Cada mañana, a las 7.30, Stília Vilanculos entra en el laboratorio de química del Instituto de Investigación Agraria de Mozambique (IIAM), se pone la bata, los guantes, las gafas de protección y la mascarilla, y comienza una nueva jornada de trabajo analizando las muestras de suelo que ayudan a determinar el futuro de la producción agrícola de Mozambique.
Stília se incorporó al IIAM nada más terminar sus estudios. En un primer momento cursó estudios de química; posteriormente, obtuvo una licenciatura en ciencias agropecuarias y, en la actualidad, está finalizando un máster en Producción Vegetal con especialización en la investigación sobre la yuca.
En el laboratorio, ella y sus colegas procesan casi 100 muestras de suelo cada día. Los análisis abarcan propiedades fisicoquímicas tales como la textura, el pH, la conductividad eléctrica, la materia orgánica, los nutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, azufre, magnesio, etc.) y los metales pesados; todos ellos son aspectos esenciales para comprender la fertilidad del suelo y ayudar a los agricultores a mejorar su productividad.
La labor requiere precisión, conocimientos técnicos especializados y el estricto cumplimiento de procedimientos de seguridad. Los ácidos y los reactivos químicos se manipulan con sumo cuidado, mientras el personal técnico trabaja con espectrómetros de luz ultravioleta-visible, sistemas de destilación y equipos analíticos.
El equipo del laboratorio está integrado por siete técnicos permanentes —cuatro mujeres y tres hombres—, una composición que refleja el creciente número de mujeres que se dedican a las ciencias agrícolas en Mozambique. En todo el país, cada vez más mujeres dirigen investigaciones, gestionan explotaciones agrícolas, mejoran laboratorios y apoyan los medios de vida rurales.
Sin embargo, durante años el laboratorio se enfrentó a una importante dificultad: a pesar de disponer de algunos equipos antiguos, las oportunidades de capacitación técnica seguían siendo limitadas.
Según Stília, el programa SoilFER les ha ayudado a cambiar esa situación. SoilFER, nombre con el que se conoce la iniciativa de Cartografía del suelo para lograr sistemas agroalimentarios resilientes en América Central y el África subsahariana, es un programa de alcance mundial que opera en Ghana, Guatemala, Honduras, Kenya, Mozambique, Túnez y Zambia con el apoyo financiero del Gobierno de los Estados Unidos de América y el Gobierno del Japón. En Mozambique, la ejecución corre a cargo del Gobierno de Mozambique, por conducto del IIAM, en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Mediante el fortalecimiento de la capacidad nacional para generar y utilizar información sobre los suelos, SoilFER contribuye a mejorar la gestión de los suelos, los fertilizantes y los cultivos, aumentar la productividad agrícola y lograr unos sistemas agroalimentarios más resilientes, lo que redunda en una mayor seguridad alimentaria en todo el país.
En el marco de la iniciativa, el laboratorio está recibiendo cerca de 100 equipos nuevos, entre los que se incluyen destiladores de agua, analizadores de nitrógeno y espectrómetros, además de amplias actividades de capacitación técnica y apoyo adicional en materia de personal.
“Este programa nos está permitiendo crecer profesionalmente”, explica Stília. “Comprendemos mejor todo el proceso, desde la toma y el análisis de muestras de suelo hasta la interpretación de los resultados”.
Uno de los cambios más importantes impulsados por el programa ha sido la integración entre la labor científica de laboratorio y las actividades de campo. Históricamente, los técnicos de laboratorio rara vez participaban en las actividades de toma de muestras de suelo. Gracias a SoilFER, intervienen cada vez más en la toma de muestras y el seguimiento sobre el terreno, lo que contribuye a vincular el análisis científico con la realidad de los agricultores sobre el terreno.
Una vez que el equipo del laboratorio extrae los datos de las muestras de suelo, la información pasa a manos de especialistas como Janete Americano, otra científica del laboratorio que transforma los análisis científicos en recomendaciones prácticas para los agricultores.
Janete, que es licenciada en Agronomía y máster en Producción Vegetal, está finalizando un doctorado en Agricultura Climáticamente Inteligente y trabaja en el Departamento de Fertilidad de los Suelos del IIAM desde 2013. Su función consiste en tender un puente entre la investigación de campo y la labor científica de laboratorio para ayudar a interpretar los resultados de los análisis del suelo y a elaborar recomendaciones que contribuyan a la productividad y la resiliencia agrícolas.
Su trabajo se centra cada vez más en las regiones central y septentrional de Mozambique, donde los cambios en los regímenes de lluvias y la variabilidad del clima pueden plantear importantes desafíos para los sistemas de agricultura de secano. Gracias a los reconocimientos edafológicos, los ensayos sobre el terreno y las evaluaciones de idoneidad de los cultivos, SoilFER contribuye a generar la información edafológica necesaria para comprender mejor estas condiciones de producción y respaldar decisiones más fundamentadas sobre los cultivos, la gestión de la fertilidad de los suelos y los insumos agrícolas.
Además de su trabajo en el IIAM y de sus actividades de consultoría, Janete también es madre, emprendedora y agricultora, y gestiona 13 hectáreas de tierras en Moamba y Boane, donde produce maíz, yuca, batata y hortalizas de temporada.
“Me levanto entre las cuatro y las cinco de la mañana”, explica. “Se necesitan organización y compromiso”.
Mujeres al frente de la transformación agrícola
SoilFER reconoce que contar con sistemas agroalimentarios más sólidos y resilientes no solo depende de la tecnología y la innovación, sino también de las personas. Al ampliar el acceso a la capacitación, las tecnologías modernas, los datos sobre los suelos y los sistemas de información agrícola, el programa está reforzando la capacidad de científicos, técnicos y agricultores para tomar decisiones mejor fundamentadas frente a la degradación de la tierra, la sequía, la variabilidad del clima y otros desafíos que afectan a la producción agrícola.
Stília, Janete y una nueva generación de científicas están ayudando a sentar las bases técnicas para lograr sistemas agroalimentarios más productivos y resilientes, así como una seguridad alimentaria y una nutrición sostenibles a largo plazo. La combinación de conocimientos científicos especializados, instituciones nacionales más sólidas y espíritu emprendedor en la agricultura está generando resultados concretos y restableciendo la salud y la fertilidad de los suelos.
La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/