Las legumbres en el corazón del Líbano

» Los agricultores son los protagonistas de la reactivación del cultivo del garbanzo.

© FAO/Ralph Azar

En la región de la Bekaa, en el Líbano, Marie Therese Zeidan se inclina en su campo y toma un puñado de semillas de garbanzo de un saco abierto. Las deja deslizarse lentamente entre sus dedos, observando su forma y su peso antes de sembrarlas.

“Sostener estas semillas de garbanzo significa mucho más que prepararse para la próxima temporada de siembra”, afirma. “Es un gesto de esperanza para las temporadas futuras”.

Desde hace varias generaciones, el garbanzo ocupa un lugar central en la cocina libanesa. Desde la textura cremosa del hummus (una suave salsa de garbanzos) y el crujido del falafel (bolas de garbanzos fritas) hasta el reconfortante calor del balila (una ensalada templada de garbanzos), estos platos forman parte de la identidad cultural del país, con un consumo interno promedio de 3,25 kilogramos por persona al año.

Sin embargo, pese a las condiciones favorables para su cultivo, la producción local no ha logrado satisfacer la demanda nacional y el país importa actualmente más del 70 % de los garbanzos que consume.

El acceso limitado a semillas de calidad, las prácticas de cultivo obsoletas y la producción y calidad irregulares han desalentado durante mucho tiempo la producción, lo que ha llevado a muchos agricultores a abandonar un cultivo profundamente arraigado en su tierra y en su cultura alimentaria.

De la tradición a la práctica renovada

Marie Therese es una de los muchos agricultores de la región de Bekaa que participan en el renovado esfuerzo del Líbano por revitalizar el sector del garbanzo, en el marco de la iniciativa Un país, un producto prioritario (UPUP) de la FAO, que se ha implementado en colaboración con el Ministerio de Agricultura del Líbano.

Mediante un mayor acceso a semillas de calidad de variedades mejoradas, actividades de capacitación práctica y demostraciones sobre el terreno, los agricultores están redescubriendo el potencial de sus tierras para sustentar una forma de cultivar el garbanzo resiliente y rentable. Los agricultores pueden dejar de usar semillas de garbanzo recicladas y optar por variedades certificadas y de alto rendimiento, seleccionadas por su mayor productividad, su tolerancia a enfermedades y sus mejores características comerciales.

Las actividades de capacitación y las demostraciones sobre el terreno han permitido a los agricultores conocer prácticas agronómicas mejoradas, como los momentos óptimos para la siembra, la densidad de siembra adecuada, el espaciamiento correcto entre hileras y los niveles óptimos de fertilización. Los agricultores también están aprendiendo técnicas de preparación de la tierra y gestión integrada de plagas y enfermedades, con especial atención a la detección temprana y las medidas preventivas, como el uso de feromonas y trampas para insectos, en lugar del uso reactivo de plaguicidas químicos.

Además de ser una fuente nutritiva de proteína de origen vegetal, el garbanzo es un “mejorador del suelo”. Cultivado principalmente en zonas de secano, establece una simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno, lo que mejora la fertilidad del suelo y reduce la necesidad de fertilizantes químicos.

Un cambio fundamental en este proceso de reactivación es la introducción de variedades de garbanzos de invierno desarrolladas por el Instituto Libanés de Investigación Agrícola. Estas variedades son más tolerantes al frío y a la sequía, lo que permite a los agricultores sembrar antes, en noviembre o diciembre, en lugar de en marzo. Esto permite aprovechar mejor las precipitaciones durante la temporada de cultivo y reduce la exposición al estrés hídrico, en particular dado que la producción de garbanzo es predominantemente de secano, lo que se traduce en mayores rendimientos.

Durante una reciente capacitación de la FAO, organizada junto con el Ministerio de Agricultura y el Instituto Libanés de Investigación Agrícola, más de 500 agricultores se reunieron para aprender técnicas prácticas orientadas a mejorar la productividad.

“Aprendimos a preparar la tierra, tratar las semillas para prevenir enfermedades y regar en las etapas adecuadas”, explica Marie Therese. “Incluso con menos lluvias, comprobamos que sigue siendo posible obtener una buena cosecha”.

Conocimientos compartidos, confianza compartida

La transformación es igualmente visible en el norte del Líbano, donde Bilal Abdul Karim Muhammad se dedica a la agricultura desde hace cuatro decenios. Para Bilal, la iniciativa no solo se enfoca en el aumento del rendimiento, sino también en la sostenibilidad y la eficacia en función del costo.

“Aprendimos sobre prácticas orgánicas que son menos costosas y mejores para la salud del suelo”, afirma Bilal. Desde que adoptó el cultivo de invierno y el tratamiento de semillas, su productividad se ha disparado. “Puedo alcanzar los 300 kilogramos por dunum, es decir, un rendimiento muy bueno. La calidad, el sabor, el tamaño y la textura también son mucho mejores”.

Desde que se incorporó a la iniciativa UPUP en 2022, el Líbano ha sentado bases importantes para reforzar la cadena de valor del garbanzo, con un enfoque centrado en la capacitación y la demostración de prácticas mejoradas de cultivo y posteriores a la cosecha. Hasta la fecha, se han impartido cursos de capacitación a 520 agricultores sobre prácticas mejoradas de gestión de cultivos, así como a otros 29 agentes de extensión del Ministerio de Agricultura para que realicen demostraciones sobre el terreno, con el fin de difundir aún más las mejores prácticas agrícolas.

Más allá del trabajo en los terrenos, el Líbano está creando conciencia en materia de producción de garbanzos a través de actos públicos y debates sobre la cadena de valor. Estas iniciativas conectan a agricultores como Marie Therese y Bilal con consumidores, responsables de formular políticas, mercados y agentes del sistema agroalimentario, al tiempo que refuerzan el vínculo entre la producción local y la seguridad alimentaria y la nutrición nacional.

La innovación también está surgiendo en todo el sector. Los nuevos productos a base de garbanzos, como la harina sin gluten, los aperitivos tostados, las barritas proteicas, la pasta, las patatas fritas y las bebidas, están ampliando las posibilidades del mercado y añadiendo valor a la producción local.

El plan para el futuro es ambicioso. El Gobierno del Líbano se propone aumentar la producción local de garbanzo hasta cubrir el 40 % de la demanda nacional de aquí a 2030, garantizando que la producción cumpla normas de calidad superiores y contribuya al aumento del empleo agrícola.

A través de la iniciativa UPUP, la FAO respalda estos esfuerzos de ampliación de la escala mediante el fortalecimiento de las capacidades de los agricultores, la elaboración de recursos técnicos accesibles, la organización de talleres de inversión y la promoción del sector del garbanzo a nivel nacional.

Para Marie Therese y sus compañeros agricultores, estas ambiciones se basan en el trabajo diario sobre el terreno. Con la innovación continua y el aprendizaje impulsado por los agricultores, el Líbano está allanando el camino para un sector del garbanzo más sostenible y competitivo que fortalezca los medios de vida rurales y preserve el patrimonio culinario que siempre ha formado parte del corazón de la vida libanesa.

 

La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/story/the-pulse-of-lebanon/es

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