En 2021, la energía solar representaba el 6 % de la electricidad estadounidense, y el carbón, el 20 %. Cinco años después, las curvas se cruzaron por primera vez en el mes de mayo: se generaron más electrones a partir de los paneles fotovoltaicos que de las centrales térmicas de carbón.
Si bien el hecho es ante todo simbólico, ilustra sin embargo una tendencia real en Estados Unidos. A pesar de la política abiertamente a favor del carbón y los hidrocarburos llevada a cabo por la administración Trump, que recientemente anunció invertir 700 millones de dólares en carbón, nada parece obstaculizar el despliegue de la energía solar en el país. Es la fuente de energía que más rápido crece allí, incluso en los estados republicanos.
Bajada de los costos de los paneles
La razón es principalmente económica: este auge se debe a la bajada de los costos de los paneles y a la rapidez de su instalación. Ventajas nada desdeñables en un momento en que la demanda de electricidad se dispara, con la demanda cada vez mayor de la inteligencia artificial y sus centros de datos.
Con estas buenas cifras, la energía solar se convierte en la tercera fuente de electricidad de Estados Unidos, en un sistema que, sin embargo, sigue estando dominado mayoritariamente por el gas, señala el estudio del grupo de reflexión Ember. El gas, al igual que el carbón, es un gran emisor de gases de efecto invernadero, responsables de un cambio climático del que Estados Unidos es el principal responsable histórico.