Iñárritu voló al Oscar con «Birdman»

Alejandro G. Iñárritu
Alejandro G. Iñárritu

SEMBLANZA

Por María Luz Climent Mascarell (dpa)

Los Angeles/Madrid, 22 feb (dpa) – El salto sin red a la comedia amarga que Alejandro González Iñárritu dio con “Birdman” le reportó muchas alegrías al director mexicano, que culminaron hoy en forma de cuatro premios Oscar: mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor fotografía.

Tras haber desarrollado una carrera marcada por el drama, Iñárritu decidió desafiarse a sí mismo con una sátira sin contemplaciones sobre la fama y el ego de un actor (Michael Keaton) que busca desesperadamente el prestigio en los escenarios de Broadway en Nueva York y poder arrancarse de la piel esa fama que le dio haber sido un superhéroe en el cine.

“Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)”, que cuenta también con las actuaciones de Emma Stone (una hija drogadicta), Edward Norton (un actor engreído), Naomi Watts (una actriz insegura) y Zach Galifianakis (un productor calculador), es también una ácida reflexión sobre el ego, la sobredimensionada importancia de las redes sociales, así como de la crítica.

Y todo ello se presenta con el baterista Antonio Sánchez, también mexicano, que marca a ritmo de jazz los compases frenéticos y en ocasiones delirantes de una historia filmada como si fuera un plano secuencia, mérito del mexicano Emmanuel Lubezki, quien hoy se llevó su segunda estatuilla después de la de “Gravity”, del también mexicano Alfonso Cuarón, el año pasado.

La noche de los Oscar concluyó con cuatro galardones para el trabajo de “El Negro”, como llaman sus amigos al realizador mexicano, que pescó poco en los Bafta del cine británico y sólo se llevó dos Globo de Oro, pero sí consiguió el premio al mejor director del Sindicato de así y dos Independent Spirit Awards (mejor película y mejor actor).

Iñárritu, que hace un año ya cumplió los 50, llegó al cine tras hacerse un nombre en otras profesiones. Durante años tuvo un exitoso programa de radio y también conoció los aplausos con sus campañas publicitarias. Tan sólo ha rodado cinco largometrajes, pero todos han sido premiados en grandes festivales y han llegado a los Oscar de alguna forma.

Su debut, “Amores perros” -con el que descubrió para el gran público a Gael García Bernal- fue candidata a la estatuilla dorada como mejor película extranjera. El éxito de aquel desgarrador retrato de la Ciudad de México hizo que las estrellas de Hollywood no dudaran en ponerse a sus órdenes, y así Sean Penn, Naomi Watts y Benicio del Toro se sumaron a “21 gramos”, su segundo trabajo que también concurrió a los Oscar.

“Babel”, su tercer filme, optó a siete estatuillas, pero sólo Gustavo Santaolalla alzó una por la banda sonora. La película, ganadora en 2007 del Globo de Oro al mejor drama y con la que Iñárritu fue distiguido como director en Cannes, supuso el fin de su colaboración con Guillermo Arriaga, el escritor, guionista (y ahora también director) con quien había construido hasta entonces su cine a base de historias interconectadas.

La separación fue traumática, al menos así se aireó en público, pero Iñárritu siguió ahondando en el drama y se envolvió de puro dolor con una historia sin saltos espaciales: “Biutiful”, con la que Javier Bardem se alzó como mejor actor en Cannes y consiguió otra nominación a los Oscar como mejor protagonista.

En esa ocasión Iñárritu comenzó a colaborar con los guionistas argentinos Armando Bo y Nicolás Giacobone, con quienes repite ahora. A ellos se suma también en “Birdman” el estadunidense de origen cubano-puertorriqueño Alexander Dinelaris.

Si el año pasado en la ceremonia de los Oscar Alfonso Cuarón y su “Gravity” fueron los protagonistas, este año le tocó el turno a su “cuate” Alejandro González Iñárritu. A estas alturas Hollywood ya casi habla mexicano.

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