La historia se repite.
Y cada semana pesa más.
Liga Deportiva Alajuelense suma un nuevo capítulo a una temporada marcada por las lesiones. Esta vez, el afectado es Isaac Badilla, quien se une a una lista que ya preocupa dentro y fuera del club. El parte médico confirma lo que nadie quería leer: una ruptura completa del ligamento de Lisfranc, ubicado en el empeine del pie.
El club informó que el jugador deberá ser intervenido quirúrgicamente en los próximos días. A partir de ahí, su tiempo de recuperación dependerá de la evolución. No hay plazos concretos, pero sí una certeza: es una baja sensible en un momento crítico del torneo.
Badilla no es un caso aislado.
Es parte de un patrón que empieza a encender alarmas.
En la enfermería rojinegra ya están nombres de peso como Santiago van der Putten, Marco Pilone y Guillermo Villalobos, todos con rupturas de ligamento cruzado anterior. Tres lesiones graves que, por sí solas, ya serían motivo de preocupación. Pero el problema no termina ahí.
A ese escenario se suma una seguidilla de lesiones musculares en los últimos cuatro meses. Un desgaste constante que ha impedido al equipo sostener una base estable. La sensación es clara: el plantel nunca ha estado completo.

Las preguntas comienzan a aparecer.
Y no solo desde la grada.
¿Por qué un equipo con herramientas de alto nivel en preparación física y recuperación médica atraviesa una situación así? ¿Qué está fallando en la gestión de cargas? Son interrogantes que, de momento, no tienen respuesta pública, pero que forman parte del debate interno y externo.
Mientras tanto, Alajuelense sigue compitiendo.
Pero lo hace condicionado.
Con cada baja, el margen se reduce. Con cada lesión, el proyecto pierde consistencia. Y en un torneo donde los detalles marcan diferencias, la acumulación de ausencias termina siendo un factor determinante.
La pesadilla no se detiene.
Y en la Liga, ya no es coincidencia.