Por Johannes Schmitt-Tegge (dpa)
Nairobi, 26 jul (dpa) – Barack Obama estuvo menos de 48 horas en Kenia, el país de su padre, pero los kenianos quedaron entusiasmados con su visita: lo celebraron como el regreso del hijo pródigo y el presidente prometió volver… la próxima vez como un ciudadano normal.
Cuando Obama aterrizó en Nairobi en 1988, el aeropuerto estaba desierto. “Los funcionarios se tomaban su té de la mañana mientras controlaban los pasaportes, una ruidosa cinta transportadora iba escupiendo los equipajes. No se veía a Auma por ninguna parte, así que tomé mi equipaje de mano y me encendí un cigarrillo”, relata en sus memorias el ahora presidente sobre su primera visita a Kenia, cuando era un joven de Hawaii que venía a conocer una parte desconocida de sus raíces.
Cuando Obama aterrizó este viernes en Nairobi, un foco iluminaba la pista en medio de la oscuridad de la noche. Numerosos curiosos apretaban las caras contra el cristal para ver llegar al presidente estadounidense, cientos de fotógrafos y camarógrafos apuntaban al avión. Se desplegó una alfombra roja y una niña pequeña le llevó flores. Unos 30 años después de su primera llegada al país, Obama fue recibido como un héroe nacional.
Para muchos de los 45 millones de kenianos la visita se transformó en una especie de fiesta nacional. En la televisión se hablaba de la “Obamamanía”: fiestas de bienvenida oficiales y no oficiales, bailarines masái en las calles de la capital, innumerables artículos de prensa, carteles y publicidad. En un bar se podía comprar una “cerveza Obama” y un cóctel llamado “Obamabama”.
El domingo fue el punto culminante del entusiasmo. Unas 5.000 personas, la mayoría jóvenes, se reunieron en un estadio en el noreste de la ciudad para asistir a un discurso del político. Algunos llevaban ropas festivas, otros uniformes escolares. Miles de ellos atravesaron a pie las calles bloqueadas para llegar. “No podremos entrar, pero igual queremos estar cerca”, decía uno de ellos.
En todo el país la gente se reunió en pequeños grupos en torno al televisor. “Todos” van a ver el discurso, explica una camarera. “En nuestra televisión no hay otra cosa, solamente Obama, Obama, Obama”.
La limusina negra rodeada de custodios pasa por las calles de Nairobi y la gente grita, sonríe y saluda. Algunos trepan a cualquier cosa que lo permita, otros están en balcones y tejados y otros llevan camisetas con la cara del presidente y ondean banderas de Estados Unidos y de Kenia.
Y por fin el mandatario sube al escenario. “Cuando vine por primera vez a Kenia las cosas fueron un poco distintas”, comienza a decir Obama, después de haber sido recibido con un abrazo por su media hermana Auma. “Cuando llegué al aeropuerto Kenyatta, la aerolínea había perdido mi equipaje. Eso no pasa en el Air Force One”.
En vez de circular en una limusina, su hermana lo recogió en un Volkswagen Escarabajo que se rompió cuatro o cinco veces en el tiempo en el que él estuvo de visita, recordó, y con sus bromas y algunas palabras en swahili se ganó a la multitud de inmediato. Obama sigue siendo, y eso pueden atestiguarlo los kenianos, un maravilloso orador.
“Es uno de nosotros”, dijo Auma en la presentación, y la misma idea parecían compartir el resto de los presentes.
“El progreso exige hacer frente con honestidad a las manchas más oscuras de nuestro pasado”, afirmó Obama, e hizo una lista de los desafíos a los que se enfrenta Kenia.
La corrupción hay que combatirla con leyes estrictas y condenas de los culpables, desde el ciudadano común al político de máximo nivel. “Necesita de la participación de toda una nación”. También criticó la discriminación de las mujeres como “ciudadanos de segunda clase”. La mutilación femenina, las violaciones, la violencia doméstica y los matrimonios forzosos no tienen cabida en el siglo XXI, añadió.
Y después, tras un debate en la universidad y una entrevista radial, la “Obamamanía” pasa. Bailarines y músicos con trajes tradicionales despiden al “hijo de Kenia”. “Volveré”, dijo el presidente el sábado, pero cuando ya no sea jefe de Estado. “La próxima vez quizás no lleve traje”.
