
Buenos Aires, 22 nov (elmundo.cr) – Las mujeres son las afectadas ante el crecimiento de la pobreza rural en América Latina y el Caribe, según se desprende de la nueva publicación de la FAO.
El Panorama de la Pobreza en América Latina y el Caribe fue presentado en el marco de la Semana de la Agricultura y Alimentación en Buenos Aires, Argentina.
La publicación advierte una histórica reversión en la pobreza rural en la región, mostrando un crecimiento de 2 millones de personas entre 2014 y 2016, alcanzando un total de 59 millones.
Sin embargo, hace hincapié en que la pobreza no se presenta de manera equitativa en la población rural, ser mujer aumenta las posibilidades de sufrirla.
Una cantidad importante de mujeres rurales no cuenta con ingresos propios. Según la Cepal en el 2002, un 54% de las mujeres rurales mayores de 15 años no tenían ingresos propios, proporción que disminuyó al 39% el 2014.
Siendo una situación preocupante ya que hay que considerar que el 67% de las mujeres ocupadas percibe un ingreso menor al salario mínimo, señala la Cepal.
El informe de la FAO indica que la mayor parte de las mujeres ocupadas en la agricultura lo hacen como jornaleras o temporeras, en condiciones de informalidad, mientras una proporción importante son trabajadoras familiares no remuneradas.
Las mujeres rurales dedican 10 horas más que las mujeres urbanas al trabajo no remunerado y casi tres veces la jornada de trabajo no remunerado de los hombres, menciona la FAO.
Según el informe las mujeres rurales “no remuneradas” se encuentran excluidas de las estadísticas, ya que no están correctamente representadas en los censos agrícolas, ni en los registros para la agricultura familiar y pesca.
El trabajo de las mujeres rurales en la agricultura es subestimado, ya que los campos se conciben como una extensión del hogar y no se separa el trabajo que se hace en los dos espacios.
Otro problema que enfrentan las mujeres rurales es que no existen políticas efectivas para el cuidado de los hijos, lo que ocasiona que esas labores estén a cargo casi exclusivamente de ellas, generando una sobrecarga de trabajo no reconocido ni remunerado.
Además, muchas mujeres no son propietarias de terrenos y la mayoría de las veces las tierras que manejan son áreas menores y de baja calidad para la producción agro pastoril, en comparación a las manejadas por hombres.
Ante la desigualdad de género que plantea el panorama de la FAO las políticas públicas y el modelo de desarrollo en la región deben reorientarse para cerrar las brechas de género que persisten en las sociedades rurales.