
“Mi salud, mi derecho” es el lema que se eligió este año para conmemorar el Día Internacional de la lucha contra el SIDA, y es que la salud se encuentra protegida por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, consagrada en su artículo 25 donde expresa que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar”, traído al contexto del VIH, ello se abarca desde varios esfuerzos, no sólo en la prevención del virus a través de las herramientas adecuadas y no sólo en su atención a través del suministro de tratamientos antirretrovirales a las personas que viven con el virus, es de vital importancia la armonización con los servicios complementarios de psicología, trabajo social, nutrición, entre otros que favorezcan una adherencia óptima al tratamiento.
En el marco de ONUSIDA, existen 3 ambiciosas metas que deben de cumplirse para el año 2020, ellas son:
- Que en 2020 el 90% de las personas que viven con el VIH conozcan su estado serológico respecto al VIH.
- Que en 2020 el 90% de las personas diagnosticadas con el VIH reciban terapia antirretrovírica continuada.
- Que en 2020 el 90% de las personas que reciben terapia antirretrovírica tengan supresión viral.
La cascada de atención 90-90-90 no es un hito que surgirá de manera automática, ella se consolida día a día con base en el trabajo que se hacen desde diferentes trincheras, se debe de reconocer la importante labor que realizan nuestras autoridades sanitarias, así como la realizada por los organismos de sociedad civil, sin embargo aún queda una gran tarea por delante, el cambio social. Las sociedades tradicionalmente han visto como un tabú el tema del VIH, y el caso costarricense no ha sido la excepción, la falta de información ha sido en parte gran responsable del esparcimiento de la enfermedad, así como de muchos daños psicológicos que han producido el estigma y la discriminación.
ONUSIDA estima que en el mundo 36,7 millones de personas con el virus del VIH, de esos casos, 2 millones se localizan en la región latinoamericana, si bien es cierto ha habido respuesta, dado que la cantidad de personas que se someten al tratamiento antirretroviral aumenta año a año, mientras desciende la cantidad de muertes por SIDA, en temas de prevención quedamos debiendo, pues el número de casos de personas que contraen el VIH ha aumentado en los últimos años. En el ámbito costarricense, según datos suministrados por la CCSS, en el año 2013 se detectaron 640 casos nuevos, mientras que en el 2016 se detectaron 781, ante esas cifras surge la duda sobre la efectividad de los programas de educación y prevención. ¿Acaso no estamos llevando el mensaje correcto? ¿Qué necesitamos para una transformación social hacia una verdadera cultura de prevención y prácticas sexuales seguras?
Los años venideros serán clave para observar algún tipo de luz hacia éstas interrogantes, efectivamente nuestra sociedad está atravesando cambios, sin embargo, estos cambios son lentos, la implementación de programas de educación sexual es una parte importante, sin embargo, es necesaria la apertura de cada vez más espacios de diálogo, espacios verdaderamente enriquecedores en donde se vaya más allá de la teoría, se compartan experiencias de personas que sepan lo que es afrontar una condición de salud, personas que hablen con bases sólidas, que logren informar sin tabúes ni prejuicios.
El VIH es una enfermedad crónica, pero además es un tema de estudio transdisciplinario, que si bien ha desatado polémicas, también ha contribuido a la transformación de la sociedad, ha traído a la mesa de discusión a muchas poblaciones clave que previamente eran invisibilizadas. Este 1° de diciembre tenemos mucho por lo que celebrar, hay muchos avances que festejar y hay que reconocer que quizás hoy en día tenemos una sociedad que poco a poco se hace más humanista, sin embargo, en este Día Mundial de la lucha contra el SIDA, queda claro que aún hay mucho por lo que luchar y un largo camino por recorrer, ¡Feliz 1° de Diciembre!
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