Alajuelense emprendió una quijotada contra la FIFA que, por cierto, aún no ha terminado. Considero que su decisión fue valiente.
Costa Rica es un país que, si bien es futbolero, con experiencia en mundiales y protagonista en Brasil 2014, no tiene un peso relevante en las decisiones que se toman en las altas esferas políticas del ente mundial.
Además, no podemos dejar de lado dos aspectos clave en este contexto: Los manudos iniciaron esta batalla solos, en medio de las burlas de sus rivales en el país, quienes el pasado 21 de marzo —con el anuncio de la FIFA de separar a León del Mundial de Clubes 2025— vieron apagarse su sonrisa. Sin duda, los liguistas lograron un gran triunfo en la mesa.
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Me parece que aquí es donde Alajuelense debe darse por ganador en dos aspectos.
Primero, no podemos obviar que ha puesto al planeta fútbol entero de cabeza. La caída de León fue, por ahora, una noticia global, y la razón detrás de la decisión de la FIFA lleva un nombre: Alajuelense. Desde entonces, las redes sociales del club ubicado entre El Llano y Turrúcares de Alajuela han superado los 25 millones de visualizaciones. Es decir, millones de personas en el mundo se han hecho una pregunta razonable: ¿Cuál es ese equipo que logró tal cosa?
Segundo, logró que el fútbol mexicano entendiera que la ilegalidad en la que ha vivido durante décadas es nociva. Su poderío económico no es suficiente para violar los reglamentos que rigen las competiciones y que están para respetarse. Esto es relevante: un equipo costarricense ha sido el que le plantó cara a las poderosas familias mexicanas que dominan su fútbol y les dijo: “Lo están haciendo mal”.
Desde mi punto de vista, con esto los manudos pueden darse por ganadores. Otros dirán: ¡Estás loco! Ganarán si van al Mundial de Clubes.
No lo veo así, porque ese siguiente paso podría ser, sin duda, el más corrupto por definirse.
Aquí es donde entra el reglamento del Mundial de Clubes, que puede ser interpretado a conveniencia.
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A conveniencia de cuántos millones se pierden si se le da el espacio a un equipo de Costa Rica, un país de apenas seis millones de habitantes, cuya presencia migrante en Estados Unidos es insignificante en comparación con la mexicana.
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A conveniencia de nombrar a otro equipo estadounidense, solo para evitarle a FIFA el problema de reconocer por completo la razón que ha tenido Alajuelense en todo este proceso.
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A conveniencia de elegir a un club de otra confederación, uno que garantice grandes ingresos de taquilla y visibilidad mediática.
Alajuelense, el fútbol costarricense, Grupo Pachuca (León y Pachuca), el fútbol mexicano y el mundo entero esperan lo que podría ser la decisión más importante de un partido que se juega en la mesa desde el 18 de noviembre de 2024, cuando Alajuelense inició este proceso.
En este camino, la dirigencia manuda ha estado completamente sola. En Costa Rica, todos se mantuvieron al margen, limitándose a un apoyo moral. Después del batacazo, el presidente de la Concacaf cometió el error de apoyar públicamente al León, y Rodolfo Villalobos, el único tico con poder en las esferas políticas del fútbol, se privó de respaldar esta lucha por el fútbol costarricense. No podía contradecir al presidente de la Concacaf, pues eso podría afectarlo en futuros nombramientos o favores.
Pero de Rodolfo Villalobos hablaremos esta semana.
Alajuelense, en este momento, puede darse por ganador. Lo que ya sucedió fue un golpe humillante para la FIFA, y la decisión que falta podría ser hasta una revancha por el atrevimiento de un equipo costarricense que exigió la integridad deportiva que el fútbol merece.
Felicitaciones a la dirigencia liguista y a su presidente. Esta lucha fue tan trascendental que incluso obligó a sus opositores internos a reconocerlos y respaldarlos, aunque, antes del 25 de marzo, habían guardado silencio, quizás a la espera de un tropiezo ante la FIFA.
Ahora, la dirigencia debe enfocarse en ajustar la disciplina interna con miras al campeonato nacional en mayo. Aunque el desenlace depende principalmente de Guimaraes y sus jugadores, los dirigentes, si bien no juegan, sí toman decisiones clave que pueden marcar la diferencia.
La Liga ya ganó.