A las siete de la mañana, el calor ya se cierne sobre los campos de la provincia de Siem Reap, en Camboya. No corre aire, la tierra está seca y el arroz está muriéndose. No huele a tierra húmeda ni hay señales de lluvia.
“Nunca en mi vida había vivido una sequía tan prolongada”, afirma Sokhoeun Chhut, una agricultora de 45 años de la provincia. “Sin duda este año es de pérdida. Todo está chamuscado. Hace un calor abrasador.”
Estos son los efectos de El Niño, un fenómeno climático natural que altera las pautas meteorológicas en todo el mundo. En Asia meridional y sudoriental, El Niño está modificando la pauta habitual del monzón de verano, retrasando la estación húmeda e intensificando las condiciones de sequía. A nivel mundial, puede aumentar el calor extremo y el riesgo de incendios incontrolados en algunas regiones, mientras que en otras provoca precipitaciones más intensas, inundaciones y olas de calor marinas.
La Organización Meteorológica Mundial prevé que El Niño alcance su punto álgido a finales de 2026 y principios de 2027 y que sus efectos sobre las precipitaciones, la producción de alimentos y la temperatura mundial sigan sintiéndose más allá de ese momento.
Camboya ya ha pasado por esto antes. Durante El Niño de 1997-98, el Gobierno de Camboya pidió unas 250 000 toneladas de arroz para las poblaciones damnificadas por la sequía.
En la provincia de Preah Vihear, Sokhom Kha ya se dedicaba a la agricultura cuando se produjo aquel fenómeno de El Niño. Lleva trabajando la tierra desde 1987, mucho antes de que las comunidades rurales pudieran acceder fácilmente a información meteorológica y climática.
“Algunos días comíamos arroz mezclado con maíz rojo justo para sobrevivir. Recogíamos brotes de bambú del bosque y pescábamos en los campos para alimentar a toda la familia”, cuenta.
El Niño de 2015-16 fue aún más extremo. Al provocar condiciones excepcionalmente calurosas y secas, afectó a alrededor de 2,5 millones de personas en 18 provincias, reduciendo la producción de arroz y perjudicando al sector pesquero. En la actualidad, Camboya se enfrenta una vez más a los riesgos derivados de los efectos de El Niño.
En junio de 2026, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), basándose en 41 años de observaciones por satélite realizadas como parte de su Sistema del índice de estrés agrícola, determinó que Camboya se encontraba en alto riesgo de padecer una sequía grave durante el ciclo de El Niño. La FAO estimó que era probable que se vieran afectadas 127 300 hectáreas de tierras agrícolas y pastizales en Camboya.
Datos como estos pueden ayudar a determinar dónde son más necesarios los servicios de seguimiento y asesoramiento. Ofrecen al personal de los proyectos y a los gobiernos una base para evaluar qué podría significar para los agricultores un El Niño intenso y dónde la acción temprana podría suponer la mayor diferencia.
En Camboya, se está ayudando a las comunidades a hacer frente a esa incertidumbre mediante una iniciativa en particular. El proyecto PEARL, ejecutado por la FAO junto con el Gobierno de Camboya y financiado por el Fondo Verde para el Clima (FVC), combina información climática, la alerta temprana y medidas prácticas para ayudar a los agricultores a gestionar los efectos de la sequía.
A través de escuelas de campo para agricultores y sitios de demostración, se enseñan a las comunidades formas prácticas de hacer frente a las condiciones más secas, como cultivos de cobertura para retener la humedad del suelo, diques en los campos para recolectar agua y calendarios de cultivo adaptados para reducir los efectos de la sequía.
Sokhom es una de los más de 4 000 agricultores que se benefician de estos servicios de asesoramiento. Ella y su marido cultivan arroz, yuca y anacardos orgánicos en su finca. Ha sido un largo camino, y Sokhom ha aprendido a cultivar en medio de la incertidumbre. Aunque los riesgos persisten, ahora Sokhom tiene algo que antes no tenía: tiempo para actuar.
A través de las redes sociales y de una aplicación móvil llamada Chamka disponible a nivel local, se envían a los agricultores boletines del Servicio Agrometeorológico de Camboya en los que se combina la previsión de las precipitaciones con asesoramiento práctico: cuándo regar y cuándo esperar. Esta vez, Sokhom supo con 10 días de antelación que no llovería y se preparó para ello.
“Nos aconsejaron cerrar los diques de los campos y almacenar agua hasta una cierta altura. Ahora, los campos con diques adecuados tienen menos maleza, lo que reduce notablemente las pérdidas”, explica Sokhom.
El acceso a la información de alerta temprana ha cambiado la forma que tiene de prepararse para la sequía y responder a ella, por ejemplo, la manera en que gestiona el agua. En campañas anteriores, Sokhom cosechaba sin saber si se avecinaban precipitaciones intensas, lo que ponía en riesgo el arroz recién cosechado. Ahora espera.
“El arroz se empapaba y nos costaba mucho secarlo”, afirma. “Ahora, al saber cuándo se esperan lluvias, puedo esperar antes de cosechar. Hace todo mucho más fácil.”
Análisis de la sequía desde el espacio
A nivel nacional, los datos ofrecen un panorama más amplio: dónde golpeará la sequía, qué cultivos y qué zonas se encuentran más expuestos y a dónde debería dirigirse el apoyo. A partir de datos satelitales, el Sistema del índice de estrés agrícola ayuda a convertir la información en medidas, vinculando el seguimiento de la sequía con las decisiones sobre el terreno.
“Al realizar un seguimiento del estrés ocasionado por la sequía en las tierras de cultivo, el sistema da a los gobiernos y a los agricultores tiempo para proteger los medios de vida, salvaguardar los suministros alimentarios y actuar antes de que las pérdidas sean irreversibles”, afirma Jorge Alvar-Beltrán, Oficial de recursos naturales de la FAO.
La FAO está ayudando a distintos países de América Latina y Asia a adaptar el sistema a sus propios cultivos y calendarios de cultivo, de modo que las sequías puedan detectarse antes y puedan adoptarse medidas para afrontar situaciones de urgencia donde más se necesitan. Más de 10 países ya cuentan con este sistema a nivel nacional.
Las enseñanzas van más allá de El Niño. Los mismos instrumentos también ayudan a los agricultores a adaptarse a un clima cambiante. El sistema no solo previene las pérdidas de hoy, sino que también ayuda a los agricultores a resistir a los fenómenos climáticos extremos de mañana.
La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/story/when-el-nino-brings-drought-every-minute-counts/es.