La era de Fernando “Bocha” Batista arranca este viernes.
Un nuevo proceso, nuevas decisiones… y un contexto que no es el habitual.
Porque mientras Costa Rica intenta reconstruirse tras la eliminación del Mundial 2026, su primer partido no se jugará en condiciones normales.
Ni siquiera en un ambiente típico de selección.
Un debut fuera de lo común
La Tricolor enfrentará a Jordania este viernes 27 de marzo en Antalya, Turquía.
El partido, programado para las 11:30 a. m. (hora de Costa Rica), marcará el inicio de un ciclo que llega con presión, cambios y señales claras desde el cuerpo técnico.
En lo deportivo, ya hay decisiones que llaman la atención.
Fernando Batista empieza a definir jerarquías, liderazgos y una base de grupo que deberá sostener el nuevo proceso.
Pero hay otro elemento que condiciona este debut.
Uno que no tiene que ver con la pizarra.
Un estadio… sin gente
El ambiente será distinto.
Silencioso.
Y poco habitual para un partido internacional.
Porque el juego entre Costa Rica y Jordania se disputará sin público.
La razón está fuera de la cancha
La decisión no es deportiva.
Es geopolítica.
El encuentro se jugará a puerta cerrada debido a la tensión que se vive en Oriente Medio, con el conflicto activo entre Estados Unidos e Israel contra Irán, y la respuesta de Irán y Hezbolá.
La situación en la región es considerada inestable.
Y por motivos de seguridad, se determinó no permitir el ingreso de aficionados.
En ese mismo estadio, incluso, se disputará a primera hora otro partido: Irán contra Nigeria.
Un contexto que marca el inicio
Los amistosos fueron trasladados a Turquía precisamente por este escenario.
Originalmente, los juegos estaban previstos en territorio jordano, pero el contexto obligó a mover toda la logística a una sede neutral.
Costa Rica también jugará el próximo martes 31 de marzo, en el cierre de esta fecha FIFA.
Más que un simple fogueo
Para la Sele, este no es un partido cualquiera.
Es el inicio de una nueva etapa.
Pero ese arranque llega con un detalle que no pasa desapercibido.
Sin público.
Sin ambiente.
Y con un escenario que recuerda que, a veces, el fútbol también queda expuesto a lo que ocurre fuera de la cancha.