Por Ignacio Naya (dpa)
Santiago de Chile, 30 jun (dpa) – El título de la Copa América es, más que un sueño, una cuestión de orgullo nacional en Chile. Por eso, la mayor dificultad para el equipo anfitrión antes de la final del sábado será controlar la ansiedad.
La selección chilena pretende romper con una historia perdedora en el fútbol, donde nunca ganó un gran campeonato. Dos veces llegó a la final del torneo continental, pero en las dos cayó derrotada. Otras dos veces más fue subcampeona, pero cuando el certamen se jugaba en formato de liga.
No sorprende, por tanto, que la presidente chilena, Michelle Bachelet, calificara la victoria del lunes por 2-1 ante Perú en semifinales como una “jornada histórica”. Amante del fútbol, la mandataria ha asistido a todos los partidos del equipo en el Estadio Nacional de Santiago.
Los jugadores son conscientes del momento y del peso que recae sobre sus espaldas. “Estamos felices por la hinchada, por el país, por nosotros”, dijo Mauricio Isla, que responde sin titubear cuando se le preguntó si el duelo del sábado será el más importante de su vida: “Sí, claro, no siempre se juega una final”.
De hecho, son pocos los jugadores de la “Roja” que disputaron partidos de ese calibre. Arturo Vidal fue este año el primer chileno en jugar el último partido de la Liga de Campeones europea.
“La motivación en una final ya está garantizada”, advirtió Sebastián Beccacece, ayudante del seleccionador local, Jorge Sampaoli. “Lo que sí hay que administrar muy bien son ciertos temores, ciertas sensaciones de ansiedad, son emociones muy altas”.
Esas emociones son por las que suspira un país necesitado de héroes. Un país que, en aras del triunfo deportivo, no dudó en apoyar la decisión de su técnico de perdonar el escándalo causado por Vidal, detenido en mitad de la Copa por provocar un accidente mientras conducía ebrio.
“Sampaoli se inclinó por el resultado”, dijo el ex futbolista argentino Mario Kempes en una entrevista con el diario “La Tercera”. “Es un jugador importante y por eso le aceptan el perdón”, agregó el campeón mundial de 1978.
La selección vive en su búnker de Juan Pinto Durán en Santiago, pero no es ajena a lo que pasa afuera. Y afuera, sobre todo más allá de las fronteras chilenas, la sospecha de favores a los locales se adueñó de un torneo manejado por una de las organizaciones futbolísticas más opacas del mundo, la Conmebol.
Todos buscan el modo de presionar e influir, pero la forma de actuar del ente rector del fútbol sudamericano, muchos de cuyos dirigentes están acusados de recibir millones de dólares en sobornos en el escándalo del “FIFAGate”, no contribuye a la claridad.
“Esta es la Copa de la sospecha”, criticó el vicepresidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Rafael Fernández. “No creemos en la Comisión de Arbitrajes, no creemos en la Unidad de Disciplina, un día te dicen una cosa y a los cinco minutos te cambian”.
Uruguay perdió en cuartos de final ante Chile por 1-0 después de que su estrella, Edinson Cavani, fuera expulsado por una provocación del chileno Gonzalo Jara que el árbitro brasileño Sandro Ricci no vio.
La foto de Jara metiendo un dedo en el trasero al uruguayo dio la vuelta al mundo y la Conmebol no tuvo otro remedio que sancionarlo. Los tres partidos que le impuso en un principio fueron luego reducidos sorpresivamente a dos, siempre en medio de un manejo poco transparente.
“Yo no doy información”, dice el jefe del comité de apelación, Guillermo Saltos, cuando se le pide explicaciones. Pero tampoco lo hace el portavoz de la Conmebol, Néstor Benítez, que, cuando responde, suele hacerlo con un escueto “sin comentarios”.
Pese al escándalo, el brasileño Ricci fue designado para dirigir la segunda semifinal, lo que desató las suspicacias en Argentina. La explicación del jefe de los árbitros, el paraguayo Carlos Alarcón, fue que “no había otro”.
En ese clima, potenciado además por la ausencia inexplicada del presidente de la Conmebol, Juan Ángel Napout, prepara Chile la recta final de un torneo en el que tiene puestas todas las esperanzas de lograr al fin la gloria deportiva. Son días de ansiedad.
