Conflicto en Medio Oriente

La herida que aún no se nombra: la violencia sexual como táctica de guerra de Hamás contra Israel

» Por meses, el mundo habló de la masacre. Pero apenas ahora empieza a mirar de frente una verdad más incómoda: el uso sistemático de la violencia sexual como arma.

A tres meses de cumplir dos años de los ataques del 7 de octubre, un nuevo informe sacude conciencias. No lo firma un ejército, ni un tribunal internacional, ni una organización de defensa. Lo firman mujeres: juristas, investigadoras, expertas en género. Bajo el nombre de Proyecto Dinah, estas profesionales se adentraron en los escombros del dolor para nombrar lo que muchos prefirieron no ver: que la violencia sexual empleada por los milicianos de Hamas no fue un exceso, ni una consecuencia inevitable del conflicto, sino una táctica bélica aplicada con método y propósito.

“La sexualidad, símbolo de vida y continuidad, fue atacada para sembrar muerte y destrucción colectiva”, sentencia el documento titulado “En busca de justicia: 7 de octubre y más allá”, citado por el diario The Jerusalem Post.

Del silencio al documento

El informe no se limita a contar horrores. Los documenta. Lo hace en al menos seis escenarios distintos: el festival de música Nova, la ruta 232, la base de Nahal Oz, y los kibutz Re’im, Nir Oz y Kfar Aza. Allí, según los relatos, se repitieron las mismas prácticas: violaciones, torturas sexuales, agresiones en grupo, humillación deliberada.

Las autoras —entre ellas la profesora Ruth Halperin-Kaddari, la coronel Sharon Zagagi-Pinhas y la jueza Nava Ben-Or— fueron categóricas: Hamas utilizó la violencia sexual como arma de guerra. No como excepción. No como impulso. Como estrategia.

Lo que el derecho no ve

Uno de los hallazgos más duros del informe no está en lo ocurrido, sino en lo que no puede probarse con los métodos tradicionales. Muchas de las víctimas murieron. Otras no pueden hablar. No hay denuncias formales, pero sí hay restos de cuerpos mutilados, testimonios de rescatistas, imágenes de las morgues y huellas emocionales que no se borran.

Por eso, el Proyecto Dinah propone cambiar el enfoque jurídico: permitir que pruebas circunstanciales, relatos de personal médico o incluso el análisis del patrón de ataques puedan servir para construir un caso. No como alternativa, sino como única forma posible de alcanzar justicia en este contexto.

Un patrón repetido

A diferencia de otras investigaciones que han sido más cautas, este informe señala con claridad un elemento clave: la existencia de patrones. No se trató de hechos aislados ni de improvisaciones. Hubo sistematicidad, intención y lógica de destrucción.

Por eso las autoras instan a calificar los crímenes del 7 de octubre como crímenes de lesa humanidad. Ya la Corte Penal Internacional ha emitido una orden de arresto contra Mohammed Deif, comandante de las Brigadas al-Qassam, por violación y otros delitos de violencia sexual. Pero falta mucho por reconocer, y más aún por comprender.

El cautiverio, la grieta pendiente

A la violencia del ataque se suma otro capítulo oscuro: el de los rehenes. El documento incluye testimonios de 15 personas que estuvieron secuestradas. Dos hombres narraron haber sufrido humillación sexual. Uno fue obligado a estar desnudo durante todo el encierro. Otros hablaron de acoso, amenazas y pérdida total de su intimidad.

La mayoría de las víctimas no sobrevivió. Y quienes sí lo hicieron, apenas pueden hablar. Sin embargo, sus voces —incompletas, fragmentadas, dolidas— son las que ahora construyen el relato más difícil de contar.

Justicia que no se mide en condenas

“La justicia para estos crímenes no consiste simplemente en castigar a los perpetradores”, subraya el informe. Se trata de establecer la verdad histórica, de dar espacio a los testimonios silenciados, de evitar que el horror se repita. Por eso incluye también los aportes de médicos, forenses y soldados que trabajaron en la base de Shura, que funcionó como morgue improvisada tras la masacre.

Y también por eso lanza una advertencia: reconocer el sufrimiento en Gaza por las operaciones israelíes posteriores no puede servir para relativizar lo ocurrido el 7 de octubre. “La violencia sexual en tiempos de guerra no puede ser aceptable, justificable ni contingente al contexto.”

Un silencio que comienza a romperse

En marzo, Naciones Unidas reconoció que había indicios razonables de violencia sexual. En abril, un nuevo informe del Secretario General fue más lejos: habló de patrones y zonas específicas de crímenes. Hoy, con este nuevo estudio, se da un paso más en la dirección más difícil: aceptar que el horror fue también íntimo, también sexual, también sistemático.

Romper ese silencio, dice el Proyecto Dinah, es la única forma de empezar a sanar.

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