Por Maher Abu Khater y Shabtai Gold (dpa)
Jerusalén, 8 oct (dpa) – El hijo de Haytham Joulani se casa el viernes; por eso quiere ir de compras para la celebración y visitar la mezquita de Al Aqsa en al Ciudad Vieja de Jerusalén para rezar antes del gran día.
Pero en lugar de eso, se topa con una barrera de la policía israelí levantada en medio de una escalada de la violencia, lo que le impide entrar en los bulliciosos mercados de la Ciudad Vieja u ofrecer sus oraciones en el tercer lugar más sagrado del Islam.
“Sólo quería ir de compras con mi mujer, pero la policía me dice que no puedo entrar”, cuenta el hombre de 42 años, residente en Jerusalén Este, de mayoría palestina. La policía lo redirigió a un centro comercial israelí en el oeste de la ciudad, una zona poblada mayoritariamente por ciudadanos judíos.
“Están intentando humillarnos”, dice Joulani con una frustración en aumento, apuntando a un grupo de turistas que saludan tras pasar el puesto de control policial.
Ofer Zalzberg, analista del “think tank” europeo International Crisis Group (ICG), advierte que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, busca sofocar los disturbios en Jerusalén y Cisjordania, pero en realidad sus medidas crean resentimiento.
“Lo que estamos viendo es que Netanyahu está logrando mantener, a duras penas, el statu quo. Pero el nivel de animosidad entre los palestinos está aumentando y también el recurso a la violencia contra Israel”, dijo Zalzberg.
Los palestinos tienen una “sensación de impotencia total”, explica. Su cúpula, incluyendo al presidente Mahmud Abbas, parece incapaz de resolver sus problemas, incluyendo las preocupaciones de que los israelíes de la línea dura intentan acaparar un mayor control sobre Al Aqsa.
Además, los asentamientos judíos continúan expandiéndose en Cisjordania, en medio de apropiaciones de tierra y una amplia red de puestos de control instalados por el Ejército israelí.
El problema, de alguna manera, surge de la falta de un proceso de paz que lleve a una solución a un conflicto que dura décadas. Las negociaciones entre Israel y los palestinos llevan mucho tiempo estancadas y hay pocas perspectivas de avance.
Los palestinos son escépticos con que Netanyahu les permita crear si quiera un Estado propio, después de que el primer ministro rechazara esa idea antes de las elecciones a comienzos de año.
“Sabe que no puede ofrecer un horizonte político”, afirma Zalzberg, así que en lugar de eso está intentando imponer una estrategia de seguridad basada en la disuasión. “Necesita hacer creíble la amenaza de la fuerza, pero no quiere usarla a escala masiva”.
La violencia entre tanto se ha convertido en algo cotidiano, con una mezcla de ataques de “lobos solitarios” y asaltos organizados por las milicias. Tanto palestinos como israelíes han llevado a cabo ataques letales en los últimos meses.
Jóvenes palestinos volvieron a ponerse la “kufiya”, el pañuelo tradicional, envolviéndose con él el rostro para ocultar su identidad y protegerse contra el gas lacrimógeno. Lanzan piedras y cócteles Molotov ante los miserables campamentos de refugiados cerca de Jerusalén y Ramalá, contra las fuerzas de seguridad o los colonos judíos. Y las fuerzas de seguridad reaccionan a esos ataques con una mezcla de gas lacrimógeno y munición real.
Muhannad Abdul Hamid, columnista del diario “Al Ayyam”, cercano a Abbas, señala que una tercera “Intifidada” o levantamiento popular no está aún en marcha. “Lo que vemos hoy son protestas esporádicas y espontáneas en Jerusalén y Al Aqsa”, dijo. “Sin embargo, si hay más muertos y los colonos continúan atacando a los pueblos, las cosas pueden salirse realmente de control”.
El movimiento de colonos judíos ha estado creciendo con cada vez más resolución. Nada casual, pues los partidos de derecha de línea dura son socios clave en el gobierno de Netanyahu.
Su fuerza en dos grandes áreas de Cisjordania parece firme y los analistas sugieren que ahora buscan un movimiento más radical que pretende cambiar el statu quo en Jerusalén.
Ello podría significar un empujón para aumentar el control israelí de la Explanada de las Mezquitas (Haram a Sharif para los musulmanes o Monte del Templo para los judíos) en la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde se ubica la mezquita de Al Aqsa.
Netanyahu tiene la ventaja de que los colonos y sus líderes tendrán dificultades para imponer una postura más agresiva contra los palestinos, pues sería demasiado arriesgado en estos momentos provocar el colapso de su gobierno de derecha, durante mucho tiempo tolerante con los colonos.
Sería arriesgado porque la alternativa sería un gobierno con el Partido Laborista, de centro izquierda, en coalición con Netanyahu, que exija límites a la expansión de los asentamientos y la reanudación del proceso de paz con Abbas.
“La debilidad de quienes superan a Netanyahu por la derecha, tienen la debilidad de que no hay nadie que pueda remplazarlo”, señala Zalzberg.
Mientras tanto, fuera de la Ciudad Vieja, Murad Abu Sneineh, de 24 años, asegura que la policía no le deja ir a casa, por lo que tendrá que buscar un lugar donde dormir. “Esta es la razón de que haya problemas en la ciudad. Cuando la policía actúa de esta manera con nosotros, habrá problemas”.
