobre todo, una Costa Rica donde nunca olvidemos que ninguna diferencia debe estar por encima del respeto entre seres humanos.

Nuestro Himno Nacional nos dejó una hermosa aspiración:

“¡Vivan siempre el trabajo y la paz!”

Hoy, desde mi condición de ciudadano y desde el amor que siento por este país, quisiera agregar una palabra que necesitamos recuperar y defender todos los días:

RESPETO.

Que vivan siempre el trabajo, la paz y el RESPETO.

¡Que viva Costa Rica!

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