
Por Almudena de Cabo (dpa)
Berlín, 23 jul (dpa) – Las últimas detenciones de activistas de derechos humanos en Turquía parecen haber acabado con la paciencia del Gobierno alemán, que no ha dudado en salir a la palestra para anunciar una serie de medidas contra Ankara a pesar de los profundos vínculos que unen a los dos países.
“El ministro de Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, quiere mostrar al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que Alemania no puede permitir todo”, escribió el diario alemán “Frankfurter Allgemeine Zeitung” después de que el jefe de la diplomacia germana anunciara una “reorientación” de la política hacia Turquía como reacción a la detención del activista de derechos humanos alemán Peter Steudtner, y otros ciudadanos del país. En total hay nueve alemanes en cárceles turcas.
“Parece difícil mantener conversaciones normales con Erdogan. Hace poco calificó a los alemanes de ‘fascistas’ y acusó a la canciller alemana de emplear ‘métodos nazis'”, recordó el diario. “La paciencia del Gobierno alemán -Gabriel indicó en su declaración que cuenta con el apoyo de la canciller- ha llegado a su fin”, agregó.
La cuerda entre los dos Gobiernos se ha ido tensando cada vez más y amenaza con romperse. Desde hace meses se suceden las acusaciones entre ambas administraciones debido a la campaña electoral de Ankara para el referéndum presidencial que se celebró en abril y al encarcelamiento de un periodista turco-alemán. A lo que hay que sumar la reciente detención de seis activistas pro derechos humanos acusados de apoyar a una organización terrorista.
Atrás quedaron los tímidos avances logrados el último año después de la última crisis entre los dos países que estalló en junio de 2016 cuando el Parlamento alemán aprobó una resolución que calificaba como genocidio la masacre sufrida por los armenios cien años atrás en el Imperio otomano.
La marcada deriva autocrática e islamista de la que es acusado el presidente Erdogan desde que tuvo lugar el intento de golpe de Estado en Turquía en julio de 2016 tampoco ayudó a limar asperezas en los últimos meses.
El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, no dudó en comparar esta semana a Turquía con la dictadura de la Antigua Alemania del Este (RDA).
“Turquía encarcela de forma arbitraria y no cumple con los estándares mínimos consulares. A mí, eso me recuerda a cómo era la RDA”, señaló en declaraciones al diario sensacionalista “Bild”.
Estas circunstancias llevaron a Alemania a advertir de que el país del Bósforo se ha convertido en la actualidad, también para los turistas alemanes, en un lugar peligroso.
Desde la plana política alemana han dejado claro que apoyan el endurecimiento de la postura hacia Turquía ya que ven el comportamiento de Ankara como “inaceptable”.
“Queremos tener buenas relaciones con este gran e importante país. Pero esto solo será posible si Turquía es y sigue siendo un Estado de derecho”, afirmó el jefe de gabinete de Angela Merkel, Peter Altmaier.
Sin embargo, Berlín y Ankara se necesitan. En Alemania viven más de tres millones de personas de origen turco, siendo la comunidad de migrantes más numerosa que existe en el país.
A estos lazos se suma el pacto de la Unión Europea (UE) con Turquía para resolver la crisis de los refugiados y las relaciones económicas, donde Alemania se alza como el segundo país que más exporta a Turquía, por detrás de China. Además, la UE es el socio comercial más importante de Turquía. Cerca de un 48 por ciento de todas las exportaciones turcas tuvieron como destino la UE en 2016.
De esta manera, Alemania es consciente de que para presionar a Turquía tiene que hacerlo donde más le duele: en el plano económico. Para ello alertó sobre las condiciones de inversión de las empresas alemanas en Turquía y pidió la revisión de los créditos en inversiones, ayudas económicas y ayudas de la UE al país.
Sin embargo, Alemania no puede decidir en solitario la congelación de las ayudas de la UE a Turquía y la medida es cuestionable. Según publica el rotativo alemán “Süddeutsche Zeitung”, en el programa actual IPA II no existe una antigua cláusula que fijaba como requisito para recibir la ayuda el respecto a los principios democráticos y al Estado de derecho. Según un informe del comité económico del Parlamento alemán, no sería posible suspender la ayuda mientras siga abierto el proceso de adhesión de Turquía, que comenzó en 1999.
Para el ministro de Justicia alemán, Heiko Maas es importante no descartar “ningún medio de presión”. “También Europa debería reaccionar a ser posible de manera compacta a las provocaciones del señor Erdogan”, agregó.
Desde Bruselas apoyan a Berlín. “La reacción de Alemania es comprensible”, declaró esta semana el comisario de política europea de vecindad y negociaciones de ampliación, Johannes Hahn. Europa ha demostrado tener mucha paciencia con Turquía, sin embargo, parece que no lo han sabido valorar, agregó.
De momento, el martes la UE sostendrá una reunión de alto nivel con representantes del Gobierno turco donde se debatirá sobre las tensiones entre el bloque comunitario y Turquía desde el fallido golpe de Estado, así como sobre el estancamiento de las negociaciones de adhesión.