Aliados bávaros redoblan la presión sobre Merkel por refugiados

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Días después de que los populistas de derechas encadenaran un nuevo éxito electoral en Alemania con su discurso antiinmigración, los aliados bávaros de la Unión Social Cristiana (CSU) redoblaron la presión sobre la canciller Angela Merkel para que endurezca la política de refugiados y encajaron airadas protestas.

“En el futuro, la prioridad debe ser otorgada a los inmigrantes de nuestra cultura occidental y cristiana”, reza un catálogo de demandas elaborado por los socialcristianos para una reunión que celebrará la cúpula del partido este fin de semana.

“Un Estado debe decidir por sí mismo a quién recibe, no los inmigrantes”, sostiene la CSU, que gobierna el estado federado de Baviera, por el cual el año pasado ingresaron casi un millón de refugiados a Alemania.

La hermana bávara de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel propuso que se limite a 200.000 el número de refugiados que sean acogidos por año en Alemania y demandó que se prohíba el velo que cubre la cara de las mujeres musulmanas.

El documento preparatorio para la cita de mañana y el sábado también exige que sea abolida la doble nacionalidad y se aceleren las deportaciones de los solicitantes a quienes se denegó el asilo.

Además, pide al gobierno la creación de “zonas de tránsito” a lo largo de la frontera alemana, algo que viene solicitando desde el año pasado, para impedir el ingreso de quienes no cumplan los requisitos para solicitar asilo.

El socio menor de la coalición de Merkel, el Partido Socialdemócrata (SPD) y los opositores Verdes reaccionaron con fuertes críticas. La CSU quiere “limar los derechos básicos”, se indignó el vicepresidente socialdemócrata Ralf Stegner en la red social Twitter.

“Esto le va a gustar a Höcke & Co”, señaló en alusión al provocador político de la populista Alternativa para Alemania (AfD) Björn Höcke.

“(El presidente Horst) Seehofer quiere convertir a la CSU en hermana bávara de la AfD. Las propuestas son “la instigación populista de derechas más pura”, se quejó. “La CSU deja atrás a la sociedad libre y los derechos de la Constitución”.

También en la CDU de Merkel se elevaron voces críticas. “Todos tienen derecho a venir aquí si son verdaderamente refugiados y si vienen de una región amenazada”, opinó el vicejefe del grupo parlamentario democristiano, Michael Fuchs. en declaraciones a la televisora n-tv.

No importa si alguien de Aleppo es sirio o yazidí, musulmán o cristiano. “Tenemos que ayudar a cada uno, es así de sencillo. Y es lo que vamos a seguir haciendo”.

“Alemania tiene que seguir siendo Alemania”, exige la CSU y hace hincapié: “Estamos en contra de que nuestro país abierto al mundo se transforme por la inmigración o los flujos de refugiados. No somos nosotros los que debemos adaptarnos a los inmigrantes sino al revés”.

El burka es “un uniforme del islamismo (…) Quien no esté dispuesta a prescindir del burka y del niqab debería buscarse otro país para vivir”, consta en el documento, que será sometido a la votación de los máximos dirigentes socialcristianos. “El velo no será aceptado ni en la administración pública ni en la Justicia”.

La CSU renovó esta semana sus ataques hacia Merkel por la política de refugiados después de que la CDU de la mandataria sufriera una amarga derrota en las elecciones regionales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y fuese superada por primera vez por los populistas de derechas de Alternativa para Alemania.

La canciller, por su parte, defendió nuevamente la decisión de abrir las fronteras hace un año a los refugiados y se mostró confiada en que Alemania podrá integrar a cerca de un millón de personas que llegaron únicamente el año pasado en busca de una vida segura y mejor.

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