Un marcador podía valer más que un mes de trabajo.
Esa es una de las conclusiones que deja el más reciente caso de presuntos intentos de amaño que estremeció al fútbol costarricense tras una investigación de la Oficialía de Integridad.
Según documentación en manos de ElMundo.CR, los ofrecimientos económicos realizados a futbolistas para alterar el resultado de un partido oscilaban entre 1.000 y 1.500 dólares. Una cifra que cobra otra dimensión cuando se compara con la realidad económica de la Liga de Ascenso.
Diversas fuentes consultadas por este medio coinciden en que el salario promedio de un futbolista de Segunda División ronda los 600 dólares mensuales, aunque existen diferencias entre clubes y jugadores.
“El salario promedio es de 300 mil colones. Eso sí, esto puede variar dependiendo del jugador, hay quienes pueden recibir 500.000 colones”, coincidieron tres fuentes consultadas.
En otras palabras, aceptar un solo ofrecimiento para manipular un partido podía representar prácticamente duplicar el ingreso de un mes, e incluso superarlo ampliamente en algunos casos.
La Federación Costarricense de Fútbol sancionó recientemente a Fabián Rodríguez, Henry Cooper Bennett y Hansell Arauz Ovares por infringir el Código Disciplinario en materia de manipulación ilícita de partidos y competiciones. La resolución quedó en firme el 25 de junio de 2026. Rodríguez recibió una inhabilitación total de 35 años —al acumular dos expedientes disciplinarios—, mientras que Arauz y Cooper fueron suspendidos por 15 años cada uno.
El precio de un resultado
Los documentos revisados por ElMundo.CR describen distintos acercamientos a futbolistas del Deportivo Upala antes del partido disputado el 7 de abril de 2025 frente a San Carlos FC.
Las ofertas económicas aparecen de manera reiterada en varios testimonios.
Uno de los jugadores relató que recibió un mensaje temporal donde le ofrecían 1.500 dólares para él y 1.000 dólares para otro compañero si aceptaban colaborar con la manipulación del encuentro.
Otro testimonio describe una propuesta aún más directa.
“De amaño. Si me podía dejar hacer uno o dos goles y me daba una cantidad de dinero.”
En otra declaración también se menciona que las cifras rondaban entre 1.000 y 1.500 dólares, montos que coinciden entre diferentes relatos incorporados a la investigación.
El incentivo económico
Las cantidades no parecen extraordinarias vistas de forma aislada.
Sin embargo, adquieren otra dimensión cuando se comparan con la realidad del fútbol de ascenso costarricense.
Para un jugador cuyo ingreso mensual ronda los 600 dólares, recibir entre 1.000 y 1.500 dólares por un solo partido representaba un incentivo económico enorme.
No se trataba únicamente de ganar un dinero adicional.
Era la posibilidad de obtener, en cuestión de horas, el equivalente a casi dos meses y medio de salario para muchos futbolistas de la categoría.
Precisamente ese contexto económico es uno de los factores que históricamente preocupa a los organismos encargados de velar por la integridad del fútbol, pues las categorías con menores ingresos suelen ser más vulnerables frente a este tipo de prácticas.
Una misma forma de operar
Los testimonios también describen un patrón que se repite.
Los contactos, según las declaraciones, se realizaban mediante WhatsApp, Messenger y llamadas telefónicas.
No eran mensajes convencionales.
En varios casos se trataba de mensajes temporales que desaparecían después de ser abiertos.
La investigación también recoge referencias a números telefónicos extranjeros y a conversaciones que buscaban evitar dejar evidencia.
Además de las ofertas económicas, algunos testigos relataron presiones durante el propio desarrollo del encuentro.
Uno de ellos aseguró que escuchó de manera insistente solicitudes para permitir un gol, con la promesa de que el pago se realizaría posteriormente.
El partido del miedo
Quizá el pasaje más impactante no tiene relación con el dinero.
Uno de los testigos describió el ambiente que encontró en el camerino de Deportivo Upala antes del partido.
Según su relato, varios jugadores estaban tan asustados que ni siquiera querían salir a calentar.
“…ninguno quiere salir ni siquiera a calentar; todos están asustados, porque durante toda la semana jugadores del equipo de San Carlos FC han estado llamándolos y mandándoles mensajes ofreciéndoles dinero para dejarse ganar y ellos no perder la categoría.”
Finalmente, el partido sí se disputó.
Deportivo Upala goleó 7-3 a San Carlos FC, resultado que consumó el descenso del conjunto sancarleño a Linafa, categoría en la que posteriormente ni siquiera llegó a competir.
Más allá del marcador, el caso volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para el fútbol costarricense: ¿qué tan vulnerable puede ser una competición cuando en 90 minutos se ofrece la posibilidad de ganar, en unas horas, el equivalente a varios meses de salario?