La oportunidad estaba ahí.
Pero hoy vuelve a quedar en duda.
Fidel Escobar atraviesa un momento delicado en su carrera, justo cuando el Mundial 2026 aparece en el horizonte. El defensor de Deportivo Saprissa no solo lucha por recuperar continuidad tras una lesión lumbar que lo alejó de las canchas durante tres meses, sino que ahora enfrenta una suspensión que complica aún más su panorama.
El contexto es exigente.
Y el margen es cada vez menor.
El técnico de Panamá, Thomas Christiansen, ya había sido claro: necesita regularidad. El zaguero apenas logró sumar minutos en tres partidos tras su regreso, en un intento por volver a ritmo competitivo. Sin embargo, la sanción de tres encuentros lo vuelve a frenar en seco, justo en la antesala de las semifinales del torneo.
Un riesgo deportivo inmediato
La situación no es menor.
Si Saprissa no logra avanzar en la serie ante Liberia, el calendario de Escobar se reduce aún más. Menos partidos, menos exposición y menos argumentos para sostener un lugar en la lista final rumbo al Mundial. En ese escenario, cada minuto cuenta, y perder tres juegos en este tramo puede resultar determinante.
El problema no es solo la sanción.
Es el momento en que llega.
Escobar necesita competir, sumar ritmo y demostrar que está en condiciones físicas para asumir un torneo de máxima exigencia. Sin embargo, la suspensión lo aleja nuevamente de la cancha cuando más lo necesita.
El impacto económico
El escenario también tiene una lectura fuera de lo deportivo.
Si el defensor no logra meterse en la convocatoria mundialista, Saprissa dejaría de percibir una cifra importante. La FIFAdestina un monto cercano a los 200 millones de colones por cada jugador que participa en la Copa del Mundo, como parte del programa de beneficios a clubes.
Es dinero que, en un contexto financiero exigente, marca diferencia.
Pero para eso, primero debe estar en la lista.
Una carrera contra el tiempo
Escobar no parte de cero.
Tiene experiencia internacional y ha sido un jugador habitual en procesos anteriores.
Sin embargo, el fútbol no se sostiene en el pasado. Se mide en el presente. Y hoy ese presente está condicionado por una lesión reciente, falta de continuidad y una sanción que llega en el peor momento.
La carrera hacia el Mundial sigue abierta.
Pero ya no es tan clara como antes.
Y en ese camino, cada decisión —dentro y fuera de la cancha— pesa más de lo que parece.