San José, 25 may (elmundo.cr) – Costa Rica recibe millones de turistas al año, pero no todos generan el mismo impacto económico. Esa es la premisa central que Carlos José Pardo, Gerente General de Visa Costa Rica, reveló en conversación con ELMUNDO a partir de los datos de Visa Consulting & Analytics, una herramienta de inteligencia que está redefiniendo la forma en que el país entiende y gestiona su industria turística.
Calidad sobre cantidad
“Más que medir cuántos turistas llegan al país, la inteligencia de datos permite identificar qué tipo de viajero genera mayor impacto para la economía costarricense”, afirma Pardo. Según el ejecutivo, variables como el origen del visitante, la duración de su estadía, sus tendencias de consumo y las categorías en las que gasta son determinantes para identificar los segmentos de mayor valor económico.
A lo largo de 2025, el análisis identificó los principales corredores internacionales hacia Costa Rica, liderados por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, Suiza, Panamá, México, España y Guatemala, con picos de actividad especialmente relevantes durante julio y diciembre.
Un hallazgo sobresaliente: “Los turistas provenientes de Alemania registraron la estadía promedio más larga, con 16 días, lo que incrementa naturalmente su contribución económica al país”, señala Pardo. La conclusión es clara: “El crecimiento turístico ya no debe medirse únicamente por volumen de llegadas, sino por la calidad del visitante, su nivel de consumo y su capacidad de generar desarrollo económico local, especialmente en un país donde el turismo representa cerca del 8% del PIB.”
Guanacaste, imán del turismo afluente
Los datos también revelan dónde se concentra el turismo de mayor poder adquisitivo. “En 2025, el turismo afluente internacional mostró una concentración significativa en Guanacaste, donde el 35% de estos visitantes realizó transacciones, en comparación con cerca del 20% del turismo masivo”, explica el gerente de Visa Costa Rica.
Sin embargo, Pardo advierte que este fenómeno plantea un reto estratégico: lograr que el turismo de mayor gasto se distribuya de forma más equilibrada hacia otras regiones del país. “Esa es precisamente la oportunidad que abre la inteligencia de datos: convertir la información en decisiones accionables”, sostiene.
El viajero que consume como local
El perfil del turista también está cambiando en sus hábitos de pago. Durante Semana Santa de 2026, los pagos sin contacto crecieron cerca de un 30% tanto en transacciones domésticas como internacionales. “El viajero prioriza inmediatez, facilidad y confianza en cada interacción”, señala Pardo, quien destaca que la penetración de pagos sin contacto en Costa Rica supera el 90%, lo que posiciona al país con la infraestructura necesaria para responder a las expectativas del turista moderno.
Además, el crecimiento cercano al 30% en categorías como restaurantes, supermercados y comida rápida evidencia una tendencia relevante. “Esto habla de un viajero más conectado con el destino, que consume como un local y genera un impacto más distribuido”, apunta el ejecutivo.
Un turismo medible en tiempo real
Uno de los aportes más significativos de los pagos digitales es la capacidad de medir el impacto económico del turismo con una precisión antes imposible. “A diferencia de los indicadores tradicionales, esta data permite observar en tiempo casi real dónde ocurre el gasto, en qué sectores y con qué intensidad”, explica Pardo.
Durante Semana Santa de 2026, el crecimiento de más del 25% en transacciones transfronterizas evidenció no solo una mayor llegada de turistas, sino también un aumento directo en la actividad económica en sectores como comercio, alimentos y servicios. Asimismo, el incremento cercano al 25% en transacciones domésticas fuera de las principales áreas metropolitanas permitió medir cómo el turismo interno contribuye a dinamizar economías locales en distintas regiones del país.
Una hoja de ruta para crecer mejor
A partir de estos hallazgos, Pardo traza una hoja de ruta para el sector público y privado. “Tanto el sector público como el privado pueden apoyarse en esta inteligencia para tomar decisiones más precisas: desde el desarrollo de nuevos destinos y productos turísticos, hasta la inversión en infraestructura y digitalización en zonas con alto potencial de crecimiento”, afirma.
El mensaje final del ejecutivo es contundente: “El reto hacia adelante no es crecer más, sino crecer mejor: con un turismo más inteligente, más distribuido y con mayor valor para el país.”

