Las declaraciones de Jafet Soto Molina contra la Comisión de Arbitraje y su presidente, Enrique Osses, tras el triunfo del Club Sport Herediano ante el Cartaginés, vuelven a encender una polémica que, a esta altura del torneo, parece más un desvío de atención que una crítica constructiva.
Soto, quien además de ser el técnico del equipo funge como presidente de Fuerza Herediana, tiene en sus manos prácticamente todas las decisiones deportivas y administrativas del club. No se mueve una contratación ni una salida sin su aprobación. Por eso, sus palabras pesan —y también se desgastan— cuando se repite el mismo libreto cada vez que el equipo atraviesa dificultades.
⚽ La realidad deportiva
El Herediano no está fuera de puestos de clasificación por culpa del arbitraje, como ha insinuado Soto.
Tampoco lo está por decisiones de Marianela Araya, Pablo Camacho o Keylor Herrera, los árbitros que el jerarca señaló públicamente tras el partido ante Cartaginés.
La razón es más sencilla y más interna: errores propios.
El equipo florense ha perdido y empatado partidos por fallas técnicas, tácticas y de manejo, tanto del cuerpo técnico como de los jugadores.
Además, el constante cambio de entrenadores ha impedido consolidar una idea de juego, afectando el rendimiento colectivo.
🗣️ El discurso recurrente
El patrón se repite: cuando el Herediano está contra las cuerdas en su intento por clasificar, Jafet busca trasladar el foco de la conversación hacia los árbitros o la Comisión de Arbitraje.
El problema es que ese discurso, más que fortalecer al equipo, lo victimiza y distrae de la autocrítica que debería asumir un club con la estructura y ambición que presume tener.
Las críticas públicas pueden tener su lugar cuando hay sustento, pero en este momento, resultan innecesarias y poco oportunas.
El Herediano no necesita presión al VAR ni acusaciones al aire; necesita fútbol, estabilidad y resultados.
🟡 Un espejo que no miente
El equipo florense se encuentra séptimo en la tabla, luchando por un cupo entre los cuatro mejores.
Los números no reflejan una conspiración arbitral, sino una temporada irregular, marcada por decisiones apresuradas, cambios de timón y rendimientos individuales por debajo de lo esperado.
Jafet Soto, más que lanzar advertencias o presionar árbitros, debería enfocarse en corregir lo que sí está bajo su control: el funcionamiento del equipo que él mismo dirige y administra.
Porque si algo está claro es que, a esta altura, la hablada de Jafet sobre el arbitraje es innecesaria.