Por Almudena de Cabo (dpa)
Elmau (Alemania), 6 jun (dpa) – La hospitalidad bávara se resume en dos palabras: salchichas y cerveza. La canciller alemana, Angela Merkel, sumergirá al presidente estadounidense, Barack Obama, en las tradiciones locales unas horas antes del inicio del G7 en un intento por mostrar una imagen de sintonía y amistad, alejada del espionaje.
Las relaciones entre la dos potencias nunca fueron especialmente buenas, pero atravesaron una dura crisis cuando salió a la luz que los servicios secretos de Estados Unidos habían intervenido el teléfono de Merkel y espiado millones de comunicaciones en Alemania. Desde entonces parecen haber comenzado a remontar.
En el último año y medio, los dos países han trabajado por restablecer las relaciones y dejar atrás un escándalo que sacudió especialmente a la opinión pública alemana, obsesionada con la privacidad tras los traumas del nazismo y la Alemania comunista, que no dudó en reclamar mano dura a su canciller.
“Merkel y Obama en el G7: ¿Qué me importa a mí el espionaje? ¡Primero vamos a tomar un tentempié!”, resumió la revista alemana “Der Spiegel” en un artículo sobre el encuentro de los dos mandatarios en la idílica localidad alpina de Krün, cerca del palacio de Elmau, en donde comenzará la tarde del domingo la cumbre de siete de los países más industrializados del mundo (G7).
La pequeña población de Krün se vestirá de gala este domingo. Trajes bávaros, música con intrumentos de viento típicos de los Alpes… todo ello acompañado, como no podía ser de otra manera, de los tradicionales “Brezeln” (panecillos típicos en forma de lazo) y de la famosa jarra de litro de cerveza bávara.
En total sesenta kilos de salchichas blancas bávaras y unos 500 litros de cerveza están preparados para el típico desayuno bávaro de los dos líderes ante el ayuntamiento de Krün. Si el tiempo acompaña, las imágenes de los dos mandatarios con cerveza y los Alpes de fondo darán la vuelta al mundo.
Con este “show” quieren demostrar dos cosas: por un lado, cierta cercanía del G7 con la población y por otro, que se entienden. Ése es el mensaje más importante de este acto previo al G7, “puesto que las relaciones entre Alemania y Estados Unidos estuvieron durante meses bastante congeladas”, comentó “Der Spiegel”.
Desde la Casa Blanca insisten en que Obama mantiene con Merkel “una de las relaciones internacionales más estrechas”. Baviera será el marco perfecto para “celebrar esta alianza”, agregan.
“Estados Unidos es nuestro socio imprescindible y tiene una importancia decisiva para nuestra seguridad”, comentó por su parte Merkel en entrevista con dpa.
Para festejar esta “amistad”, deben poner fin definitivamente al escándalo del espionaje. “Espiar entre amigos… Eso no se puede hacer de ningún modo”, afirmó Merkel cuando estalló el escándalo del espionaje exterior estadounidense en 2013.
La pelota acabó volviendo a su tejado cuando salió a la luz que la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA) usó durante años una base de escuchas de los servicios secretos alemanes (BND) para espiar supuestamente a instituciones, funcionarios y empresas de Alemania, Francia, Austria y Bruselas.
Ahora los dos se afanan por esconder bajo la alfombra todo lo relativo al espionaje. Oficialmente no es un tema de la agenda de la cumbre del G7. “No jugará ningún papel importante en la cumbre”, indicó la canciller alemana los días previos a la gran cita.
Merkel y Obama aprovecharán también para hablar de asuntos internacionales como la crisis en Ucrania y la relación con Rusia o la crisis griega. Estados Unidos es consciente de que Alemania es un intermediario valioso entre Rusia y Ucrania. Desde la Casa Blanca demandan “unidad” en la política de sanciones contra Moscú.
Pero todos los temas internacionales candentes quedarán relegados a un segundo plano durante unas horas. Unas horas que quieren ser vistas con una suerte de exaltación de la amistad. El escenario alpino les espera.
