El contraste no puede ser más brutal.
Hace apenas unos meses, Liga Deportiva Alajuelense lo ganaba todo. Dominaba en el plano local y regional, imponía condiciones y parecía haber encontrado la fórmula del éxito.
Hoy, el mismo equipo está al borde de un fracaso que duele.
Y que amenaza con ser total.
El Clausura 2026 se le escapa entre los dedos. Sin títulos. Sin respuestas. Y, lo más grave, con la posibilidad real de quedarse fuera de las semifinales.
Un escenario que no es habitual en la historia reciente del club, pero que empieza a tomar forma con crudeza.
Del dominio a la incertidumbre
La caída no fue inmediata.
Se habló de un periodo de ajuste tras el título. De una “resaca” natural del campeón. De un equipo que encontraría el rumbo en pocas jornadas.
No ocurrió.
El torneo avanzó y Alajuelense nunca terminó de encontrarse. Los puntos se escaparon, los partidos se empataron o se perdieron, y lo que parecía un bache se convirtió en una crisis sostenida.
Hoy, los números no mienten.
Con seis victorias, cinco empates y cinco derrotas, el equipo tiene un techo que lo deja dependiendo de otros. Ya no controla su destino. Ahora solo depende de ganarle a Puntarenas y de que Guadalupe le gane al Cartaginés. Algo poco probable.
Y eso, en un club de esta dimensión, es una señal de alarma.
Un equipo golpeado por todo
El problema no es uno solo.
Son varios.
El semestre estuvo marcado por episodios que golpearon la estabilidad del grupo. Situaciones extradeportivas, vinculadas a jugadores en actividades sociales con consumo de licor, terminaron por generar ruido en el entorno.
A eso se sumó un factor aún más determinante: las lesiones.
Alajuelense vivió una auténtica pesadilla física.
Las rupturas de ligamento cruzado de Guillermo Villalobos, Santiago van der Putten y Marco Pilone golpearon la estructura del equipo.
Pero no fueron casos aislados.
A lo largo del semestre se registraron al menos diez lesiones musculares, una cifra que enciende cualquier alerta en un club que cuenta con recursos de primer nivel en preparación física y recuperación.
El problema no es solo la cantidad.
Es la falta de respuestas.
La afición no ha recibido una explicación clara sobre por qué un plantel con herramientas de élite terminó tan golpeado.
Un déjà vu incómodo
El recuerdo aparece inevitable.
Para encontrar un antecedente similar hay que retroceder siete años, al Clausura 2019, cuando la Liga terminó fuera de las fases finales.
Aquel equipo también se perdió en resultados grises, en decisiones erráticas y en una enfermería saturada.
Hoy, la historia parece repetirse.
Con otro contexto. Con otros nombres. Pero con sensaciones idénticas.
Un equipo que no logra imponerse en casa.
Un grupo que nunca estuvo completo.
Un torneo que se va apagando sin reacción.
El golpe del clásico
Hasta hace pocos días, Alajuelense dependía de sí mismo.
El clásico era la bisagra.
Pero el empate 1-1 terminó de complicarlo todo.
Ahora, el equipo no solo necesita ganar.
Necesita ayuda.
Debe sumar de a tres en sus últimos dos partidos —ante Puntarenas y Liberia— y esperar combinaciones que le permitan alcanzar una clasificación que hoy luce lejana.
Una herida que duele más
Porque no es solo quedar fuera.
Es cómo se llega a ese punto.
Un semestre convulso.
Un vestuario golpeado.
Un rendimiento irregular.
Y una sensación general de que algo no funcionó.
El “Macho” Ramírez lo ha reconocido: el torneo no fue lo que esperaban.
Pero en Alajuelense, eso no alcanza.
El filo del fracaso
El fútbol no siempre da segundas oportunidades.
Y hoy, la Liga camina al borde del abismo.
De ganarlo todo… a quedarse sin nada.
Y, quizás, lo más doloroso para su gente:
ver las semifinales desde afuera.