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El buey asado entero, una de las atracciones de la Oktoberfest en Múnich

ARCHIVO - Johannes Attenberger en un establo de bueyes de la finca municipal Karlshof, donde se crían, entre otros, los bueyes destinados al asador de la Fiesta de la Cerveza de Múnich. Foto: Peter Kneffel/dpa

Por Sabine Dobel (dpa)

Por el momento todavía llevan crotales amarillos en las orejas con números de cinco cifras. Sin embargo, muy pronto algunos de los bueyes de la finca Karlshof, en Alemania, recibirán un nombre y se convertirán en la atracción del pabellón “Ochsenbraterei” en la Fiesta de la Cerveza de Múnich.

Allí, girarán enteros en el asador de la carpa para ser consumidos (e incluso fotografiados) por los visitantes a la “Oktoberfest”.

El encargado de elegir al animal ideal como “buey de exhibición” para el pabellón es Johannes Attenberger, jefe del área de engorde de bueyes de la finca. El número 17.091, por ejemplo, “tiene muy buena pinta”, y el 87.211 también podría entrar en la selección final. En cambio, el 66.918 es demasiado pequeño y estrecho de pecho, según explica.

Sebastian completará la fiesta

Al grill solo van los ejemplares especialmente vistosos. Sus nombres figuran arriba en grandes letras, a menudo para regocijo de los visitantes que comparten nombre con el animal: Paul, Max, Helmut. El último día de la Oktoberfest, el buey llevará el nombre del jefe de cocina, Sebastian.

Todavía no está decidido cuál de los animales acabará entrando en el pabellón bajo el nombre de Sebastian; a falta de unas tres semanas para la fiesta, aún continúan en proceso de engorde. Lo único seguro es que, en la parrilla, servirá para alimentar a unos 300 comensales.

El año que viene, su piel podría proteger de las salpicaduras a un camarero en el mostrador en forma de delantal, sujetar un pantalón como cinturón o, convertida en un marcador de jarras de cerveza, facilitarle al cliente la búsqueda de su propia jarra en medio del ambiente festivo.

De la cabeza a la cola”, por respeto al animal

El buey se aprovecha entero, “del hocico a la cola”. “Es por respeto al animal”, señala la propietaria de la finca, Antje Haberl, quien la visita con regularidad para comprobar de primera mano cómo están “sus” animales.

La familia, que gestiona el pabellón “Ochsenbraterei” (asador de bueyes) de la cervecera Spaten desde 1980, se abastece de bueyes en Karlshof desde hace unos 40 años y ha promovido allí numerosas innovaciones en favor del bienestar animal. Según Florian Seidel, subdirector de la explotación, la finca, con certificación ecológica, se ha convertido en pionera de la cría respetuosa con los animales gracias a la colaboración con la familia Haberl.

Los bueyes pueden salir siempre al pasto, se mueven libremente por el establo y descansan sobre paja fresca en lugar de suelos de rejilla. Esto es algo que ya había implantado el padre de Antje Haberl hace décadas. “Supone mucho esfuerzo y trabajo, y también cuesta dinero, pero es para que los animales estén bien”, afirma Antje Haberl. El estiércol se destina a la planta de biogás y acaba luego en el campo para cultivar el forraje.

Los bueyes deben tener una buena vida durante sus casi dos años de existencia como máximo. Si antes había 550 animales en la finca, hoy solo quedan 300. La empresa de hostelería Haberl adquiere unos 250, de los cuales más de la mitad se consumen durante la Oktoberfest.

Attenberger, un verdadero experto en tratar con ellos, conoce a sus animales al detalle. La manada, formada por casi dos docenas de ejemplares jóvenes, corre al galope hacia él. Cualquier otro habría saltado hacia un lado, pero Attenberger abre los brazos con calma y los animales se detienen justo delante de él.

Dieciséis bueyes giran en el asador

En total, se asan de forma pública 16 bueyes, uno por cada día de fiesta. Para poder manipularlos, se eligen animales más pequeños, de un año de edad como máximo.

El espectacular asado público de un buey entero cuenta con una larga tradición: el carnicero Johann Rössler asó por primera vez un buey en su “asador mecánico de bueyes” en 1881, cuenta Haberl, cuya familia continúa con esta costumbre y busca constantemente nuevas propuestas culinarias.

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