Últimas noticias

Edicto

La economía costarricense en el 2018

San José, 5 ene (elmundo.cr) – En el 2018 el Banco Central de Costa Rica (BCCR) condujo su política monetaria y cambiaria en un contexto de marcada incertidumbre fiscal, de desaceleración económica y de mayor volatilidad financiera, aunado a un difícil entorno externo. Con la aprobación definitiva de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas a inicios de diciembre, la incertidumbre y volatilidad domésticas se redujeron y las perspectivas mejoraron.

La incertidumbre prevaleciente el año pasado se originó, en primera instancia, en el proceso electoral que se extendió hasta abril, y más adelante en las dificultades que se enfrentaron para lograr un acuerdo que contribuyera a restituir la sostenibilidad de las finanzas públicas en el mediano plazo.

Además, varios elementos externos tendieron a afectar el desempeño de la economía costarricense. Primero, el proceso gradual de normalización de la política monetaria en naciones avanzadas. Segundo, el incremento en los precios de materias primas, principalmente de hidrocarburos y que, en buena medida, explicó el deterioro de cerca de 3% en los términos de intercambio del país. Tercero, la disputa comercial entre China y Estados Unidos, que introdujo tensiones en los mercados financieros internacionales. Cuarto, la situación política y social en Nicaragua, que ha tenido un efecto negativo sobre el intercambio comercial de Costa Rica con el resto de la región centroamericana.

El clima de incertidumbre fiscal, los factores externos antes mencionados y, a partir de setiembre, la huelga en el sector público en contra del plan fiscal, resultaron en la posposición de decisiones de inversión y consumo y en la consecuente desaceleración económica, en la exigencia de mayores tasas de interés sobre la deuda del Gobierno, en una relativa dolarización del ahorro financiero y una marcada desaceleración en la colocación de crédito en el sector privado.

Del desempeño de la macroeconomía costarricense en el 2018 sobresale lo siguiente:

La inflación se ha mantenido baja y estable y ha estado contenida dentro del rango meta del Banco Central (de 2% a 4%). En noviembre la inflación general, medida con la variación de Índice de Precios al Consumidor, fue de 2,3% (en términos interanuales). Por su parte, la inflación subyacente, variable que refleja de mejor manera las presiones inflacionarias de demanda, se ubicó en 2,1% en ese mes. La información disponible a la fecha hace prever que la inflación general será cercana al 2% al cierre del 2018.

El crecimiento económico, medido por la variación interanual de la tendencia ciclo del producto interno bruto (PIB), se desaceleró en 2018, y registró al tercer trimestre una tasa de 2,1% (3,2% en igual lapso de 2017 y 2,8% como tasa media de los dos trimestres previos).

Según componentes del gasto, la desaceleración estuvo presente tanto en el consumo de los hogares como del Gobierno General, cuyos efectos fueron en parte compensados por el incremento en la demanda externa de bienes, particularmente de dispositivos médicos. La evolución del consumo de los hogares es coherente con el deterioro en la confianza del consumidor, el menor crecimiento del crédito al sector privado y la caída en los términos de intercambio, que directamente afecta el ingreso disponible de los hogares.

Por su parte, la desaceleración en el consumo público obedeció tanto a las medidas de contención del gasto por parte del Gobierno entrante como al efecto de la paralización parcial de actividades, principalmente en educación y salud, resultante de la huelga organizada por algunas organizaciones sindicales en oposición a la reforma fiscal. Las estimaciones disponibles a la fecha ubican el efecto negativo de estas protestas en alrededor de 0,3% del PIB en el 2018.

Así, con la información disponible a la fecha (incluyendo la estimación del efecto de la huelga y de los menores flujos de comercio hacia la región centroamericana), el Banco Central estima que el crecimiento anual del PIB este año rondará el 2,7%. Esta estimación continúa en revisión y su resultado será anunciado este mes con el Programa Macroeconómico 2019-2020.

En materia cambiaria se identifican tres episodios a lo largo del año. Un primer semestre con relativa estabilidad, en el tanto la oferta neta de divisas por parte del sector privado permitió atender los requerimientos del Sector Público no Bancario (SPNB). Entre julio y noviembre hubo presiones al alza en el tipo de cambio, en parte explicadas por un mercado privado estacionalmente menos superavitario, cuyo efecto fue reforzado por mayores requerimientos del SPNB y una relativa dolarización del ahorro financiero exacerbada por la incertidumbre en materia fiscal. Para diciembre el mercado cambiario mostró menor tensión, las expectativas de variación cambiaria corrigieron a la baja y el Banco Central pudo restituir en el mercado cambiario parte de las divisas vendidas al SPNB en meses previos.

Así, el nivel de RIN al 26 de diciembre último alcanzó USD 7.570 millones (equivalente a 12,5% del PIB). En términos de otras métricas, ese acervo equivale a poco más de seis meses de importaciones regulares y permitiría atender 2,7 veces el saldo de las obligaciones de corto plazo con el resto del mundo y un retiro de casi 33% del saldo de la liquidez en moneda nacional del sistema financiero. Este nivel de RIN, por tanto, se considera adecuado para enfrentar choques repentinos sobre los flujos de capital o los términos de intercambio u otros eventos que desencadenen presiones cambiarias excesivas.

Últimas noticias

Te puede interesar...