El hondureño que encontró un segundo hogar en Costa Rica
Tegucigalpa, Honduras. Cuando a Róger Rojas le mencionan Costa Rica, lo primero que piensa es en el pura vida. Describe al país como un lugar de gente amable, educada y cercana, que le devolvió la salud y la vida en el momento más crítico. “Siempre Costa Rica estará en mi corazón hasta que me muera, porque me operé ahí, todo salió bien, fue un éxito”, confiesa con la voz cargada de gratitud.
El exdelantero, hoy de 35 años, no oculta que en suelo costarricense no solo jugó al fútbol, también enfrentó la batalla más difícil de su vida: un trasplante de riñón que le permitió continuar al lado de su familia. “Soy hondureño, pero también siento que soy parte de Costa Rica. Mi esposa, mis hijos y yo amamos ese país. Es mi segundo hogar”, asegura.
El exdelantero catracho, a sus 35 años, hoy ve el fútbol profesional como un aficionado más. Juega de vez en cuando una mejenga. Y se dedica a ver talentos por las zonas rurales de honduras por medio de un proyecto que financia la FIFA. Además, comenta en un medio de comunicación en Tegucigalpa, capital de Honduras.
Cuatro horas del juego entre Olimpia – Cartaginés, conversó con ElMundo.CR en un centro comercial capitalino. Este es un extracto de una conversación en medio de un par de cafés antes de partir junto a su familia al Estadio Nacional Chelato Uclés.

El golpe más duro y la fuerza de la fe
La noticia llegó como un mazazo. Durante su paso por Puntarenas en 2022, tras sentir un cansancio inusual, los exámenes médicos confirmaron lo peor: sus riñones ya no funcionaban al 100%. El diagnóstico fue claro: debía dejar el fútbol y someterse a un trasplante.
“Eso lo cala a uno. Mi esposa lo sufrió mucho porque sabe el amor que le tengo al fútbol. Pero en ese momento le di amor y le dije: lo más importante es la salud. Dios sabe por qué pasa todo, y yo me voy a curar”.
El miedo no faltó, pero la fe fue más fuerte. Incluso en medio del dolor y la incertidumbre, Rojas recuerda haber mantenido la calma por sus hijos y por su esposa. “Por dentro yo decía: Dios mío, ¿qué hago ahora? Pero sabía que Dios tenía un propósito”.
El acto de amor de un hermano
La historia tomó un giro inesperado cuando su hermano Luis levantó la mano sin dudarlo. “Se tardó seis segundos en decirme que sí. Me dijo: no busqués a nadie más, yo quiero ayudarte. Ese es un acto de amor y de hermandad que habla muy bien de él y de la educación que nos dieron nuestros padres”.
El proceso fue largo. Durante un año, ambos se sometieron a estudios, exámenes y trámites migratorios en Costa Rica, hasta que finalmente la Caja Costarricense de Seguro Social los recibió en el hospital de Alajuela. “Siempre estaré agradecido con la CCSS, con los doctores, las enfermeras, todos los que nos cuidaron”.
El 24 de enero 2024 llegó el día de la cirugía. Internados en la misma habitación, oraron juntos antes de que Luis entrara primero al quirófano. En esos minutos de angustia, Rojas recibió un gesto que jamás olvidará: una enfermera liguista lo abrazó y le ofreció comunicarle a su esposa que todo iba a estar bien. “Eso me tranquilizó. Cuando ingresé, los doctores y enfermeras empezaron a decirme: Roger, lo amamos, los liguistas lo queremos. En ese momento grité: bendita la hora que vine a la Liga, y fue lo último que recordé antes de la anestesia”.
Al despertar, lo primero que preguntó fue por su hermano. Al verlo levantar el puño en señal de victoria, sintió que la vida volvía a empezar.
La pausa que transformó su vida
Tras el trasplante, Rojas dejó de lado la cancha, pero ganó algo aún más grande: una nueva manera de ver la vida. “Ahora disfruto cosas que antes dejaba para después: un café, un partido, el tiempo con mis padres y mis hijos. Antes era más acelerado, ahora vivo con más calma. Este trasplante me cambió por completo”.
El exdelantero, que debutó a los 18 años con Olimpia y se convirtió en su cuarto goleador histórico, que pasó por Necaxa, Al-Ettifaq y Sabah FC, y que en Costa Rica jugó para Cartaginés, Sporting, Puntarenas y Alajuelense, asegura que no guarda lamentos por haberse retirado: “Yo siempre di el 100% en cada equipo, en cada entrenamiento, y eso me deja en paz”.
La huella manuda
De todos los clubes en su carrera, Rojas guarda un cariño especial por Liga Deportiva Alajuelense. Allí vivió su mejor momento como goleador en el Clausura 2018, pero también recibió el afecto de una afición que lo acompañó en la sala de operaciones. “Mi estadía en Alajuela fue muy linda, el cariño de la gente es increíble. Hasta la fecha me siguen llegando mensajes. Dejamos esa semilla en el corazón del aficionado manudo, que es imposible de olvidar. Siempre seguiré siendo liguista”.
Hoy, Róger Rojas no corre detrás de un balón, pero su historia trasciende más allá de los goles. Es el relato de un hombre que enfrentó la vida con fe, encontró en Costa Rica un segundo hogar y que, segundos antes de someterse a una operación vital, lo resumió con una frase que lo marcó para siempre:
“Bendita la hora en la que llegué a La Liga”.