Por Federico CuƩ Barberena
Por primera vez en la historia del paĆs sudamericano, todos los mayores de edad estĆ”n habilitados y obligados a votar en unos comicios presidenciales. Este sistema empuja a asistir a las urnas a ciudadanos que no suelen estar interesados o rechazan la polĆtica. SegĆŗn encuestas, son mĆ”s volĆ”tiles y acostumbran definir su voto a Ćŗltimo momento, mĆ”s allĆ” de una mayor inclinación a la derecha. Su inclusión dispara la participación y alimenta interrogantes sobre el resultado de la elección.
Si anticipar el resultado de una elección presidencial es, de por sĆ, todo un desafĆo, la tarea puede resultar aĆŗn mĆ”s complicada frente a un escenario nuevo como el que enfrentaĀ Chile. Y es que el paĆs andino estrenarĆ” comicios presidenciales con voto obligatorio y registro automĆ”tico, lo que significa que,Ā por primera vez en la historia, todos los mayores de edad estĆ”n obligados por ley a votar para elegir al próximo mandatario.
La obligatoriedad del voto no es una novedad. De hecho estaba consagrada en la Constitución de 1925 y, con el regreso a la democracia en 1990 tras la dictadura de Augusto Pinochet, fue reinstaurada, aunque solo para aquellos que se registraran, un proceso que era opcional.
En 2012, el paĆs pasó a un mecanismo de voto voluntario, pero con inscripción automĆ”tica. Es decir, todos los mayores de edad estaban habilitados para sufragar, pero podĆan optar por no hacerlo.
Javiera Arce, magĆster en Ciencia PolĆtica, seƱala a France 24 queĀ ese sistema llevó a “una crisis de participación electoral”, con comicios presidenciales “con menos de un 50% de participación”,Ā lo que se traduce en “una crisis de legitimidad”Ā para el ganador. En ese escenario āaƱade la acadĆ©mica de la Universidad Católica de Chile y la University College of Londonā, la asistencia a las urnas tambiĆ©n estaba supeditada “al nivel socioeconómico y de escolaridad”. “Cuando analizas los datos, la participación era mucho menor en las comunas y territorios mĆ”s pobres”, remarca.
Tras una dĆ©cada de sufragio opcional,Ā el voto obligatorio con registro automĆ”tico se instauró de cara al debate por la redacción de una nueva Carta Magna, un cambio fundamental para la nación que requerĆa garantizar una amplio consenso social.
El efecto inmediato fue un salto en la participación hasta alrededor del 85% en los referendos constitucionales de 2022 y 2023, que se saldaron con el rechazo a las dos propuestas de texto, tanto a la primera versión de corte progresista y respaldada por el gobierno de Gabriel Boric, como a la segunda, de tendencia mÔs derechista.
¿CuÔl es el perfil del votante obligado?
Frente a este nuevo escenario, analistas de la opinión pĆŗblica intentan descifrar las tendencias que podrĆan seguir estos votantes que se incorporan de manera obligada a la elección presidencial.
En ese sentido, el Panel Ciudadano de la Universidad de Desarrollo (UDD) ha presentado encuestas en las que distingue entre el votante habitual y el obligado, guiÔndose por las preferencias de una muestra cautiva de 3.200 personas, a las que siguen en el tiempo y hacen las mismas preguntas de manera regular.
En su Ćŗltimo sondeo antes de la veda electoral, a finales de octubre, el estudio mostró, como lo venĆa haciendo, queĀ el votante obligado tiende a inclinarse por apoyar a candidatos opositores al gobierno de BoricĀ (y a la candidata oficialista,Ā Jeannette Jara), siendo el ultraderechistaĀ JosĆ© Antonio KastĀ el aspirante con mayor intención de voto.
Pensando en el perfil de los sufragantes obligados, Javiera Arce sostiene queĀ “en su gran mayorĆa es un votante masculino, que no es del Ć”rea metropolitana sino de otras otras regiones del paĆs”, por lo que puede ser “una persona mĆ”s conservadora, que no tiene la habitualidad de informarse o que incluso le molesta ir a votar”.
Por su parte, Rodrigo Medel Sierralta, sociólogo y politólogo de la Universidad de Chile, advierte que “el votante obligado no es una unidad sociológicamente homogĆ©nea”, pero “en un esfuerzo de simplificarĀ podemos extraer por lo menos dos tipos de ciudadanos” en ese grupo.
En el primer caso, explica a este medio, estĆ” elĀ “votante retraĆdo”Ā que “esĀ aquel que no le interesa ni se informa de polĆtica, rechaza a la clase polĆtica en su conjunto y no estaba votandoĀ en ninguna de las elecciones ni salĆa a protestar”.
“Muchos de ellos es la primera vez que van a votar por un presidente.Ā Es un votante muy difĆcil de capturar porque no se mueve en el eje tradicional de izquierda a derecha, estĆ” lejos de los partidos y de la polĆtica, no se siente cercano a ningĆŗn candidato. PodrĆamos pensar queĀ es un ciudadano mĆ”s proclive a ser seducido por discursos antipolĆticos, anti-establishment, de corte mĆ”s populista“, detalla.
Para Medel Sierralta, hay un segundo tipo de elector obligado que “esĀ el votante que se venĆa politizando desde las calles en Chile“, un proceso que “comenzó en el 2006 con la movilización de estudiantes secundarios y tuvo su punto culmine para la Ć©poca del estallido social” de 2019. “Es un ciudadano que se estaba movilizando, que sĆ se identifica con el eje izquierda-derecha pero que no creĆa en los partidosĀ o las instituciones polĆticas. Ese tambiĆ©n estĆ” entrando y tiene una expresión, principalmente mĆ”s vinculada a la izquierda”, completa.
En tĆ©rminos de impacto, el sociólogo advierte que, de los dos grupos mencionados, el “votante obligado retraĆdo genera mĆ”s, son muchos”, y representarĆan “entre un 25 y un 30%” del padrón electoral.
El voto extranjero, Āæotro factor influyente?Ā
Dentro de los nuevos votantes incorporados al padrón para estas elecciones presidenciales, alrededor de 100.000 son inmigrantes, elevando a casi 900.000 los extranjeros habilitados para elegir al próximo mandatario, según el Servicio Electoral de Chile (Servel).
Se ven beneficiados por una legislación laxa que es muy poco habitual en el mundo.Ā Los extranjeros no nacionalizados que lleven mĆ”s de cinco aƱos viviendo en Chile son autorizados de manera automĆ”tica a votar en cualquier tipo de elección, sin importar si tienen visa de residencia definitiva o temporal. Es un derecho consagrado en la Constitución instaurada durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973 – 1990), que apuntaba a reconocer a los migrantes europeos de inicios de siglo que no querĆan nacionalizarse para mantener sus vĆnculos con sus paĆses de origen.
Hoy en dĆa, con cerca de 1,6 millones de extranjeros en el paĆs (un 9% de la población, el doble que en 2017, un crecimiento inĆ©dito impulsado por la numerosa llegada de migrantes venezolanos), la cuestión del voto extranjero ha causado debate en la polĆtica chilena. En estos comicios presidenciales,Ā si bien el sufragio tambiĆ©n es obligatorio para los no chilenos, estos estĆ”n exentos de la multa económica por no votar, que puede llegar a rondar los 100 dólares. Mientras que a partir de 2026, los extranjeros tendrĆ”n que acreditar diez aƱos de residencia para poder acudir a las urnas.
En este contexto,Ā casi un cuarto de los votantes extranjeros son personas que han huido deĀ VenezuelaĀ por la profunda crisis polĆtica, social y económica bajo el mando deĀ NicolĆ”s Maduro. De ahĆ que los sondeos indiquen que se inclinan a rechazar propuestas de izquierda (que asocian al socialismo venezolano) y muestren preferencia por candidatos de derecha (con el ultra JosĆ© Antonio Kast a la cabeza), aunque algunos promuevan discursos estigmatizantes hacia las personas migrantes.
“Lo que muestran los datos es que, en general,Ā el votante venezolano sobre todo es de derecha y posiblemente de una de tipo radicalĀ āexplica Medel Sierraltaā. Ellos tienen terror a que la izquierda avance como en Venezuela porque justamente son quienes se fueron producto de la situación allĆ””.
Al respecto, Javiera Arce aƱade que “muchos de los venezolanos vienen con el trauma de lo que ocurrió en su paĆsĀ y, entonces, (la candidata oficialista) Jeannette Jara es vista en parte como la enemiga, como alguien que va a instalar el socialismo y que es igual a todo el proyecto chavista y madurista”. No obstante, considera la politóloga,Ā “hay un poco de mito, no estoy tan segura de que todos los venezolanos sean votantes de derechas”Ā y, ademĆ”s,Ā “tampoco tenemos la certeza de cuĆ”ntos van a movilizarse a votar”, considerando que no sufren la penalización económica por ausentarse.
El sufragio obligatorio alimenta la incertidumbre
MÔs allÔ de las tendencias y anÔlisis, los expertos coinciden en que, ante todo, el voto obligatorio añade una incertidumbre inédita para una carrera presidencial chilena, alimentada en parte por la volatilidad de los nuevos electores.
En una columna publicada en el sitio web Ex-Ante, el gerente general de Panel Ciudadano-UDD, Juan Pablo LavĆn sostuvo queĀ “el verdadero enigma de esta elección” es el comportamiento del votante obligado en las dos semanas previas a los comiciosĀ porque “son los menos consistentes en sus preferencias, los menos ideológicos y, paradójicamente, los mĆ”s decisivos. No votan por lealtad ni por identidad, sino por lo que les hace mĆ”s sentido en este momento”.
Medel Sierralta coincide en que “en el voto voluntario, era un poco mĆ”s fĆ”cil predecir quiĆ©n iba a ser el presidenteĀ toda vez que el riesgo de selección era menos fuerte”. Esto ha supuesto tambiĆ©n un desafĆo para las encuestadoras porque “es mĆ”s difĆcil llegar a este votante retraĆdo”, ya que los sondeos demandan tiempo y “las preguntas no son fĆ”ciles de responder”.
Otra de las incógnitas pasa por cuĆ”ntos de los votantes obligados optarĆ”n por impugnar sus papeletas o emitirlas en blanco. En 2024,Ā los comicios regionales, la primera votación de cargos electivos con sufragio obligatorio, mostró una tasa de votos nulos y en blanco que, en algunas categorĆas y comunas, llegó al 20%.
Aunque sostiene que “en la presidencial no creo que haya niveles tan altos de nulos y blancos” porque “hay mĆ”s información” e “identificación” con los candidatos, Javiera Arce apunta queĀ “encuestadoras plantean que hay niveles de incertidumbre grandes, que todavĆa tenemos alrededor de un 20% de indecisos”.
Esa cifra presenta, entre otros,Ā la Ćŗltima publicación del Centro de Estudios PĆŗblicos (CEP)Ā antes de la veda electoral que rige 15 dĆas antes de los comicios. En Ć©l, describe a los indecisos como personas que “tienen menor probabilidad de estar interesados en la polĆtica, o de confiar en el proceso electoral”. Y aunque destaca que “es un grupo altamente heterogĆ©neo”, en general se trata deĀ “mujeres, adultos mayores, esencialmente residentes de sectores urbanos, sin pareja y con menor probabilidad de tener ingresos altos”.
De este grupo, que suele definir su voto a último momento, puede depender el resultado de una elección presidencial histórica, que convocarÔ al mayor número de votantes en la historia de Chile.